Tras una semana de parón en la que no hubo ruta, tocaba un
día grande en el que volvían miembros del pelotón a compartir experiencias con
el resto del grupo. Esta lo fue pues alguno de los desaparecidos ha regresado
con nosotros, para quedarse, o eso dicen. Otros aunque habían anunciado su
vuelta, lo dejaron para otra ocasión.
La niebla como bien decía Avispa no dejaba “ver un pijo”, aunque iba y venía, no siendo demasiado espesa en ningún momento de la mañana dominical. Y aunque ésta parecía sería la mayor protagonista al final las protagonistas fueron otras bien distintas.
Foto: Avispa
Salíamos
de la plaza de los Picos de Urbión un tanto retrasados. La gente que llevaba
tiempo sin montar venía con las ruedas flojas y además hubo que montar un pit stop en
dos ocasiones para reparar las averías que veréis si termináis de leer esta
crónica.
Por
el camino al pueblo recogíamos a David en su lugar habitual, incorporándose al
vuelo y poniéndose enseguida a rebufo.
Llegamos
al pueblo muy rápido, entre tinieblas pues en esos momentos abajo había más
niebla que arriba. Una paradita de reagrupamiento en el aparcamiento de la
Laguna de El Campillo.
Al arrancar un ruido en la cadena de la nueva 29er de Paco anunciaba el primer
percance de la mañana. Seguido al crujido un tintineo de algo metálico que caía
al suelo. No fuimos capaces de dar con el artefacto metálico y todo parecía
quedar en una anécdota. Pero pocos metros más adelante, subiendo la pequeña
cuesta bajo el puente del Metro, Paco caía por los suelos al romperse la cadena
de su bici.
Estaba
claro, un eslabón de la cadena se había partido y no resistió demasiado tiempo
para romperse y dejar la bicicleta inmovilizada.
Houston
teníamos un problema. Había herramientas para arreglarlo, pero lo que faltaba
era el técnico para ejecutar las tareas de forma oportuna y arreglar el
entuerto. Usamos el troncha-cadenas del Gavilán, muy coqueto pero un poco
incómodo y al final lo dejamos. Tratamos de poner un eslabón de esos de anclaje
rápido pero no fuimos capaces. Al final las buenas manos de Jokin y su troncha
más mejor fue el artífice del arreglo.
Lo peor que perdimos mucho tiempo, más de media hora para que nuestras manazas lograran dar con la tecla y dejar la cadena montada y lista para seguir.
Lo peor que perdimos mucho tiempo, más de media hora para que nuestras manazas lograran dar con la tecla y dejar la cadena montada y lista para seguir.
Reparación de la 29er de Paco
Fotos: Avispa y Marqués
Video por Marqués
Pero
como casi todo tiene solución, en torno a las 10:15 h. subíamos de nuevo a las
bicicletas para seguir adelante. Con el tiempo perdido había dudas de la ruta
que haríamos y aunque propuse la ruta del Jabalí para adelantar el regreso, la
mayoría decidió seguir hacia delante y llegar hasta donde habíamos decidido ir,
Morata de Tajuña.
La
carretera de Chinchón era nuestro camino, para continuar por nuestro camino
favorito el “Vaáamonos”, como no podía ser menos. En él, el pelotón se estiró,
dejando a cola a un desentrenado Elevator, con dolores en sus piernas por la
falta de ritmo. Yo a su lado como fiel escudero para acompañarle como él hizo
tantas y tantas veces conmigo, para hacerle el trago menos duro.
Subida al Vaáamonos
Fotos Marqués
Llegamos
arriba donde la parada fue muy breve, poco más que para hacer la foto de
pelotón y descansar mínimamente y seguir adelante.
Pelotón de la jornadaFoto: Marqués
Convencimos
a Elevator para continuar, tenía las dudas de volverse a casa pero como no
tenía nadie que le acompañara no le quedaba otra que seguir o volverse en
solitario.
La
continuación pasaba bajo el puente metálico de la vía verde, para ir en busca
de las canteras de Morata y la “senda del Piolín”. Yendo hacía allí, el Gavilán
decidió que su troncha era una mierda y lo dejó caer por el camino. Pero claro
detrás iba yo para recogérselo y hacerle cambiar de intención. Además, una cajita
chica con algunos parches también recogí junto a su artefacto.Pasamos al rato junto al Piolín, sigue colgado de su higuera pero cada vez está en peor estado y ya se le salen hasta los sesos de la mollera. No sabemos cuánto durará.
