Era un día grande, de los
señalados en el calendario. Jokin se había empeñado en movernos un poco más
lejos de lo acostumbrado para adentrarnos en tierras lejanas a nuestras rutas habituales.
El destino era el Real Sitio y Villa de Aranjuez. Ciudad insigne donde las
haya.
La hazaña era demasiada para
el pelotón así que se decidió hacerla un poco más corta, montaríamos las bicis en
los coches para que la ruta fuera más corta. El lugar elegido el Restaurante el
Alto, en la carretera a Morata, junto a la Cementera.
Habíamos sido citados por el susodicho en la plaza a las 9 menos cuarto, aunque hubo que esperar a un rezagado dormilón
que se le pegaron las sábanas y así partió la caravana de coches en dirección a
nuestro punto de partida.
El recorrido corto pero nos
hacia avanzar unos 20 kilómetros hacia delante y sobre todo otros 20 de vuelta,
con subida del pueblo incluida. Todo un alivio.
A las 9:35 h. la serpiente
multicolor del pelotón Nenaza partía del aparcamiento de dicho restaurante. Una
algarabía en el grupo, con más participantes de los que concurren a las últimas
etapas dominicales.
Pelotón en la salidaFoto: Marqués
Una friolera de 9
componentes, incluyendo un par de ellos que hacía mucho tiempo que no se les
veía el pelo. Es de agradecer su esfuerzo en intentar en acompañarnos al menos
en los primeros kilómetros de la etapa, una vez perdida la forma.
Partíamos avanzando por el
camino de la Boca de la Zorra, ese camino serpenteante que recorre los olivares del entorno de la
cementera, que va y viene sin avanzar demasiado hacia delante. Recorres unos
pocos kilómetros y apenas te separas de ella.
Al poco ya estábamos en la
vía pecuaria, donde empezaron las primeras escaramuzas. Los de delante volaban,
rápido muy rápido hacia delante, quizás demasiado, dejando a los de detrás un
tanto rezagados.
Dejamos atrás el camino que
sube desde Vallequillas, después el que sube desde el Butarrón, para hacer una
reunión en una bifurcación antes de la última de las bajadas hacia Titulcia.
Rula, Casper y Sargento
Fotos: Marqués
Nada más llegar, sin tregua
el grupo hacia abajo, no había descanso que quedaba mucho camino por delante.
A la entrada a TitulciaFoto: Marqués
En Titulcia entramos de
nuevo por separado, en grupetes. Sin parar apenas empezamos a cruzar las calles
del pueblo, donde un Policía Municipal nos pedía colaboración para coger a un
Hurón escapado y escondido entre las plantas junto a unas escaleras.
El animalillo muy dócil se dejaba acercar mucho aunque hay que tener
cuidado porque a veces muerden. Pero allí estaba David que con un exceso de
valor le echó mano y lo recogió sin dudarlo. Allí venía el señor agente, con una
caja-jaula para encerrarla. David lo metió dentro y así le quitó un peso de
encima. La verdad es que creo que ni las gracias dió, al menos yo no oí nada
que saliera de su boca. Si es así, de desagradecidos está el mundo lleno.
Tras el HurónFoto: Jokin
Nos montamos de nuevo en las
bicis, terminando de atravesar el pueblo para salir en dirección a la carretera
de Villaconejos. Nada más cruzar el río Tajuña, en la primera rotonda tomamos
una pista a la derecha en dirección a Chinchón.
Allí de nuevo el pelotón se
estiró, aunque siempre todos a vista salvo el Sargento y Casper. Llegamos
pronto al Puente Largo, el puente por el que se cruza el río Jarama la antigua carretera
a Chinchón desde la N-V.
Ahí nos quedamos Avispa y
yo, haciendo unas fotos y esperando a los dos rezagados. Tras unos cruces de
llamadas nos advertían que se habían dado la vuelta y estaban de nuevo en
Titulcia.
En el Puente Largo, AranjuezFoto: Avispa
No pudimos contactar con los
de delante, sus teléfonos no eran atendidos. Así que preguntando nos dijeron por
donde debíamos ir hacia Chinchón.
Poco después de reanudar la
marcha, a lo lejos pudimos observar la silueta de GPS, que parecía haberse dado
la vuelta en nuestra busca. Estaba junto a un paso bajo una carretera, y nos
propuso cruzar el charco acumulado bajo el puente por el centro, decía ser el
mejor lugar para hacerlo. Pero algo vimos raro, quizás las risas del resto del
grupo que nos esperaba detrás del agua o puede que ver a Jokin con móvil en
mano tratando de grabarlo. Así que viendo que por la derecha un pasillo seco
permitía pasar sin mojarnos, por allí lo hicimos.
