10 de noviembre de 2013, ruta al Real Sitio y Villa de Aranjuez

Era un día grande, de los señalados en el calendario. Jokin se había empeñado en movernos un poco más lejos de lo acostumbrado para adentrarnos en tierras lejanas a nuestras rutas habituales. El destino era el Real Sitio y Villa de Aranjuez. Ciudad insigne donde las haya.
La hazaña era demasiada para el pelotón así que se decidió hacerla un poco más corta, montaríamos las bicis en los coches para que la ruta fuera más corta. El lugar elegido el Restaurante el Alto, en la carretera a Morata, junto a la Cementera.

Habíamos sido citados por el susodicho en la plaza a las 9 menos cuarto, aunque hubo que esperar a un rezagado dormilón que se le pegaron las sábanas y así partió la caravana de coches en dirección a nuestro punto de partida.

El recorrido corto pero nos hacia avanzar unos 20 kilómetros hacia delante y sobre todo otros 20 de vuelta, con subida del pueblo incluida. Todo un alivio.

A las 9:35 h. la serpiente multicolor del pelotón Nenaza partía del aparcamiento de dicho restaurante. Una algarabía en el grupo, con más participantes de los que concurren a las últimas etapas dominicales.
 
Pelotón en la salida
Foto: Marqués


Una friolera de 9 componentes, incluyendo un par de ellos que hacía mucho tiempo que no se les veía el pelo. Es de agradecer su esfuerzo en intentar en acompañarnos al menos en los primeros kilómetros de la etapa, una vez perdida la forma.

Partíamos avanzando por el camino de la Boca de la Zorra, ese camino serpenteante  que recorre los olivares del entorno de la cementera, que va y viene sin avanzar demasiado hacia delante. Recorres unos pocos kilómetros y apenas te separas de ella.

Al poco ya estábamos en la vía pecuaria, donde empezaron las primeras escaramuzas. Los de delante volaban, rápido muy rápido hacia delante, quizás demasiado, dejando a los de detrás un tanto rezagados.

Dejamos atrás el camino que sube desde Vallequillas, después el que sube desde el Butarrón, para hacer una reunión en una bifurcación antes de la última de las bajadas hacia Titulcia.
 
 
  
Rula, Casper y Sargento
Fotos: Marqués


Nada más llegar, sin tregua el grupo hacia abajo, no había descanso que quedaba mucho camino por delante.
 
A la entrada a Titulcia
Foto: Marqués


En Titulcia entramos de nuevo por separado, en grupetes. Sin parar apenas empezamos a cruzar las calles del pueblo, donde un Policía Municipal nos pedía colaboración para coger a un Hurón escapado y escondido entre las plantas junto a unas escaleras.

El animalillo muy dócil  se dejaba acercar mucho aunque hay que tener cuidado porque a veces muerden. Pero allí estaba David que con un exceso de valor le echó mano y lo recogió sin dudarlo. Allí venía el señor agente, con una caja-jaula para encerrarla. David lo metió dentro y así le quitó un peso de encima. La verdad es que creo que ni las gracias dió, al menos yo no oí nada que saliera de su boca. Si es así, de desagradecidos está el mundo lleno.
 
Tras el Hurón
Foto: Jokin


Nos montamos de nuevo en las bicis, terminando de atravesar el pueblo para salir en dirección a la carretera de Villaconejos. Nada más cruzar el río Tajuña, en la primera rotonda tomamos una pista a la derecha en dirección a Chinchón.

Allí de nuevo el pelotón se estiró, aunque siempre todos a vista salvo el Sargento y Casper. Llegamos pronto al Puente Largo, el puente por el que se cruza el río Jarama la antigua carretera a Chinchón desde la N-V.

Ahí nos quedamos Avispa y yo, haciendo unas fotos y esperando a los dos rezagados. Tras unos cruces de llamadas nos advertían que se habían dado la vuelta y estaban de nuevo en Titulcia.
 
En el Puente Largo, Aranjuez
Foto: Avispa


No pudimos contactar con los de delante, sus teléfonos no eran atendidos. Así que preguntando nos dijeron por donde debíamos ir hacia Chinchón.

