29 de diciembre de 2013, para despedir el año 2013


Era el último domingo del año y por ello día de tradición que no puede dejarse de cumplir. Algunos ya lo habéis vivido alguna vez pero otros aun no, algo que debe estar en la memoria de todo buen Nenaza.

A la convocatoria una asistencia paupérrima, como está ocurriendo últimamente, ¡qué tiempos aquellos que están en nuestras retinas cuando éramos multitud! Pero los elegidos somos así.

La ruta nada clara, ni en los primeros kilómetros después de la partida. Bajamos al pueblo, cruzamos la carretera A-3 y tomamos la M-823 en dirección a Chinchón. Bueno como veis una ruta habitual.

Pero algo estaba claro, habíamos decidido hacer una ruta corta, que ya sabéis que es un decir, porque las cortas de ahora son las largas de antaño.

Así poco antes de llegar a la altura de la Laguna de la Madres, cruzamos la carretera para ir a la izquierda en pos de una subida diferente a la habitual por el Vaáamono. Tampoco era plan subir por la ruta de los Cerros Concejiles, demasiado esfuerzo para algunos.

Así que la idea era buscar la ruta que sube directamente a lo alto, cerca de la bajada desde los Cerros Concejiles a la Vía Verde. Pero es un lugar un tanto desconcertante cuando no tienes buena memoria del recorrido y eso es lo que nos pasaba a todos. Que se lo pregunten a Jokin que ya lo ha intentado alguna que otra vez en solitario y no dio con el bueno. Solo cuando viene GPS vamos directamente y sin vueltas por ensayo-error.

Tardamos un buen rato en dar con la ruta buena. El que mejor lo recordaba era Clavi, que tenía más claro que el resto por donde teníamos que ir. Pero al final lo encontramos para subir a lo alto lo más rápido posible.
 
 
 
 
 
Los participantes en la etapa y sus sombras
Fotos: Jokin y Marqués


Una vez arriba la continuación era bajar a la Vía Verde, cruzarla y dirigirnos hacia el Parque de la Dehesa del Carrascal, uno de los lugares favoritos para el platanito y de los más cómodos.
 
Hacia la Dehesa del Carrascal
Foto: Marqués


La subida por el lado más corto, el camino que nos enseñó GPS en la última vez que hicimos esa subida. Un camino empinado pero bonito por el que los de delante tuvieron dudas esperando para reagrupamiento y circular en buena dirección para así alcanzar el parque donde la parada platanera.

Era el momento de reponer fuerzas, de tomar un piscolabis y de cumplir con el protocolo que como marca la tradición no se puede dejar de cumplir en estas fechas.

Así que abrí mi mochila para sacar de su interior la botelluca de sidrina que llevo todos los años para celebrar un año más en vuestra compañía. Y que dure muchos más.
 
 
 
 
 
 
La sidriña en la Dehesa del Carrascal
Fotos: Jokin y Marqués


Tras la algarabía inicial, Jokin hizo los honores y se convirtió en maestro de ceremonias del grupo para brindar tras el descorche con el resto de Nenazas ausentes. Grande el Masterbike del grupo.


Descorche
Video por Marqués
 
Clavi bebiendo sidriña
Foto: Marqués


La botella duró poco, como debe ser, degustada por los 4 Nenazas valientes que habíamos decidido salir a cubrir el recorrido de esta etapa.

Al poco teníamos que seguir hacia delante, y la elección estaba en manos de Clavi al que habíamos prometido por guasap que haríamos la ruta que nos marcara, como así era hasta ese momento.

Nos dirigimos hacia el Rock in Río, pasando por el cementerio de mascotas el Último Parque, dejándolo atrás en busca de lo que vendría por delante.
 
Hacia el Rock in Río
Foto: Marqués


Una vez en el Rock in Río a petición de Clavi, para abajo por la ruta que pasa junto a la A-3 esa en la que cruzamos junto a el área recreativa de la Fuente del Valle.

Continuamos hacia abajo en dos grupos de dos integrantes, imaginar quien iba en cada posición, es fácil.

Nos juntamos al llegar a la carretera que une Arganda con Morata de Tajuña, para bajarnos a la Vía Verde por el atajo de Rafa, un lugar por donde tantas y tantas veces GPS nos despistó y no éramos capaces de saber cómo nos adelantaba al llegar a este lugar.

Una vez en la Vía Verde y con los presagios de Clavi, que me había dicho que seguro que al llegar allí no volveríamos directos hacia casa, vino una negociación para ver por donde seguir. Llevábamos solo 31 km en nuestras piernas.

Clavi tenía claro que cumplía cupo y se volvía para casa continuando la Vía Verde hacia Arganda y La Poveda. Yo me dejé convencer por enésima vez para seguir un poco más y no regresar tan pronto.

Así que dicho y hecho, en vez de ir para abajo con Clavi tomamos dirección opuesta y para arriba. Jokin se nos escapó por delante y yo a rueda del Profe sin separarme ni un metro camino de lo más alto.

Una vez en el Vaáamono, tocaba bajar. Jokin se quedó rezagado en conversación telefónica, el Profe se lanzó a tumba abierta y yo quedé momentáneamente en el medio.

Digo momentáneamente porque al Profe no le alcancé, Jokin a mitad de bajada y junto a la surgencia a modo de charco que hay en medio del camino me adelantó y quedé retrasado de nuevo.

Alcancé al Profe, que había hecho una parada evacuación de líquidos detrás de una torreta de la luz. Ahí escondidito.

Nos volvimos a juntar abajo, junto a la carretera de Chinchón, donde Jokin se nos volvió a escapar mientras yo hacía la goma con el Profe.

Ya no lo volvimos a ver hasta llegar al pueblo, donde intentó que subiéramos por la calle que pasa por el polideportivo del Parque del Sureste, cosa que no consiguió de ninguna de las maneras. Así que él por donde quería y nosotros por la ruta habitual.

Llegando a los campos de futbol del pueblo, los que hay junto a la Casa + Grande vimos a lo lejos la silueta de Clavi  pedaleando hacia arriba. No tardamos mucho en alcanzarle y le fuimos acompañando camino del final de la ruta por las calles del pueblo.

La subida por el trazado habitual, hasta el auditórium Miguel Ríos, por la avd. Pilar Miró y el pinar del Cerro del Telégrafo, para alcanzar la calle de los Picos de Urbión, de donde habíamos salido por la mañana.

El final y tras los 57 km de rigor, como no podía ser menos, en el Champú. Dónde nos tomamos las cerecitas de rigor para despedir el año con una buena etapa intensa y llena de buenas experiencias.
Pelotón de la jornada
Foto: Uno que pasaba por allí


Para finalizar comentar que el domingo 5 de enero no salió nadie a cumplir con la etapa dominical de inicio. El pobre David se quedó con las ganas al no tener ningún acompañante, el resto ocupados en diferentes tareas, pero como bien me dijo: “Siempre queda el paddel”.

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