1 de marzo de 2015, por enésima vez a las lomas de Arganda


Algo va ocurriendo últimamente en el pelotón Nenaza, la primavera está cercana y algunos perezosos comienzan a salir del cascarón, hay sangre nueva que mueve las entrañas del pelotón y otras cosas que si las piensas seguro que las comprendes. Pero siempre para bien del grupo.

En esta jornada dos nuevos bikkers nos acompañan en la salida dominical, Emilio y Arturo compis de Rulo que son incansables y experimentados sobre las dos ruedas. Esperemos estén a gusto y se enganchen en nuestras salidas.

Como acto de incorporación les recibimos con una etapa de las tradicionales, bonitas y exigentes etapas, no podía ser menos. Para ello elegimos una ruta por las lomas de Arganda a las que ya estamos acostumbrados los veteranos.

Una salida rodeando el Cerro del Telégrafo, hacía mucho tiempo que no recorríamos esas estrechas sendas para la salida, habíamos perdido la tradición de hacerlo.

Luego la avd. Pilar Miró para bajar por las calles hasta la Laguna de El Campillo, eso si, con un escollo por medio. Hubo que hacer unas cuantas virguerías y vueltas para cruzar el circuito preparado para una carrera, que cortaba las calles y nos hacía desviarnos para cruzar al carril bici que nos lleva hasta nuestra siguiente meta.

Una vez en la laguna a cruzar bajo el Metro y a darle a los pedales por la carretera de Chinchón, la M-832, hasta desviarnos por nuestro camino favorito, el Vaáamono.

Un tramo de camino con las primeras cuestas, es un decir, y nada más cruzar bajo la M-506 girar a la izquierda para subir hacia los Cerros Concejiles por el camino del interior. Es un camino con menos rampas que el tradicional aunque también exigente, que te hace poner plato pequeño y a sufrir.

El pelotón se estiró, como es normal, hasta llegar a lo más alto donde se realizó el reagrupamiento para lanzarnos cuesta abajo en pos de la Vía Verde de Morata. Allí un nuevo reagrupamiento rápido y a subir hacia la Dehesa del Carrascal.

















La subida hacia los Cerros Concejiles
Fotos: Volador


La subida no tiene misterio para los Nenazas aunque hace estirarse de nuevo al pelotón en las rampas más empinadas y perder el contacto de los más fuertes con los de atrás. Una subida preciosa, tanto por el paisaje como por el contacto del ciclista con el entorno, que maravilla de caminos.













Hacia la Dehesa del CarrascalFotos: Jokin


Llegamos hasta lo alto por el camino interior, el que ataja hacia arriba sin dar tantas vueltas como hacíamos antaño. Alguna de sus rampas quitan la respiración aunque no hacen poner pie a tierra a ninguno de los esforzados.

Arriba la parada del platanito, para decidir por donde seguir, alguno que otro tenía prisa y la etapa no podría ser muy larga.


Platanito en la Dehesa del Carrascal
Fotos: Volador 


Se decidió ir hacia el Cementerio de Mascotas, la Ciudad de Rock, el camino del Piolín para alcanzar el Vaáamono  en su parte más alta. Todos esos caminos los conocéis bien, no los voy a describir una vez más, pero sobre todo destacar que el barrizal con el que nos topamos hace un par de semanas ha desaparecido dejando un firme totalmente seco, ¡vaya diferencia!




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Bajando hacia el Vaáamono
Fotos: Volador


Por el camino la anécdota de la jornada, la rueda trasera de la bici de Arturo, que hacia cosas raras se pincha y hay que cambiarla. Rulo, cuando se prestan cosas hay que darlas en buen estado......



Emilio y Arturo en labores de cambio de cámara
Fotos: Marqués


Luego lanzados cuesta abajo por nuestro camino insignia a todo trapo, nos dirigimos de nuevo hacia la carretera de Chinchón, la Laguna de El Campillo y las calles del pueblo.

Para subir desde la laguna se hicieron dos grupos, los arriesgados y valientes con más fuerzas en sus piernas eligieron subir por el camino de los cortados con esas rampas tan duras, los demás como siempre por las calles intentando llegar hasta arriba lo más cómodamente posible, para que más.

Llegamos hasta Picos de Urbión, donde se quedaban los que tenían más prisa y entonces fuimos alcanzados por los de la ruta larga por los cortados.

Así nos despedimos y seguimos cuesta abajo para completar los más o menos 55 kilómetros con los que acabamos la etapa en el Chapu. Unas cerecitas y pa casa, que nos esperaban a todos para comer.

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