La siguiente reunión en el cruce de caminos situado sobre Morata. Para continuar hacia este municipio por la “senda del tractor”. Ya sabéis esa bajada empinada, con un charco de barro en el centro con muchas piedras y regueros.
Al llegar a la zona cementada me encuentro con el pelotón haciendo un receso. Resulta que David que iba en cabeza tuvo un pinchazo a modo de reventón y no tuvo más remedio que desmontar su rueda delantera. ¡Si es que vas como loco!
Fotos: Marqués
Allí
estuvimos un ratejo, entre risas y comentarios jocosos, David cambió la cámara
y montó de nuevo la rueda. Lo que más costó fue el relleno de aire en la rueda,
pero poco después ya estábamos de nuevo sobre nuestras bicicletas.
Reparaciones varias (No os lo perdáis)
Video por Avispa
La parada del platanito estaba pactada en Morata y aunque algunas voces discordantes no quería hacerlo, el repostaje incluyó unas ricas palmeritas por gratitud de Jokin, que cumplió años el pasado 1 de enero. Así de paso las probaron las últimas incorporaciones al grupo, David, Paco y Elevator. Bueno el último chico nuevo parece que aunque había ido alguna vez a Morata, no había tenido ocasión de catarlas. ¡Qué raro!
Video por Avispa
La parada del platanito estaba pactada en Morata y aunque algunas voces discordantes no quería hacerlo, el repostaje incluyó unas ricas palmeritas por gratitud de Jokin, que cumplió años el pasado 1 de enero. Así de paso las probaron las últimas incorporaciones al grupo, David, Paco y Elevator. Bueno el último chico nuevo parece que aunque había ido alguna vez a Morata, no había tenido ocasión de catarlas. ¡Qué raro!
Pues
nada devorarlas subimos de nuevo a la bici pues en la negociación de la etapa
habíamos decidido cómo y por dónde haríamos el regreso. Nos tocaba subir por la
carretera que va hacia Arganda del Rey, la M-313, que sube y que llega hasta
las instalaciones de la Fundación El Arca de Noé. Allí nuevo reagrupamiento y a
seguir para hacer la vuelta de nuevo por la “senda del Piolín” y las canteras
de Morata hasta llegar de nuevo al Vaáamonos.
La
bajada por el Vaáamono ya la conocéis, un descenso a tumba abierta por los más
intrépidos y más moderada para otros, no especifico nada que es evidente.
Al
llegar a las naves pegadas a la carretera de nuevo una espera a los precavidos
algo rezagados, pero sin tregua que nos quedaba por delante la carretera de
Chinchón y la subida del pueblo. Avispa había recogido las gafas que Jokin había prestado a Paco por la bajada, era también un día de pérdidas y recuperaciones.
En
la carretera se pudieron apreciar las fuerzas que les quedaba a cada uno y
sobre todo el poderío de las 29er, que había 4 en esta convocatoria. Y así llegamos hasta el pueblo donde solo
quedaba por delante la subida hasta casa.
Elevator
iba bastante castigado, por lo que Avispa y yo nos quedamos para acompañarle en
su agónica subida. En cada repecho quedaba rezagado. ¿Quién la ha visto y quién
le ve? La pérdida de ritmo es evidente y sus castigadas piernas le pasaban
factura.
Así
llegamos hasta arriba, poco a poco y en casi todo momento acompañando a
Elevator, hasta que el parque del Cerro del Telégrafo nos recibía. En ese
momento pasaba por allí Locomotoro en sus tareas de entrenamiento pedestre,
acompañado o acompañando a Delfín un vecino cercano.
En Wikiloc grabado por Avispa
Así fue como tras los 46 kilómetros recorridos en mi cuentakilómetros, 43 en el wikiloc de Avispa, llegamos al Bar del Champú donde nos esperaban el resto de compañeros. Allí degustamos unas fresquitas cerecitas a la salud de Elevator y de Jokin, que festejaban su reciente cumpleaños pagándose las dos primeras rondas. A la tercera para casa, que hay que cumplir con los deberes hogareños, cada uno a su modo.
Hasta pronto, NENAZAS.












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