12 de enero de 2014, una etapa accidentada a Morata

Tras una semana de parón en la que no hubo ruta, tocaba un día grande en el que volvían miembros del pelotón a compartir experiencias con el resto del grupo. Esta lo fue pues alguno de los desaparecidos ha regresado con nosotros, para quedarse, o eso dicen. Otros aunque habían anunciado su vuelta, lo dejaron para otra ocasión.


La niebla como bien decía Avispa no dejaba “ver un pijo”, aunque iba y venía, no siendo demasiado espesa en ningún momento de la mañana dominical. Y aunque ésta parecía sería la mayor protagonista al final las protagonistas fueron otras bien distintas.

Tuneado con Avispa Nenaza
Foto: Avispa

Salíamos de la plaza de los Picos de Urbión un tanto retrasados. La gente que llevaba tiempo sin montar venía con las ruedas flojas y además hubo que montar un pit stop en dos ocasiones para reparar las averías que veréis si termináis de leer esta crónica. Por el camino al pueblo recogíamos a David en su lugar habitual, incorporándose al vuelo y poniéndose enseguida a rebufo.

Llegamos al pueblo muy rápido, entre tinieblas pues en esos momentos abajo había más niebla que arriba. Una paradita de reagrupamiento en el aparcamiento de la Laguna de El Campillo.
Al arrancar un ruido en la cadena de la nueva 29er de Paco anunciaba el primer percance de la mañana. Seguido al crujido un tintineo de algo metálico que caía al suelo. No fuimos capaces de dar con el artefacto metálico y todo parecía quedar en una anécdota. Pero pocos metros más adelante, subiendo la pequeña cuesta bajo el puente del Metro, Paco caía por los suelos al romperse la cadena de su bici.

Estaba claro, un eslabón de la cadena se había partido y no resistió demasiado tiempo para romperse y dejar la bicicleta inmovilizada.

Houston teníamos un problema. Había herramientas para arreglarlo, pero lo que faltaba era el técnico para ejecutar las tareas de forma oportuna y arreglar el entuerto. Usamos el troncha-cadenas del Gavilán, muy coqueto pero un poco incómodo y al final lo dejamos. Tratamos de poner un eslabón de esos de anclaje rápido pero no fuimos capaces. Al final las buenas manos de Jokin y su troncha más mejor fue el artífice del arreglo. 

Lo peor que perdimos mucho tiempo, más de media hora para que nuestras manazas lograran dar con la tecla y dejar la cadena montada y lista para seguir.


     
  
Reparación de la 29er de Paco
Fotos: Avispa y Marqués 


La cadena de Paco
Video por Marqués

Pero como casi todo tiene solución, en torno a las 10:15 h. subíamos de nuevo a las bicicletas para seguir adelante. Con el tiempo perdido había dudas de la ruta que haríamos y aunque propuse la ruta del Jabalí para adelantar el regreso, la mayoría decidió seguir hacia delante y llegar hasta donde habíamos decidido ir, Morata de Tajuña.

La carretera de Chinchón era nuestro camino, para continuar por nuestro camino favorito el “Vaáamonos”, como no podía ser menos. En él, el pelotón se estiró, dejando a cola a un desentrenado Elevator, con dolores en sus piernas por la falta de ritmo. Yo a su lado como fiel escudero para acompañarle como él hizo tantas y tantas veces conmigo, para hacerle el trago menos duro.



  
     
  

Subida al Vaáamonos
Fotos Marqués


Llegamos arriba donde la parada fue muy breve, poco más que para hacer la foto de pelotón y descansar mínimamente y seguir adelante.

Pelotón de la jornada
Foto: Marqués


Convencimos a Elevator para continuar, tenía las dudas de volverse a casa pero como no tenía nadie que le acompañara no le quedaba otra que seguir o volverse en solitario.
La continuación pasaba bajo el puente metálico de la vía verde, para ir en busca de las canteras de Morata y la “senda del Piolín”. Yendo hacía allí, el Gavilán decidió que su troncha era una mierda y lo dejó caer por el camino. Pero claro detrás iba yo para recogérselo y hacerle cambiar de intención. Además, una cajita chica con algunos parches también recogí junto a su artefacto.

