Algo va ocurriendo últimamente en
el pelotón Nenaza, la primavera está cercana y algunos perezosos comienzan a
salir del cascarón, hay sangre nueva que mueve las entrañas del pelotón y otras
cosas que si las piensas seguro que las comprendes. Pero siempre para bien del
grupo.
En esta jornada dos nuevos bikkers
nos acompañan en la salida dominical, Emilio y Arturo compis de Rulo que son
incansables y experimentados sobre las dos ruedas. Esperemos estén a gusto y se
enganchen en nuestras salidas.
Como acto de incorporación les
recibimos con una etapa de las tradicionales, bonitas y exigentes etapas, no
podía ser menos. Para ello elegimos una ruta por las lomas de Arganda a las que
ya estamos acostumbrados los veteranos.
Una salida rodeando el Cerro del
Telégrafo, hacía mucho tiempo que no recorríamos esas estrechas sendas para la
salida, habíamos perdido la tradición de hacerlo.
Luego la avd. Pilar Miró para
bajar por las calles hasta la Laguna de El Campillo, eso si, con un escollo por
medio. Hubo que hacer unas cuantas virguerías y vueltas para cruzar el circuito
preparado para una carrera, que cortaba las calles y nos hacía desviarnos para
cruzar al carril bici que nos lleva hasta nuestra siguiente meta.
Una vez en la laguna a cruzar
bajo el Metro y a darle a los pedales por la carretera de Chinchón, la M-832,
hasta desviarnos por nuestro camino favorito, el Vaáamono.
Un tramo de camino con las
primeras cuestas, es un decir, y nada más cruzar bajo la M-506 girar a la
izquierda para subir hacia los Cerros Concejiles por el camino del interior. Es
un camino con menos rampas que el tradicional aunque también exigente, que te
hace poner plato pequeño y a sufrir.
El pelotón se estiró, como es
normal, hasta llegar a lo más alto donde se realizó el reagrupamiento para
lanzarnos cuesta abajo en pos de la Vía Verde de Morata. Allí un nuevo
reagrupamiento rápido y a subir hacia la Dehesa del Carrascal.
La subida hacia los Cerros Concejiles
Fotos: Volador
La subida no tiene misterio para
los Nenazas aunque hace estirarse de nuevo al pelotón en las rampas más
empinadas y perder el contacto de los más fuertes con los de atrás. Una subida
preciosa, tanto por el paisaje como por el contacto del ciclista con el
entorno, que maravilla de caminos.
Hacia la Dehesa del CarrascalFotos: Jokin
Llegamos hasta lo alto por el
camino interior, el que ataja hacia arriba sin dar tantas vueltas como hacíamos
antaño. Alguna de sus rampas quitan la respiración aunque no hacen poner pie a
tierra a ninguno de los esforzados.
Arriba la parada del platanito,
para decidir por donde seguir, alguno que otro tenía prisa y la etapa no podría
ser muy larga.
Platanito en la Dehesa del Carrascal
Fotos: Volador
Se decidió ir hacia el Cementerio
de Mascotas, la Ciudad de Rock, el camino del Piolín para alcanzar el Vaáamono en su parte más alta. Todos esos caminos los
conocéis bien, no los voy a describir una vez más, pero sobre todo destacar que
el barrizal con el que nos topamos hace un par de semanas ha desaparecido
dejando un firme totalmente seco, ¡vaya diferencia!
a
Bajando hacia el Vaáamono
Fotos: Volador
Por el camino la anécdota de la jornada, la rueda trasera de la bici de Arturo, que hacia cosas raras se pincha y hay que cambiarla. Rulo, cuando se prestan cosas hay que darlas en buen estado......
a
Bajando hacia el Vaáamono
Fotos: Volador
Por el camino la anécdota de la jornada, la rueda trasera de la bici de Arturo, que hacia cosas raras se pincha y hay que cambiarla. Rulo, cuando se prestan cosas hay que darlas en buen estado......
Emilio y Arturo en labores de cambio de cámara
Fotos: Marqués
Luego lanzados cuesta abajo por
nuestro camino insignia a todo trapo, nos dirigimos de nuevo hacia la carretera
de Chinchón, la Laguna de El Campillo y las calles del pueblo.
Para subir desde la laguna se
hicieron dos grupos, los arriesgados y valientes con más fuerzas en sus piernas
eligieron subir por el camino de los cortados con esas rampas tan duras, los
demás como siempre por las calles intentando llegar hasta arriba lo más
cómodamente posible, para que más.
Llegamos hasta Picos de Urbión,
donde se quedaban los que tenían más prisa y entonces fuimos alcanzados por los
de la ruta larga por los cortados.
Así nos despedimos y seguimos
cuesta abajo para completar los más o menos 55 kilómetros con los que acabamos
la etapa en el Chapu. Unas cerecitas y pa casa, que nos esperaban a todos para
comer.





















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