24 de noviembre de 2013, ruta por los pueblos de la ribera del río Tajuña

Habíamos quedado como siempre a las 9 de la mañana, a pesar de las bajas temperaturas anunciadas, que a la postre no lo fueron tanto. Pero a esa hora yo seguía durmiendo plácidamente y si no es por los amables Nenazas que me esperaban en la puerta y decidieron mandarme un guasap, yo hubiera seguido durmiendo. Aunque la verdad es que no me desperté en casi toda la etapa pues cuando las cosas empiezan mal, mal se llevan y se termina mal.
En la puerta me esperaron unos diez minutos o quizás quince hasta que me preparé para salir a todas prisas. En la rotonda habitual esperaba David, que pensaría que nos habíamos ido por otro lado dejándole tirado.
La ruta no estaba nada clara, nadie proponía nada y los que eligieron mejor que se hubieran mantenido calladitos, porque la etapa al final fue dura de cojones. Cuando el Profe y Jokin pactaban donde ir, fue el Profe el que propuso ir a Perales de Tajuña aunque susurrando dijo que los demás nos revelaríamos. Pero claro, como bien dijo Jokin, "los Nenazas somos animales de manada y a dónde va el de delante, todos detrás sin rechistar". Bueno eso es un decir.
Así que bajamos hacia el pueblo, la laguna de El Campillo, la carretera de Chinchón y nuestro muchas veces nombrado Vaáamono. En él las primeras cribas donde el pelotón se estiró.
A cola de pelotón y muy retrasado iba yo todavía dormido y sin desayunar, aunque Jokin amablemente me había cedido una barrita que devoré sin demora. Así me descolgué hasta las curvas finales, donde alcancé y superé a Antonio, que se había reincorporado al pelotón Nenaza después de mucho tiempo de inactividad.  
Arriba esperaban los más fuertes, pacientemente la llegada de los más lentos. Allí se despidió Antonio, que hacia vuelta a casa como en otras tantas ocasiones. Su cupo estaba cubierto.

Pelotón de la jornada
Foto: Marqués

 
Continuamos bajo el puente metálico de la vía verde para encaminarnos hacia las canteras de Morata, los olivares y el Camino del Piolín, que aun aguanta colgado de su higuera. ¿Es que no os acordáis de él?

Piolín, febrero de 2013
Foto de archivo: Marqués


Una nueva reunión en el cruce de caminos de siempre para continuar hacia abajo por el Camino del Tractor, donde alguno algún día se va a escoñar porque la velocidad, las zanjas, las piedras y las curvas no son buenas compañeras. Aunque esta vez no tocaba cruzarnos con el tractor de otras veces.
Muy poco tiempo después ya estábamos en Morata, aunque esta vez no sería parada ni nos comeríamos ninguna palmerita de esas ricas que hacen en este pueblo. Porque tocaba continuar, ya que quedaba todavía mucho por delante.
Cruzamos el río Tajuña, por la carretera de Valdelaguna hasta desviarnos a la izquierda por el camino que sube por la orilla izquierda de este río, marcado por la reja de la vieja’l visillo. El trozo de pared que anuncia la finca de La Estaca.

Finca de La Estaca, enero de 2013
Foto de archivo: GPS

Por el camino y río arriba pedaleamos hasta Perales de Tajuña, donde tuvo lugar la parada del platanito. Las fuerzas iban cada vez más mermadas y nos quedaba por delante casi la mitad de la etapa. Un rato para reponer fuerzas y a seguir compañeros.

Tomando el platanito
Foto: Marqués

Por las calles de Perales tuvimos varios despistes. Nos pasamos la calle que lleva hasta la parte siguiente de la ruta, lo que nos llevó a descubrir un cartel curioso que quedó inmortalizado

Peluquería
Foto: Jokin


Después fui yo el que me despisté de nuevo y de bajada me lo volví a pasar. Así que quedé de nuevo descolgado del grupo e hice toda la subida hasta el puente que cruza la A-III en solitario.
Es un duro puerto, aunque al menos es de reconocer que al estar asfaltado la subida se hace más llevadera. Casi llegando arriba, a la derecha dejamos la fuente de La Gasca, en la cual no hubo parada y al poco bajaba Jokin en mi busca, lo que me animó a llegar hasta lo más alto.

Fuente de La Gasca, abril de 2013
Foto de archivo: Marqués


Una vez arriba y con el pelotón al completo, por la vía de servicio de la A-III circulamos para dirigirnos hacia el siguiente punto de referencia, el Rock in Río. Una carretera con subes y bajas, cruzar bajo la autopista y circular un ratillo hasta llegar a esas instalaciones ya en el término municipal de Arganda del Rey.

Junto al Rock in Río
Foto: Marqués


No dimos ninguna tregua y seguimos adelante para realizar la bajada hacia la vía verde. Tomamos el camino más rápido, el que cruza por debajo de la A-III en varias ocasiones, pasando una vez más por el área recreativa de la Fuente del Valle, conocida por todos.

Fuente del Valle, septiembre de 2012
Foto de archivo: Marqués

Sin descanso y a todas prisas seguimos hasta llegar a la vía verde, esquivar el Hospital del Sureste en Arganda, atravesar el polígono de Arganda y encaminarnos hacia el barrio de La Poveda por la vía verde en su parte más baja.
Allí nos descolgamos Avispa y yo, que perdimos algo más de tiempo porque nos costó un rato cruzar la carretera en La Poveda justo delante de la Estación del Tren de Arganda. Coches por un lado y por otro, hasta que encontramos un hueco para cruzar sin peligro.
Cruzamos por el Puente de las Avispas. Han colocado un cartel que anuncia que el uso del puente está destinado solo al mantenimiento y que el que lo use lo hace bajo su responsabilidad. Su estado deteriorado hace que se teman un accidente y no quieren que nadie responsabilice a otros por lo que pueda pasar.
Nada más cruzar el puente volví  a descolgarme, haciendo el recorrido de la laguna de El Campillo a distancia de Avispa y no le alcancé hasta la zona de los campos de futbol del pueblo de Rivas, cuando miró hacia atrás y me esperó viendo que venía a poca distancia.
Hicimos parte de la subida juntos, parando brevemente para dar un trago en la fuente que está delante del Auditorium Miguel Ríos. Ya quedaba poco y había que seguir.
Antes de la Avd. Pilar Miró me descolgué de nuevo el viento soplaba de norte y más fuerte, yo no podía más, hace mucho tiempo que no veía tan mal. Hice el resto del recorrido en solitario, incluso teniendo que bajarme precipitadamente de la bici en el último repecho del camino que rodea al Cerro del Telégrafo al llegar al parque. Mi vasto interno de la pierna derecha me daba un aviso y casi me da el calambre.
En el Bar de Chapu terminamos la etapa, tras unos 69 kilómetros recorridos en una dura etapa. Allí me esperaban Jokin y Avispa, degustamos unas cerecitas para dar por finalizada la etapa.
Moraleja: Hay que dormir bien y levantarse a tiempo, hay que desayunar en condiciones, pero sobre todo hay que cuidar el material, limpiando y engrasando la bici porque todo lo que hagas mal al final pasará factura.  

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