Pasamos al rato junto al Piolín, sigue colgado de su higuera pero cada vez está en peor estado y ya se le salen hasta los sesos de la mollera. No sabemos cuánto durará.

La siguiente reunión en el cruce de caminos situado sobre Morata. Para continuar hacia este municipio por la “senda del tractor”. Ya sabéis esa bajada empinada, con un charco de barro en el centro con muchas piedras y regueros.

Al llegar a la zona cementada me encuentro con el pelotón haciendo un receso. Resulta que David que iba en cabeza tuvo un pinchazo a modo de reventón y no tuvo más remedio que desmontar su rueda delantera. ¡Si es que vas como loco! 




Reparando la bici de David
Fotos: Marqués


Allí estuvimos un ratejo, entre risas y comentarios jocosos, David cambió la cámara y montó de nuevo la rueda. Lo que más costó fue el relleno de aire en la rueda, pero poco después ya estábamos de nuevo sobre nuestras bicicletas.



Reparaciones varias (No os lo perdáis)
Video por Avispa



La parada del platanito estaba pactada en Morata y aunque algunas voces discordantes no quería hacerlo, el repostaje incluyó unas ricas palmeritas por gratitud de Jokin, que cumplió años el pasado 1 de enero. Así de paso las probaron las últimas incorporaciones al grupo, David, Paco y Elevator. Bueno el último chico nuevo parece que aunque había ido alguna vez a Morata, no había tenido ocasión de catarlas. ¡Qué raro!

Pues nada devorarlas subimos de nuevo a la bici pues en la negociación de la etapa habíamos decidido cómo y por dónde haríamos el regreso. Nos tocaba subir por la carretera que va hacia Arganda del Rey, la M-313, que sube y que llega hasta las instalaciones de la Fundación El Arca de Noé. Allí nuevo reagrupamiento y a seguir para hacer la vuelta de nuevo por la “senda del Piolín” y las canteras de Morata hasta llegar de nuevo al Vaáamonos.

La bajada por el Vaáamono ya la conocéis, un descenso a tumba abierta por los más intrépidos y más moderada para otros, no especifico nada que es evidente.

Al llegar a las naves pegadas a la carretera de nuevo una espera a los precavidos algo rezagados, pero sin tregua que nos quedaba por delante la carretera de Chinchón y la subida del pueblo. Avispa había recogido las gafas que Jokin había prestado a Paco por la bajada, era también un día de pérdidas y recuperaciones.

En la carretera se pudieron apreciar las fuerzas que les quedaba a cada uno y sobre todo el poderío de las 29er, que había 4 en esta convocatoria.  Y así llegamos hasta el pueblo donde solo quedaba por delante la subida hasta casa.

Elevator iba bastante castigado, por lo que Avispa y yo nos quedamos para acompañarle en su agónica subida. En cada repecho quedaba rezagado. ¿Quién la ha visto y quién le ve? La pérdida de ritmo es evidente y sus castigadas piernas le pasaban factura.

Así llegamos hasta arriba, poco a poco y en casi todo momento acompañando a Elevator, hasta que el parque del Cerro del Telégrafo nos recibía. En ese momento pasaba por allí Locomotoro en sus tareas de entrenamiento pedestre, acompañado o acompañando a Delfín un vecino cercano.

Mapas con el recorrido en dos formatos, mirar el que más os guste, la libertad es libre
En Wikiloc grabado por Avispa


Así fue como tras los 46 kilómetros recorridos en mi cuentakilómetros, 43 en el wikiloc de Avispa, llegamos al Bar del Champú donde nos esperaban el resto de compañeros. Allí degustamos unas fresquitas cerecitas a la salud de Elevator y de Jokin, que festejaban su reciente cumpleaños pagándose las dos primeras rondas. A la tercera para casa, que  hay que cumplir con los deberes hogareños, cada uno a su modo.

Hasta pronto, NENAZAS.

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