Era
uno de esos días señalados en el calendario, al menos para alguno de nosotros.
Una jornada en la que se barruntaba algo grande, cumplir una meta y un destino.
El
sábado por la tarde sonaban los teléfonos para adelantar la partida de la
mañana, en vez de convocarnos a las 9 de la mañana, ELEVATOR, si señores estáis
leyendo bien, proponía hacer salida a las 8 y media.
Así
fuimos contactando los que teníamos idea de salir para que nadie se quedara
colgado media hora después.
De
esa misma forma el Profe y yo ya pactamos nuestro destino, el que pudiera o
quisiera que se viniera y quien no, se volviera cuando quisiera.
El
destino era la Fuente de la Casa de Vacas, en la Casa de Campo, un lugar que
tengo grabado en el corazón y que el Profe tenía muchas ganas de conocerlo,
Así
partimos 5 de los más valientes Nenazas a sabiendas que ninguno no nos acompañaría
hasta el final.
El
pelotón partió subiendo río Manzanares arriba por la margen izquierda, usando
la muy conocida “senda de los charcos”.
Sin ningún problema llegamos hasta la Cañada Real Galiana, donde Jamones cumplia
cupo y regresaba hacia casa. Elevator se quedó con las ganas aunque fue
convencido por el Gavilán para seguir hasta el Calderón y volverse juntos, un
pacto de caballeros.
Así
seguimos río arriba para pronto alcanzar el Parque Lineal del Manzanares, el
Nudo Sur y el Madrid Río.
En
el Parque Lineal del Manzanares nos marcamos una frivolité. En vez de tomar el
camino habitual nos metimos por un paseo con el firme de tablones por el que
parecíamos un tren de mercancías de esos que hacían ruido en el pasado, es la
gran Avenida de los Sentido, que al final desemboca en la Plaza Verde, una
especie de teatro clásico diseñado para el descanso y relajación de los
viandantes.
La Plaza Verde
Foto: Marqués
Foto: Marqués
Un
buen panorama durante nuestro recorrido, aunque se notaba que la gente no había
madrugado demasiado para salir a pasear.
El Estadio Vicente Calderón, para los atléticos
Foto: Marqués
Foto: Marqués
Poco
después de pasar el Calderón, bajo el puente de San Isidro, se quedaban Gavilán
y Elevator. Aprovechaban para el platanito y el Profe y yo seguíamos adelante
para no perder demasiado tiempo que quedaba un poco por delante.
Bajo el Puente de San Isidro
Fotos: Marqués
Fotos: Marqués
Seguimos
hasta la Puerta del Rey, donde se entra en la Casa de Campo. Se celebraba el
día de las Fuerzas Armadas y había stands de todos los cuerpos de seguridad del
estado y del ejército.
Aprovechamos
para recoger obsequios a modo de mapas antiguos y cuadernos del Instituto
Cartográfico del Ejército. Viene bien conservar mapas de tiempos pasados como
recuerdo de lo que quedó atrás.
Celebración del Día de las Fuerzas Armadas
Fotos: Profe
Fotos: Profe
Una
vez en la Casa de Campo tomamos el Paseo del Embarcadero, girando hacia la
Puerta de las Moreras, siempre por asfalto.
Seguimos
por asfalto y empezamos una corta subida. A mitad hicimos una breve parada,
quería que el Profe conociera la mayor parte de sitios por donde pasábamos.
En
primer lugar pasamos por el Estanque del repartidor, ahora vacío y seco, con
mucha agua antaño.
Volvimos
a la carretera asfaltada, siguiendo hacia arriba y dejando el Cerro Morán y el
Cerro Garabitas a nuestra derecha. En
este último hay una torre de vigilancia para incendios y seguramente sea el
lugar más elevado de este espacio natural.
Una
vez en lo más alto, en la zona conocida como los Cuatro Caminos, dejamos la
carretera asfaltada para iniciar una bajada hacia el arroyo de Antequina. Allí
disfrutamos de la observación del Puente de las Garrapatas, la Reja de
Antequina aunque para ser fiel a la realidad, el estado del agua te hace pensar
lo que estamos haciendo con todo cuanto tocamos los humanos.
En la Reja del arroyo de Antequina
Foto: Marqués
Foto: Marqués
Después
seguimos por el camino en dirección hacia nuestro destino final. Cruzamos el
puente sobre la vía de tren y al fondo se divisaba la reja que separa la Casa
de Campo de la Carretera de Castilla. Poco antes giramos a la derecha y bajando
una corta cuesta llegábamos a la Fuente.
Una
vez en ella estaba cumplido el reto. Al Profe se le veía contento y yo no podía
estarlo menos. Tenía la espinita clavada de acompañarme hasta allí y allí estábamos.
Descansamos
un rato junto a la fuente a la sombra de los árboles que rodean la fuente,
bebimos agua aunque nos dijeron que era mejor no hacerlo, comimos el platanito
y disfrutamos del momento, mientras no dejaban de pasar ciclistas. Unos paraban
y otros no.
En la Fuente de la Casa de Vacas
Foto: Marqués
Foto: Marqués
Había
que salir presurosos de vuelta, aunque a sabiendas de que sería más rápida que
la ida. Bajando entre la vía del tren y la Carretera de Castilla, en paralelo a
ellos, pasando junto al Taller de Cantería y terminando la bajada junto al
Puente de los Franceses.
Para
salir de la Casa de Campo solo nos quedaba ir hacia la Puerta de las Moreras,
el Lago, el Paseo del Embarcadero y salir por la Puerta del Rey.
Mapa de la Casa de Campo con recorrido marcado en amarillo
El
camino de vuelta fue prácticamente el mismo que el de ida, aunque cruzamos el
río un par de veces para evitar aglomeraciones, aunque es verdad que había
mucha gente pero pensábamos que aun iba a haber mucha más.
La
vuelta casi no tiene nada que contar, a buen ritmo fuimos deshaciendo lo andado
por la mañana y pronto llegábamos a Rivas.
El
último escollo como siempre, la subida por las calles del pueblo para completar
los 83 kilómetros con los que concluíamos la etapa.
Eran
las 13:45 h y satisfechos nos plantábamos en casa con una sonrisa dibujada en
nuestras caras, planeando futuras etapas al infinito y más allá. Semos asin.
Profe, esta te la dedico como no podía ser de otra forma.
Profe, esta te la dedico como no podía ser de otra forma.








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