La cosa tenía truco, según
nos contaron después. El agua debía tener una profundidad de más de medio
metro, cosa que pudo comprobar el Profe que pensó en limpiar de su rueda una
cagada que había atropellado antes pero le salió el tiro por la culata y casi
sale ahogado del charco. En el último momento, cuando el agua le llegaba a la
parte alta de la rueda giró hacia la derecha y puso pie en seco sin caerse.
Salió empapado pero salió, que no es poco.
Seguimos camino adelante,
pasando por detrás del Pau de La Montaña, con una buena cantidad de chalets
abandonados, quizás antes de ser entregados. Después ya bajamos a la ribera del
Tajo en dirección a nuestro destino.
Pasamos junto al Tajo entre
plátanos con aspecto otoñal, hojas amarillentas que tapizaban el suelo, un
espectáculo precioso digno de una mítica etapa.
Entre plátanosFoto: Marqués
Al poco teníamos delante el
puente que cruza el río para llegar a la ciudad. Ahí nos paramos el Profe y yo
para inmortalizar el evento, con imágenes del río con el Palacio Real al fondo.
Maravillosa estampa.
Puente sobre el río Tajo
Fotos: Profe y Marqués
Y la reunión frente al Palacio
Real, como embobados mirando este bello edificio. Allí repusimos fuerzas,
charlamos, nos reímos e inmortalizamos el momento con el Palacio al fondo. Incluso
al Profe le dio tiempo para corregir un ruidito en la rueda delantera que venía
martirizándole toda la etapa y secarse un poco los calcetines aun mojados tras su incidente acuático.
Palacio Real de AranjuezFoto: Jokin
Pelotón en el Palacio Real de Aranjuez
Foto: Marqués
Eran las 12 menos diez, casi
mediodía, y nos quedaba toda la vuelta por delante. Había que rellenar botellas
y buscar una fuente. Yo había estado mendigando agua porque me dejé la bolsa
con mi bebida en la nevera de casa y el resto debían llenar sus botes.
Tardamos un rato, pero al
final lo conseguimos. Una fuente con agua fresca y reparadora que alivió al
grupo y refresco a más de uno.
Tocaba volver y esta vez GPS
nos llevaría hacia el Puente Largo por una ruta más rápida y corta. Usando como
vía la carretera, volábamos hacia nuestro destino. Si, si, volábamos porque la
velocidad por esa carretera totalmente plana era más alto de lo acostumbrado.
Ruta en AranjuezEn Wikiloc por Jokin
A nuestra derecha dejábamos
atrás un lugar desconocido por el grupo. Su nombre la Azuda de la Montaña. Es una construcción de finales del siglo
XVIII, con el objetivo de ampliar la zona de regadío por encima de la cota del
canal denominado el 'Caz del Embocador' se construyó una obra de ingeniería
hidráulica que se conoció como 'La Azuda y el Acueducto de la Montaña'. Se
trababa de una rueda de madera de 12 metros de diámetro, compuesta por 12
radios y cuatro paletas entre cada radio. Era movida por la propia corriente
del canal y elevaba, a través de sus canjilones, el agua hasta el acueducto
construido en ladrillo para poder regar los terrenos ubicados en la denominada
finca 'La Montaña' de ahí el nombre de la obra de regadío.
Con el paso del tiempo y
debido a su uso, algunos de sus elementos fueron siendo reemplazados por piezas
metálicas, hasta que en 1844 la noria totalmente deteriorada pasó a ser
sustituida por otra de dimensiones similares pero fabricada en hierro. La azuda
dejó de funcionar definitivamente en 1927 cuando se instaló el riego a motor.
En la obra la Confederación Hidrográfica
del Tajo ha invertido más de 2,3 millones de euros, se ha llevado a cabo sobre
una parcela de 207.216 metros cuadrados y se trata de una obra hidráulica
integrada en un entorno singular y un paisaje histórico. Inaugurada en abril de 2013,
parece que a los 10 días de inaugurarla se rompió el muro un estanque por donde
pasaba el agua y quedó inutilizada.
