Como se comentaba en un correo electrónico, el sábado entorno a las 3 de la tarde se juntaron los pesos pesados presentes en la piscina de la manzana 8 de Covibar 2.
Además, de convocar la etapa, se estuvo debatiendo las posibilidades distintas de etapa, aunque luego GPS que suele llevar la voz cantante, es el que decide por donde vamos y a tomar por culo.
Salimos entorno a las 8:40 h. con un ambiente todavía fresquito, las temperaturas mañaneras habían sido más respetuosas con los habitantes de Rivas, con dirección a los caminos y lomas argandeñas, tal y como había propuesto Jokin.
La salida y a pesar del run run general de los presentes por los cortados, aunque antes de llegar al vértice geodésico situado sobre los cortados encima de la Finca de El Piul, tomamos un camino a la derecha, ya usado alguna que otra vez aunque alguna variante no conocidas por el pelotón. Tan desconocidas que al pasar tras unos pisos del final de las calles de Rivas, una empinada cuesta a modo de pared se disponía frente al grupo, como dificultad de la jornada nada más comenzar. Es de comentar que de los 7 arriesgados ciclistas dos no llegaron sobre la bici hasta arriba ante el estupor y algarabía general, el que escribe llegó sin bajarse. Muy emotivo.
Para llegar hasta la laguna de El Campillo quedaba la empinada y destrozada cuesta con cadena, que la mayor parte del grupo esquivó astutamente y alguno se tuvo que bajar de la bici para evitar los acusados surcos más profundos tras una tormenta de agua y granizo en este verano.
La continuación, como no iba a ser menos, por la carretera de Chinchón y el Vaáamono. Aunque, como se decía al principio a instancias del Holandés, esta vez tocaba la subida por los Cerros Concejiles. Cuanto te gusta esa subida, Jokin.
Mal que bien llegamos todos arriba, e hicimos recorrido turístico por todos los caminos posibles antes de bajar para cruzar la vía verde a Morata. Ahí nos sorprendió de nuevo GPS, pues nos calzó una nueva subidita con más piedras que el copón, donde de nuevo alguno tuvo que poner pie a tierra. No penséis mal, de nuevo no fui yo.
El destino era el Parque de la Dehesa del Carrascal en Arganda, con una preciosa subida siempre rodeados de estupendos Quejigos, Encinas y Carrascas. Incluso con una caída de Elevator, que le patinó una rueda y se fue al suelo, sin importancia. Arriba tocaba el descanso del platanito, las risas y alguna foto.
La duda era por donde realizar la vuelta hacia casa, y tras varias propuestas, de nuevo y como tantas y tantas veces, decidió GPS dirigiendo al grupo hacia el Rock in Rio. Una primera parada junto al Cementerio de mascotas llamado El Último Parque, buscando una fuente donde rellenar los bidones con agua. Mal sitio, no disponen de agua corriente.
Muy pronto la ruta pasó junto a la valla norte del Rock in Río, que cerca está todo, aunque esta vez sin parada en la puerta, y continuó adelante en busca de las canteras de Morata. Rodeando por todos los caminos conocidos las zonas de explotación para de nuevo llegar hasta la parte más alta del camino Vaáamono.
La bajada como siempre estiró al pelotón, llegando en grupos hasta la fuente del pueblo de Rivas, donde tuvo lugar la última neutralización.
Un corto reposo y para arriba todos juntos, no recuerdo subir todo el pelotón por las calles de Rivas desde hace muchísimo tiempo. Aunque todo duró poco pues al llegar a la avd. de Levante, el grupo se partió en dos, con 4 valientes que subieron por el Miguel Ríos y los otros 3 por la ruta tradicional de avd. de Levante, avd. Pablo Iglesias, calle Jovellanos y todo el resto de callejuelas que nos llevaron hasta el destino final, el Camelot.
Tras unos 55 km concluyó la etapa en el citado bar, donde nos juntamos casi todos para tomar las cerecitas, y discutir amigablemente sobre los cambios de destino final. Hay un poco de hastío y es más que probable que se busque otro punto de finalización de la etapa. Todo se andará.












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