Poco después de reanudar la marcha, a lo lejos pudimos observar la silueta de GPS, que parecía haberse dado la vuelta en nuestra busca. Estaba junto a un paso bajo una carretera, y nos propuso cruzar el charco acumulado bajo el puente por el centro, decía ser el mejor lugar para hacerlo. Pero algo vimos raro, quizás las risas del resto del grupo que nos esperaba detrás del agua o puede que ver a Jokin con móvil en mano tratando de grabarlo. Así que viendo que por la derecha un pasillo seco permitía pasar sin mojarnos, por allí lo hicimos.

La cosa tenía truco, según nos contaron después. El agua debía tener una profundidad de más de medio metro, cosa que pudo comprobar el Profe que pensó en limpiar de su rueda una cagada que había atropellado antes pero le salió el tiro por la culata y casi sale ahogado del charco. En el último momento, cuando el agua le llegaba a la parte alta de la rueda giró hacia la derecha y puso pie en seco sin caerse. Salió empapado pero salió, que no es poco.

Seguimos camino adelante, pasando por detrás del Pau de La Montaña, con una buena cantidad de chalets abandonados, quizás antes de ser entregados. Después ya bajamos a la ribera del Tajo en dirección a nuestro destino.

Pasamos junto al Tajo entre plátanos con aspecto otoñal, hojas amarillentas que tapizaban el suelo, un espectáculo precioso digno de una mítica etapa.
 
Entre plátanos
Foto: Marqués


Al poco teníamos delante el puente que cruza el río para llegar a la ciudad. Ahí nos paramos el Profe y yo para inmortalizar el evento, con imágenes del río con el Palacio Real al fondo. Maravillosa estampa.
 
  
Puente sobre el río Tajo
Fotos: Profe y Marqués


Y la reunión frente al Palacio Real, como embobados mirando este bello edificio. Allí repusimos fuerzas, charlamos, nos reímos e inmortalizamos el momento con el Palacio al fondo. Incluso al Profe le dio tiempo para corregir un ruidito en la rueda delantera que venía martirizándole toda la etapa y secarse un poco los calcetines aun mojados tras su incidente acuático.
 
Palacio Real de Aranjuez
Foto: Jokin

Pelotón en el Palacio Real de Aranjuez
Foto: Marqués


Eran las 12 menos diez, casi mediodía, y nos quedaba toda la vuelta por delante. Había que rellenar botellas y buscar una fuente. Yo había estado mendigando agua porque me dejé la bolsa con mi bebida en la nevera de casa y el resto debían llenar sus botes.

Tardamos un rato, pero al final lo conseguimos. Una fuente con agua fresca y reparadora que alivió al grupo y refresco a más de uno.

Tocaba volver y esta vez GPS nos llevaría hacia el Puente Largo por una ruta más rápida y corta. Usando como vía la carretera, volábamos hacia nuestro destino. Si, si, volábamos porque la velocidad por esa carretera totalmente plana era más alto de lo acostumbrado.
 
Ruta en Aranjuez
En Wikiloc por Jokin


A nuestra derecha dejábamos atrás un lugar desconocido por el grupo. Su nombre la Azuda de la Montaña.  Es una construcción de finales del siglo XVIII, con el objetivo de ampliar la zona de regadío por encima de la cota del canal denominado el 'Caz del Embocador' se construyó una obra de ingeniería hidráulica que se conoció como 'La Azuda y el Acueducto de la Montaña'. Se trababa de una rueda de madera de 12 metros de diámetro, compuesta por 12 radios y cuatro paletas entre cada radio. Era movida por la propia corriente del canal y elevaba, a través de sus canjilones, el agua hasta el acueducto construido en ladrillo para poder regar los terrenos ubicados en la denominada finca 'La Montaña' de ahí el nombre de la obra de regadío.

Con el paso del tiempo y debido a su uso, algunos de sus elementos fueron siendo reemplazados por piezas metálicas, hasta que en 1844 la noria totalmente deteriorada pasó a ser sustituida por otra de dimensiones similares pero fabricada en hierro. La azuda dejó de funcionar definitivamente en 1927 cuando se instaló el riego a motor.

En la obra la Confederación Hidrográfica del Tajo ha invertido más de 2,3 millones de euros, se ha llevado a cabo sobre una parcela de 207.216 metros cuadrados y se trata de una obra hidráulica integrada en un entorno singular y un paisaje histórico. Inaugurada en abril de 2013, parece que a los 10 días de inaugurarla se rompió el muro un estanque por donde pasaba el agua y quedó inutilizada.
 
