Volvía algún gallo al pelotón después de unas semanas de ausencia, y como había leído las últimas crónicas no estaba dispuesto a hacer una etapa tranquila como las de las últimas semanas.
Y cuando de cuestas se habla dos salen a colación, el Cerro del Viso y el Colombiano, ambas hacen temblar las piernas.
Estaba claro que al Viso no estaba el personal dispuesto a ir, así que no quedaba más remedio que bajar el Cristo de Rivas y encaminarnos hacia Loeches.
Casi todo el pelotón pertrechado con ropa de abrigo, hay mucho flojo suelto, aunque algunos machotes se encargan de poner a cada uno en su sitio, siguiendo con la ropa de verano.
A todas prisas bajamos dicha carretera para llegar muy rápido hasta los Viveros Don Pedro. Ahí nos desviamos de la carretera para ir hacia Velilla de San Antonio.
Esta vez usamos una nueva alternativa más directa y rápida, y sobre todo nueva. Ni la senda del jabalí, ni el camino que llega a las lagunas del pueblo, directamente por otro camino que te lleva sin parar hasta Velilla.
Luego no hay más remedio que atravesar Velilla, un pueblo en fiestas en el que en la noche anterior los fuegos artificiales se oían desde nuestros domicilios. A toda mecha.
Una vez en el otro lado del pueblo nos encaminamos en dirección a Loeches, nuestro siguiente punto en el mapa. Elegimos la senda de Clavitelli, ese camino donde la clavícula del hombro. No doy más detalles que los conocéis bien.
Cruzando el arroyo Pantueña en Velilla
Foto: Marqués
Foto: Marqués
En la subida hacia este municipio empezó a demostrar como estábamos los miembros del pelotón pues llegamos a arriba cada uno como pudo y con alguno que le empezaban a hacérseles duras las cuestas, pero aun no había llegado lo peor.
Llegando a Loeches
Fotos: Jokin
Fotos: Jokin
Cuando pasamos bajo el puente del antiguo ferrocarril que debía pasar por Loeches hubo un conato de rebelión en el pelotón. No había ganas de reventarse subiendo el Colombino y algunos intentamos sin éxito huir camino de Torres de la Alameda y Valverde de Alcalá.
Pero Jokin no dispuesto a que le cambiáramos los planes, se puso al mando y dirigió al pelotón en pos del Colombiano.
En la cuesta que os voy a contar, ahí se notó el estado de forma de cada uno y las debilidades de casi todos.
Y subiendo hacia to lo alto lo más llamativo de la jornada. Una moza entradita en años, con una bici Otero con trasportín incluido, armada con un gorrito de tela y en ropa de paseo dio cuenta uno por uno de los Nenazas presentes. Excluimos a Jokin que por supuesto no entra en el pack de esforzados, a él esto no le afecta.
Llegando a lo alto del Colombiano
Fotos: Jokin
Fue adelantándonos uno por uno, con breves paradas incluidas para quitarse el jersey verde o quien sabe para que, pero el caso es que pudo con casi todos. El Gavilán fue el que cedió menos terreno pues lleno de ímpetu salió a su estela llegando donde nos esperaba Jokin con poco espacio perdido. ¡Qué bochorno compañeros!
Poco a poco fuimos llegando, alguno más exhausto que otra cosa, pero enteros que nos quedaban muchos kilómetros por delante.
La siguiente parada, la del platanito, en el parquecillo de Pozuelo del Rey donde la fuente y la fresca arboleda.
Un rato para el descanso, disfrute de viandas, charleta con los comentarios de la jornada. En fin, esas cosas que hacemos en todas las etapas.
La vuelta hacia Campo Real, por la ruta esa donde se pasa entre olivares, almendrales y taludes. Un camino muy chulo que casi todos conocéis.
Pasamos Campo Real, bajando hacia Arganda por la Vía Pecuaria de la senda del Botillo, la de los ostiones de Marqués y del Hombre Volador. Tampoco es momento de recordar esos momentos.
Bajamos hasta Arganda por el barrio argandeño de los Millares donde cogimos la carretera para ir hasta La Poveda.
No cruzamos el puente de las avispas, recorrimos la margen izquierda del río Jarama hasta el Puente de Arganda. Últimamente es lo más elegido por el pelotón.
Selfie del pelotón en el Puente de Arganda
Foto: Jokin
Foto: Jokin
Solo nos quedaba la subida por las calles de Rivas. Jokin, que ya le conocéis, eligió los Cortados, parece que le parecía poco, joderrrr.
Los demás por las calles arriba como pudimos. El grupo se descompuso, quedando algunos por detrás, llegando hasta arriba cada uno con las fuerzas que aun le quedaban. Sin contar más detalles fue todo un poema para alguno.
El final tras unos 59 kilómetros en las piernas en el Chapu, donde no acudimos todos y donde nos esperaba Avispa, todavía convaleciente de sus males de fascitis plantar.
Una dura etapa, caballeros, que quedará en nuestras retinas como el día en que nos humilló la perroflautas. Con todo el cariño y sin ganas de desprecio.


















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