Todavía sigue parte del personal de vacaciones e incluso alguno de los que han regresado ya, permanecen algo despistados o sin ganas de darle al pedal. No va por ti, Jokin.
Para la etapa del domingo se hizo convocatoria a través del móvil de GPS, pero el correo debió ir montado en un caracol porque llegó el domingo por la tarde, dichosa tecnología. Espero que nadie se quedara en tierra esperando recibir noticias.
Además, costó mucho que la gente se animara, parece que en verano los ánimos del pelotón están bajos para casi todos. Y digo casi todos porque Rulo, recién llegado de la playita, parece que le ha sentado muy bien el descanso, ha venido como un toro el jodío. Ya nos darás la receta.
Vayamos al grano, la etapa empezaba entorno a las 8:30 h., con nubes en el cielo, sin un destino prefijado aunque poco a poco se iría teniendo más claro. El principio rodeando el Cerro del Telégrafo, gusta mucho calentar en zona de tierra y no salir directamente por las calles hacia el pueblo de Rivas.
Una vez llegamos a la laguna de El Campillo y tras cruzar bajo la línea del Metro, lo que conocéis todos, la carretera de Chinchón que nos lleva hacia nuestro conocidísimo camino Vaáamono, el más famoso de los campos argandeños.
La subida con el pelotón estirado en dirección hacia la cementera de Morata, aunque esta vez GPS nos modificó la ruta y nos desvió a la derecha, poco antes de llegar arriba, por una rampa empinada de hormigón que se aleja del Vaáamono que te lleva hasta rodear la cementera hasta la gasolinera de la carretera de Chinchón. Es de recordar que antes de subir la rampa hormigonada, GPS animaba a un pequeño pelotón a tirarse por un camino/pedrera que se unía a nuestra rampa por el lado izquierdo del Vaáamono. Solo uno se atrevió a bajar montado y los otros dos no pudieron más que bajar poniendo pie a tierra. Esas trialeras que tanto le gustan a algunos, otros lo odian, claro.
Una vez en la gasolinera, unos instantes o quizás un buen rato, lo pasamos intentando arreglar el cambio de mi bici. El desviador del cambio no estaba contento y no quería hacer las cosas en condiciones, y se salió con la suya, porque GPS no fue capaz de dejarlo en condiciones por mucho empeño que le puso. A tomar por culo y a seguir como fuera.
La continuación por el Camino de la Boca de la Zorra, ese conocido recorrido entre olivares donde GPS colocó los cartelitos ese día de la paella Nenaza y que fueron recogidos en la siguiente etapa, la que nos llevó a Titulcia. Allá por los meses de febrero y marzo.
Una vez llegamos a la vía pecuaria que baja hasta Titulcia, hicimos un pequeño tramo para llegar hasta la parte más alta de la urbanización Valgrande, esa más conocida por Valsuputamadre por sus duras cuestas desde el Tajuña hasta lo más alto.
Allí una corta parada junto a una fuente donde alguno aprovechó para hacer un bocado, otros para rehidratarse e incluso para hacer instantáneas de recuerdo. Pero lo principal, descansar un rato.
Lo siguiente, cuesta abajo por toda la urbanización Valgrande hasta llegar a la carretera que une Morata con Titulcia. Con cuidado Josemari, que los frenos también le daban guerra.
Una vez abajo, recorrimos las vegas del Tajuña aguas arriba, entre huertas y casas de campo. Tal y como hicimos en una etapa a principios de septiembre de 2011. Recordar al Profe intentando comer higos junto a un salto de agua en el río Tajuña. Esta vez es pronto y los higos aun no tiene tamaño ni madurez suficiente, mala suerte.
El descanso del platanito en un parque dentro de Morata, en el mismo sitio que aquella etapa, junto a una fuente sin palanca en el grifo. Donde GPS nos volvió a sorprender con sus dotes de MacGyver solucionando el problema con el multiusos de la bici. Ya solo quedaba la vuelta y lo más corto era subir hasta el helipuerto, para llegar hasta la cementera por la Vía Verde que viene desde Arganda. ¿Que contar que no sepáis?
Foto: Marqués
Nos volvimos a juntar, más bien me esperaron, en la parte alta del Vaáamono para realizar la bajada en grupo hasta la carretera de Chinchón, por donde subimos por la mañana. La siguiente parada en la fuente de Rivas, donde el narrador llegaba cuando partía la cabeza del pelotón. Al auxilio Rulo, que pacientemente esperó y subió gran parte de las calles de Rivas a mi lado.
Nos volvimos a juntar, más bien me esperaron, en la parte alta del Vaáamono para realizar la bajada en grupo hasta la carretera de Chinchón, por donde subimos por la mañana. La siguiente parada en la fuente de Rivas, donde el narrador llegaba cuando partía la cabeza del pelotón. Al auxilio Rulo, que pacientemente esperó y subió gran parte de las calles de Rivas a mi lado.
Por delante, GPS se encontró con una ciclista de Mejorada, que quería saber el modo de subir hasta la Ermita del Cristo de Rivas. La acompañó hasta el parque del Cerro para que llegara sin pérdida al lugar que buscaba. Si lees estas letras, estás invitada a una etapa con los Nenazas, cuando quieras.
El final, tras unos 65-67 km de ruta con el cielo cubierto de nubes, menos mal, en el Camelot. Con acopio de una buena cantidad de zumo de cebada, que siempre viene bien para recobrar las energías perdidas. ¿O no?
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