En esta ocasión sí que salió GPS y como en las grandes
mañanas de domingo fue nuestro guía espiritual por esas tierras en las que en
la tarde del sábado habían caído unos cuantos litros de agua a modo de lluvia,
y la amenaza era el barro.
Como nota especial de la jornada, Rulo por fin ha cambiado
de montura. Con su flamante Whistle, acudía con una idea en la cabeza, llegar a
casa con la bici límpia. Misión imposible como veríamos después.
Silbido Veloz de Rulo
Foto: Rulo
Día de estreno
Foto: Marqués
Silbido Veloz de Rulo
Foto: Rulo
Día de estreno
Foto: Marqués
Salimos por las calles del pueblo, esta vez sin caminos ni otras dificultades, para llegar hasta la laguna de El Campillo y seguir por la carretera de Chinchón, la M-832 hasta desviarnos hacia el Vaáamonos.
El Vaáamono es un
camino que no se embarra demasiado con las lluvias, a no ser que estén cayendo
en ese mismo momento. Por eso, lo solemos elegir cuando el barro es la amenaza.
Aquí el pelotón se estiró, aunque menos que otras veces. Las
fuerzas estaban equitativas en los de atrás, aunque los de siempre por delante
llegan antes que los esforzados de detrás.
Una vez junto al puente metálico de la Green Line lo
cruzamos por debajo y nos fuimos en pos de Morata por la senda del Piolín.
Sorprendentemente este camino tampoco tenía mucho barro aunque la bici de Rulo
ya empezaba a tomar un tinte marronáceo por lo que se iba acumulando.
Para bajar a Morata GPS eligió la senda estrecha que baja
hasta El Bosque. Como quedó escrito en una crónica reciente es preciosa pero no
apta para todos los públicos. Y menos cuando ha llovido y una capita de barro la
hacen aun más peligrosa.
Rulo y Marqués llegaron los últimos, con un par de tramos a
pie para evitarlas caídas. La precaución es lo más sensato en estos casos.
Después de un conato de secesión del pelotón, GPS nos
convenció para seguir por donde quería llevar al pelotón y nos llevó a tomar el
platanito a la parte alta del pueblo donde hay tre grandes cruces de piedra.
Unas buenas vistas desde el lugar.
Un rato para el descanso, reponer fuerzas, comer, beber y
tomar reconstituyentes que aun nos quedaba mucho por recorrer esta jornada.
Para seguir cruzamos las calles de Morata, para acabar en la
carretera de Valdelaguna, la M-315, que dejamos tras cruzar el río Tajuña para
circular por la vía pecuaria que va en paralelo al río en dirección a su
desembocadura en el Jarama.
Cruzamos la M-311, que va hacia Chinchón, para seguir río
abajo en paralelo al éste, para llegar hasta el último escollo antes de llegar
al camino que baja desde Chinchón.
Ahí hubo sus más y sus menos, con una importante cuesta
destrozada por las lluvias donde la mayoría tuvimos que poner pie a tierra y
empujar la bici cuesta arriba. En cuanto pierdes pedalada no hay forma de
seguir.
Una vez arriba hay que bajar hasta el mencionado camino, con
un tramo también empinada y con escalones, un nuevo reto para los menos hábiles.
Ya en el camino hicimos reunión.
Bajando hacia el río Tajuña
Fotos: Jokin
Cruzamos el Tajuña por el puente y pasamos junto a la laguna
de San Galindo, esa que no se ve salvo que mires desde lo alto, está rodeada
por árboles y carrizos.
Un camino recto te lleva hasta cruzar la carretera M-313,
entre Morata y Titulcia, para cruzarlo y hacer la penúltima cuesta de la
jornada, en la urbanización Valgrande, más conocida por Valsuputamadre por el
pelotón.
Ahí el pelotón se volvió a estirar, cada uno como pudo llegó
hasta arriba goteando. Unos cuantos hacia la fuente y otros se quedaron en el
camino.
Un pequeño incidente con el guarda de la urbanización que se
empeñó en que la zona era privada y no podíamos estar allí, ni siquiera para
beber agua de la fuente. Cumplen órdenes pero donde no hay carteles de
prohibición na de na. Volador cruzó unas palabritas con él, pero el agua no llegó al río. No
merece la pena.
Con las fuerzas repuestas nos fuimos hacia la Cañada Real para
después irnos por ella hasta la Cementera de Morata, la Green Line y el
Vaáamonos.
Allí perdimos a GPS que quedó rezagado y debió bajar por la
M-203 directamente. Estuvimos esperándole en el Vaáamonos pero como no llegaba
y no cogía el teléfono, decidimos bajarnos destino a la carretera de Chinchón
por este camino. Aunque Jokin que estaba entero todavía se bajó por el camino
paralelo a la Vía Verde y se calzó los Concejiles de vuelta, antes de enlazar
con el Vaáamonos
Bajando el pelotón se volvió a estirar quedando un rosario
de ciclistas por la citada carretera. Además no hubo reagrupamiento y las
calles de Rivas las subimos en pelotones separados.
Gavilán y el Profe tiraron por delante, a pocos metros de
sus seguidores, pero ya no volverían a contactar con el resto que quedaron
cortados por una avería en una de las bicis.
Rulo que con su Silbido veloz tuvo un pequeño incidente en
el que se le salió la rueda de atrás que llevaba floja cuando pedaleaba por la empinada cuesta
antes de llegar al parquecillo de la fuente cercano al Polideportivo.
Una corta espera y los tres de detrás se unieron para hacer
los últimos kilómetros en grupo, aunque Jokin también enlazó por detrás tras su
excursión por los Concejiles.
Nos juntamos casi todos en el Chapu, había celebraciones
varias y no podíamos faltar a la cita. Avispa con su maldita cojera llegó
después y Gavilán también acudió tras la ducha de rigor.
Dos celebraciones, el cumpleaños de Rulo y el Profe que tras
muchos esfuerzos ha conseguido un Cum Laude y ya es doctor. Felicidades a ambos
y gracias por las cerecitas.
La próxima crónica tiene algo que celebrar también. Su
número es muy redondo. Compañeros de fatigas desde la primera crónica el 3 de julio de
2011 con la que inauguramos este blog, con la siguiente entrada alcanzamos la estimable
cifra de 200 y ahí seguimos.
Gracias a los que lo seguís habitualmente, motiva que
algunos disfrutéis de nuevo la etapa leyendo las letras y viendo las imágenes
que hacemos.












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