Fuente internet Foto por Enrique Fernández Marcote
Sinn detenernos ni un
instante llegamos al Puente Largo, para volver a la misma pista por donde
habíamos venido a la ida. Una pista plana y ancha donde la velocidad hizo
estirar al pelotón que no paró hasta llegar a la rotonda de la carretera de
Villaconejos.
GPS trataba de convencernos
de hacer regreso por donde habíamos bajado por la mañana, pero como la cosa no
estaba clara se decidió subir por la vega del Tajuña por caminos recorridos en
otras pasadas rutas por la zona.
Por la margen izquierda del
Tajuña tomamos rumbo a la Laguna de San Juan, con el pelotón de nuevo separado.
Por delante, Jokin, GPS, Profe y David, por detrás Avispa, Rulo y el que os lo
cuenta.
Nos volvimos a reunir junto
a la carretera que sube hacia Chinchón, cruzándola y siguiendo río arriba. Al
poco pasamos junto a la laguna de Casasola, también conocida como la Lagunilla
y poco más adelante a la derecha sobre el cantil, están los restos del Castillo
de Casasola, del siglo XV, situado en un saliente de los cerros sobre las altas
paredes de yesos. Es uno de los puntos más elevados de su entorno, con los que
su función era la de control. Pasa casi desapercibido al adaptar su planta
irregular al talud, siendo sus lados noroeste y noreste inaccesibles. Por el
sur tiene dos torres cilíndricas de 9 metros de altura, los restos de un foso y
un puente de piedra de 3 ojos. Ahora es una vivienda particular.
Castillo de CasasolaFoto: Marqués
Camino adelante y a la
izquierda llegábamos al puente que cruza el río Tajuña, en el camino que baja
desde Chinchón. Nada más cruzar y a la derecha escondida tras los árboles la
laguna de San Galindo, también conocida como Laguna de la Espadaña.
Solo nos quedaba por delante
la pista del Camino de San Galindo hasta la carretera y la tachuela de la
etapa, la subida a la urbanización Valgrande, conocida como Valsuputamadre.
El Profe, pletórico de nuevo, escapó por delante,
aunque Jokin saltó tras su estela. El resto a trote cochinero hacia arriba,
estirados muy estirados, cada uno a su ritmo. Por el camino y como es de
costumbre nos encontramos con Juan y Medio, a caballo como siempre esta vez
acompañado por una bella amazona.
A los alto de Valgrande
llegamos desencajados, unos más que otros, pero todos cansados. Allí algunos
nos tiramos hacia la fuente y otros simplemente esperaron a que llegáramos los
más lentos. Como no puede ser menos.
Llegando a Valgrande
Fotos: Jokin
Ya quedaba poco, aunque el
primer tramo hizo que el pelotón se separara de nuevo. Una caravana de coches
que iban por el mismo camino ralentizó a unos más que a otros por lo que nos
dividimos en tres grupos.
Jokin y Avispa, los
despistados de turno. Que llegaron a la carretera que baja hacia el puente de
San Martín de la Vega y bajaron un tramo por ella. Parece que Avispa se dio
cuenta del error pero sus gritos no debieron alertar a Jokin hasta recorrida
una buena distancia hacia abajo. Parece qe que perdió el Norte o como el dice también el Sur.
GPS y el Profe, que dieron
vueltecillas como a la ida volviendo por los olivares y el camino de la Boca de
la Zorra.
David, Rulo y yo mismo, a
cola de pelotón aunque los primeros en llegar a aparcamiento. Ya sabes Rulo,
conmigo nunca te perderás, salvo error u omisión que nadie es perfecto.
En la terraza del bar y tras unos 70 kilómetros recorridos nos
esperaban el Sargento y Casper, que habían llegado una hora antes. La vuelta
desde Titulcia la hicieron invirtiendo la vía pecuaria desde Titulcia por donde
habíamos bajado. Confirmaron que es una tortura subir este camino para el
regreso. Un continuo vaivén de subidas y explanadas, que rompen el ritmo de los
ciclistas. Lo esperado.

Ruta de la jornada y perfil de la etapa sin la parte final, por pérdida del norte
Por Jokin y Marqués
En el bar nos juntamos
todos, para la celebración del cumpleaños de Aure, 41 añicos que nos ha
cumplido el mozo. Felicidades amigo y por muchos años. Sobre todo dar las
gracias por las cerecitas que te pagaste, éramos muchos y nos tomamos unas
cuantas rondas. Lo dicho, muchas veces.
Celebración restaurante el AltoFoto: Marqués
Avispa y su polvorón
Foto: Marqués












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