Fuente internet
Foto por Enrique Fernández Marcote


Sinn detenernos ni un instante llegamos al Puente Largo, para volver a la misma pista por donde habíamos venido a la ida. Una pista plana y ancha donde la velocidad hizo estirar al pelotón que no paró hasta llegar a la rotonda de la carretera de Villaconejos.

GPS trataba de convencernos de hacer regreso por donde habíamos bajado por la mañana, pero como la cosa no estaba clara se decidió subir por la vega del Tajuña por caminos recorridos en otras pasadas rutas por la zona.

Por la margen izquierda del Tajuña tomamos rumbo a la Laguna de San Juan, con el pelotón de nuevo separado. Por delante, Jokin, GPS, Profe y David, por detrás Avispa, Rulo y el que os lo cuenta.

Nos volvimos a reunir junto a la carretera que sube hacia Chinchón, cruzándola y siguiendo río arriba. Al poco pasamos junto a la laguna de Casasola, también conocida como la Lagunilla y poco más adelante a la derecha sobre el cantil, están los restos del Castillo de Casasola, del siglo XV, situado en un saliente de los cerros sobre las altas paredes de yesos. Es uno de los puntos más elevados de su entorno, con los que su función era la de control. Pasa casi desapercibido al adaptar su planta irregular al talud, siendo sus lados noroeste y noreste inaccesibles. Por el sur tiene dos torres cilíndricas de 9 metros de altura, los restos de un foso y un puente de piedra de 3 ojos. Ahora es una vivienda particular.
 
Castillo de Casasola
Foto: Marqués


Camino adelante y a la izquierda llegábamos al puente que cruza el río Tajuña, en el camino que baja desde Chinchón. Nada más cruzar y a la derecha escondida tras los árboles la laguna de San Galindo, también conocida como Laguna de la Espadaña.

Solo nos quedaba por delante la pista del Camino de San Galindo hasta la carretera y la tachuela de la etapa, la subida a la urbanización Valgrande, conocida como Valsuputamadre.

El Profe, pletórico de nuevo, escapó por delante, aunque Jokin saltó tras su estela. El resto a trote cochinero hacia arriba, estirados muy estirados, cada uno a su ritmo. Por el camino y como es de costumbre nos encontramos con Juan y Medio, a caballo como siempre esta vez acompañado por una bella amazona.

A los alto de Valgrande llegamos desencajados, unos más que otros, pero todos cansados. Allí algunos nos tiramos hacia la fuente y otros simplemente esperaron a que llegáramos los más lentos. Como no puede ser menos.
 
  
  
   
  
   
  
Llegando a Valgrande
Fotos: Jokin


Ya quedaba poco, aunque el primer tramo hizo que el pelotón se separara de nuevo. Una caravana de coches que iban por el mismo camino ralentizó a unos más que a otros por lo que nos dividimos en tres grupos.

Jokin y Avispa, los despistados de turno. Que llegaron a la carretera que baja hacia el puente de San Martín de la Vega y bajaron un tramo por ella. Parece que Avispa se dio cuenta del error pero sus gritos no debieron alertar a Jokin hasta recorrida una buena distancia hacia abajo. Parece qe que perdió el Norte o como el dice también el Sur.

GPS y el Profe, que dieron vueltecillas como a la ida volviendo por los olivares y el camino de la Boca de la Zorra.

David, Rulo y yo mismo, a cola de pelotón aunque los primeros en llegar a aparcamiento. Ya sabes Rulo, conmigo nunca te perderás, salvo error u omisión que nadie es perfecto.

En la terraza del bar y tras unos 70 kilómetros recorridos nos esperaban el Sargento y Casper, que habían llegado una hora antes. La vuelta desde Titulcia la hicieron invirtiendo la vía pecuaria desde Titulcia por donde habíamos bajado. Confirmaron que es una tortura subir este camino para el regreso. Un continuo vaivén de subidas y explanadas, que rompen el ritmo de los ciclistas. Lo esperado.
 
Ruta de la jornada y perfil de la etapa sin la parte final, por pérdida del norte
Por Jokin y Marqués


En el bar nos juntamos todos, para la celebración del cumpleaños de Aure, 41 añicos que nos ha cumplido el mozo. Felicidades amigo y por muchos años. Sobre todo dar las gracias por las cerecitas que te pagaste, éramos muchos y nos tomamos unas cuantas rondas. Lo dicho, muchas veces. 
 
Celebración restaurante el Alto
Foto: Marqués


Avispa y su polvorón
Foto: Marqués

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