Era
el último domingo del año y por ello día de tradición que no puede dejarse de
cumplir. Algunos ya lo habéis vivido alguna vez pero otros aun no, algo que
debe estar en la memoria de todo buen Nenaza.
A
la convocatoria una asistencia paupérrima, como está ocurriendo últimamente,
¡qué tiempos aquellos que están en nuestras retinas cuando éramos multitud!
Pero los elegidos somos así.
La
ruta nada clara, ni en los primeros kilómetros después de la partida. Bajamos
al pueblo, cruzamos la carretera A-3 y tomamos la M-823 en dirección a
Chinchón. Bueno como veis una ruta habitual.
Pero
algo estaba claro, habíamos decidido hacer una ruta corta, que ya sabéis que es
un decir, porque las cortas de ahora son las largas de antaño.
Así
poco antes de llegar a la altura de la Laguna de la Madres, cruzamos la
carretera para ir a la izquierda en pos de una subida diferente a la habitual
por el Vaáamono. Tampoco era plan subir por la ruta de los Cerros Concejiles,
demasiado esfuerzo para algunos.
Así
que la idea era buscar la ruta que sube directamente a lo alto, cerca de la
bajada desde los Cerros Concejiles a la Vía Verde. Pero es un lugar un tanto
desconcertante cuando no tienes buena memoria del recorrido y eso es lo que nos
pasaba a todos. Que se lo pregunten a Jokin que ya lo ha intentado alguna que
otra vez en solitario y no dio con el bueno. Solo cuando viene GPS vamos
directamente y sin vueltas por ensayo-error.
Tardamos
un buen rato en dar con la ruta buena. El que mejor lo recordaba era Clavi, que
tenía más claro que el resto por donde teníamos que ir. Pero al final lo
encontramos para subir a lo alto lo más rápido posible.
Los participantes en la etapa y sus sombras
Fotos: Jokin y Marqués
Una
vez arriba la continuación era bajar a la Vía Verde, cruzarla y dirigirnos hacia
el Parque de la Dehesa del Carrascal, uno de los lugares favoritos para el
platanito y de los más cómodos.
Hacia la Dehesa del CarrascalFoto: Marqués
La
subida por el lado más corto, el camino que nos enseñó GPS en la última vez que
hicimos esa subida. Un camino empinado pero bonito por el que los de delante
tuvieron dudas esperando para reagrupamiento y circular en buena dirección para
así alcanzar el parque donde la parada platanera.
Era
el momento de reponer fuerzas, de tomar un piscolabis y de cumplir con el
protocolo que como marca la tradición no se puede dejar de cumplir en estas
fechas.
Así
que abrí mi mochila para sacar de su interior la botelluca de sidrina que llevo
todos los años para celebrar un año más en vuestra compañía. Y que dure muchos
más.
La sidriña en la Dehesa del Carrascal
Fotos: Jokin y Marqués
Tras
la algarabía inicial, Jokin hizo los honores y se convirtió en maestro de
ceremonias del grupo para brindar tras el descorche con el resto de Nenazas
ausentes. Grande el Masterbike del grupo.
Descorche
Video por Marqués
Clavi bebiendo sidriñaVideo por Marqués
Foto: Marqués
La
botella duró poco, como debe ser, degustada por los 4 Nenazas valientes que
habíamos decidido salir a cubrir el recorrido de esta etapa.
Al
poco teníamos que seguir hacia delante, y la elección estaba en manos de Clavi
al que habíamos prometido por guasap que haríamos la ruta que nos marcara, como
así era hasta ese momento.
Nos
dirigimos hacia el Rock in Río, pasando por el cementerio de mascotas el Último
Parque, dejándolo atrás en busca de lo que vendría por delante.
Hacia el Rock in RíoFoto: Marqués
Una
vez en el Rock in Río a petición de Clavi, para abajo por la ruta que pasa
junto a la A-3 esa en la que cruzamos junto a el área recreativa de la Fuente
del Valle.
Continuamos
hacia abajo en dos grupos de dos integrantes, imaginar quien iba en cada posición,
es fácil.
Nos
juntamos al llegar a la carretera que une Arganda con Morata de Tajuña, para
bajarnos a la Vía Verde por el atajo de Rafa, un lugar por donde tantas y
tantas veces GPS nos despistó y no éramos capaces de saber cómo nos adelantaba
al llegar a este lugar.
Una
vez en la Vía Verde y con los presagios de Clavi, que me había dicho que seguro
que al llegar allí no volveríamos directos hacia casa, vino una negociación
para ver por donde seguir. Llevábamos solo 31 km en nuestras piernas.
Clavi
tenía claro que cumplía cupo y se volvía para casa continuando la Vía Verde hacia Arganda y La
Poveda. Yo me dejé convencer por enésima vez para seguir un poco más y no regresar
tan pronto.
Así
que dicho y hecho, en vez de ir para abajo con Clavi tomamos dirección opuesta
y para arriba. Jokin se nos escapó por delante y yo a rueda del Profe sin
separarme ni un metro camino de lo más alto.
Una
vez en el Vaáamono, tocaba bajar. Jokin se quedó rezagado en conversación
telefónica, el Profe se lanzó a tumba abierta y yo quedé momentáneamente en el
medio.
Digo
momentáneamente porque al Profe no le alcancé, Jokin a mitad de bajada y
junto a la surgencia a modo de charco que hay en medio del camino me adelantó y
quedé retrasado de nuevo.
Alcancé
al Profe, que había hecho una parada evacuación de líquidos detrás de una
torreta de la luz. Ahí escondidito.
Nos
volvimos a juntar abajo, junto a la carretera de Chinchón, donde Jokin se nos
volvió a escapar mientras yo hacía la goma con el Profe.
Ya
no lo volvimos a ver hasta llegar al pueblo, donde intentó que subiéramos por
la calle que pasa por el polideportivo del Parque del Sureste, cosa que no
consiguió de ninguna de las maneras. Así que él por donde quería y nosotros por
la ruta habitual.
Llegando
a los campos de futbol del pueblo, los que hay junto a la Casa + Grande vimos a
lo lejos la silueta de Clavi pedaleando
hacia arriba. No tardamos mucho en alcanzarle y le fuimos acompañando camino
del final de la ruta por las calles del pueblo.
La
subida por el trazado habitual, hasta el auditórium Miguel Ríos, por la avd.
Pilar Miró y el pinar del Cerro del Telégrafo, para alcanzar la calle de los
Picos de Urbión, de donde habíamos salido por la mañana.
El
final y tras los 57 km de rigor, como no podía ser menos, en el Champú. Dónde
nos tomamos las cerecitas de rigor para despedir el año con una buena etapa
intensa y llena de buenas experiencias.
Pelotón de la jornadaFoto: Uno que pasaba por allí
Para
finalizar comentar que el domingo 5 de enero no salió nadie a cumplir con la
etapa dominical de inicio. El pobre David se quedó con las ganas al no tener
ningún acompañante, el resto ocupados en diferentes tareas, pero como bien me
dijo: “Siempre queda el paddel”.







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