Una nueva salida dominical
porque todavía estamos al pie del cañón y los que nos mantenemos en casa
durante el verano, sin salir aun de vacaciones, tenemos aun ganitas de madrugar
y pegarnos una buena paliza para eliminar toxinas.
Este domingo la
participación fue baja, solo cuatro de los más intrépidos Nenazas tuvimos los
arrestos de salir en busca de los campos del sureste.
Así convocados a las 8 y
media de la mañana, con mucho sueño por trasnoches varios pero ahí estábamos
con poco miedo a los caminos que nos encontraríamos en la ruta.
El protagonista de la
jornada, como no lo era desde hace mucho tiempo, el Vaáamono por el que pasó la
ruta tanto a la ida de subida como a la vuelta bajando.
A la ida a buen ritmo, con
un pelotón compacto como pocos días, solo disgregado en la última rampa por los
tirones de los más fuertes.
Una vez en lo alto de este
camino nos dirigimos hacia la Cementera de Morata y el restaurante El Alto,
para cruzar la carretera M-311 en dirección al camino de la Boca de la Zorra.
Esa ruta da vueltas y más vueltas pareciendo que no acaba nunca porque tras
mucho rato dando a los pedales acabamos en la Vía Pecuaria muy cerca de la
Cementera de Morata.
Una vez en la Cañada la ruta
continuó hasta que fuimos a parar a la urbanización Valgrande, como en tantas y
tantas veces. Allí hicimos una breve parada para tomarnos el platanito,
rehidratarnos e incluso meternos bajo la fuente a refrescar alguna que otra
cabeza.
Urbanización Valgrande
Esas monturas
Pelotón
Fotos: Marqués
Fotos: Marqués
Después bajando por los
camino de la urbanización acabamos en la carretera M-302 para ir en busca de
nuestro siguiente destino, el casco urbano de Morata de Tajuña. En ese tramo
Paco se puso a tirar a bloque y tras é solo pudimos aguantar el Profe y
Marqués, Avispa quedó cortado y no tuvo más remedio que pedalear en solitario
hasta alcanzarnos una vez en este municipio. Si te descuelgas en carretera, lo
pagas.
Hicimos una nueva parada
para mitigar los calores en la fuente del pilón de Morata, donde sale el agua
fresquita por dos caños.
En la fuente de Morata
Foto: Avispa
En uno sale el agua continuamente
y según nos contaron es agua sin tratar, por el otro con un dispensador a modo
de grifo, agua tratada. Ya le conocéis, Marqués metió la cabeza en el abrevadero un par
de veces y bebió del grifo menos aconsejado, su estómago está vacunado con
bacterias de todo tipo que aguanta aguas sin cloro como si lo tuviera.
Un selfie en Morata
Foto: Avispa
Foto: Avispa
Ahí como el Profe estaba
caprichoso, se decidió que la subida la haríamos por las curvas de la M-313, la
carretera que va hacia Arganda del Rey, por donde terminaríamos de soltar las
toxinas que todavía quedaban en nuestros organismos.
En la subida el pelotón esta
vez sí que se estiró bastante, con Avispa y Paco por delante, tras ellos el
Profe y Marqués a cola de pelotón.
Solo nos quedaba coger el
camino del Piolín, para pasar junto a la gran cantera de Morata y bajar hasta
lo alto del camino Vaáamono, por donde haríamos la bajada como ya avanzaba al
principio de esta crónica.
Solo nos quedaba el tramo de
carretera hasta el Puente de Arganda, junto a las antenas de RNE, donde Paco
pagó los esfuerzos quedando un pelín retrasado al llegar al puente de hierro,
junto a las vías de Metro y la laguna de El Campillo.
Allí por delante la subida
por las calles del pueblo, interminable como siempre con Paco que resurgió de sus cenizas haciendo la subida en solitario y con la tripleta trasera en compacto
grupo, solo retrasada por un bajón de Marqués antes de llegar al Miguel Ríos.
El final, tras unos 61 kilómetros, ya lo dice el título
de la crónica, el Chapu. Donde degustamos un par de cerecitas para celebrar que
ya estábamos de vuelta para dejar constancia que los Nenazas estamos ahí y no
dejamos casi nunca ese lema que a algunos ya se les olvidó: No nos gusta una hamburguesa sin mostaza, ni
domingo sin salida de los Nenazas.
Ruta y perfil de la etapa
Por Avispa en Wikiloc



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