13 de julio de 2014, la mítica etapa de la Vía Verde del Tren de los 40 Días a Estremera

Era unos de esos días que no se olvidarán cuando pasen los años y nos pongamos a contar a nuestros nietos ese día en el que hicimos una ruta de 120 kilómetros a Estremera.

Era un tema pactado, ideado en un principio por el Profe y abrazado por Jokin y por el Marqués, presuntamente los más duros del pelotón, ¿o no?

Se ideó tras la otra mítica etapa en la que fuimos a Orusco en la etapa de los 104 kilómetros que nos metimos para el cuerpo. Pero eso había que superarlo.

Igual no era la mejor época para la realización de esta etapa, demasiado calor haría la etapa más dura aun. Pero estaba convocada y no podíamos echar marcha atrás.

Así habíamos sido convocados a las 8 de la mañana para pillar un poco más a la fresquita, y allí más o menos perjudicados por la noche acudimos unos cuantos, que no pocos Nenazas.

Además, nos acompañaban dos compañeros del Gavilán, Óscar y Fran, avisados por éste para que se vinieran con este insigne grupo de vecinos e hicieran ruta con los Nenazas.

En un principio tratamos de elegir la ruta más cómoda y rápida de cruzar las lomas de Arganda para luego caer hacia Perales de Tajuña.

Así hicimos los primeros tramos bajando por el pueblo y tomando la carretera de Chinchón como yendo hacia el Vaáamono para evitar el puente de las Avispas o el tramo de río donde se preveía una afluencia importante de mosquitos y otros insectos molestos.

La verdad es que dimos una vuelta un poco innecesaria e igual por otro sitio hubiéramos ido mejor pero salió como salió y fue la forma de llegar hasta el Hospital de Arganda con pocas cuestas y con pocos insectos.

Subimos un rato por la Vía Verde, para desviarnos hacia el Rock in Río por la zona de la Fuente del Valle, esa área recreativa situada bajo la A-3.

Allí nos abandonó GPS, perjudicado por la noche y desmotivado para una etapa tan larga y por suelo firme. No son estas sus rutas preferidas, ya lo sabemos.

En un rato estábamos ya en lo alto, junto al Rock in Río donde entonces tocaba bajar hacia Perales de Tajuña. Allí elegimos la ruta más corta y rápida para bajar, siendo la mejor forma la carretera asfaltada que une a Perales con Campo Real.

Como bajaba el personal por la carretera, los cuentakilómetros debieron ponerse al rojo vivo pues alcanzaron velocidades entorno a 65 kilómetros. O a alguien dijo eso, que alguno no pasó de 50.

En Perales la primera parada de avituallamiento, corta y para unir al grupo, alguno más lento quedó por detrás. Comer y beber rápido y p’adelante.

Había que ir hacia Tielmes, el siguiente pueblo en la ruta. Esta vez fue Marqués el que erró en la elección de ruta. Había visto en wikiloc una que iba bajo los cantiles de yeso donde está el Risco de las Cuevas para llegar a este pueblo por la carretera. Lo malo fue que el último tramo de una especie de Vía Verde era una estrecha senda entre plantas que hubo que bajar casi a pié. Cosas de no conocer y probar.

Esta senda discurre por el trazado del antiguo Ferrocarril del Tajuña, aunque en este tramo la Vía Verde no aprovecha dicho trazado ferroviario. Permite reconocer y apreciar los llamativos e interesantes resultados de la acción geológica, biológica y humana de la zona. En la actualidad se conservan unas 50 cuevas repartidas en dos grupos, separadas por un estrecho barranco en las que se encontraron materiales de distintas épocas que están depositadas en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares. Fueron declaradas Monumento Nacional en 1931.




Risco de las Cuevas, Perales de Tajuña
Fotos: Marqués

Una vez en Tielmes solo cruzar el río Tajuña y junto a éste hicimos una paradita sobre todo para el repostaje de agua en una fuente que hay junto al puente de piedra de la localidad. Pone no potable, que no quiere decir que no se pueda beber sino que no lleva cloro. Un aviso para navegantes.




Después continuar por la Vía Verde del Tajuña para no dejarla ya hasta que llegáramos hasta Estremera.

Unos cuantos kilómetros más adelante y antes de llegar a Carabaña se separaba nuestra ruta de la Vía Verde del Tajuña y empezaba la Vía Verde Tren de los 40 días, nuestro siguiente recorrido.


Pensábamos que esta parte era más o menos llana, cosa totalmente incierta. La accesión hacia Estremera es de unos 13 kilómetros y al menos los 10 primeros son de subida, tendida en la mayoría de los casos, pero subida al fin de al cabo.

 








Llegando a lo más alto antes de bajar a Estremera
Fotos: Jokin


Solo quedaban unos 3 kilómetros hacia abajo para alcanzar nuestro pueblo de destino, dejando a ambos lados las localidades de Valderacete, primero a la derecha, y Brea de Tajo, después a la izquierda.

 




Entrando en Estremera
Fotos: Jokin


Llegábamos casi exhaustos pero ahí entrábamos por las calles del pueblo. En el escudo nos juntamos para hacernos unas fotos que inmortalizaran nuestra llegada. Parecía imposible, pero por fin estábamos en Estremera.

 






Entrando en Estremera, Escudo
Fotos: Marqués






















El bocado y rehidratado lo hicimos en el Mesón del Jamón, un garito manejado por dos rumanas donde menos bocadillos de jamón debía haber de todo. Aunque parecía mentira lo único que hacían era bocatas de lomo y de tortilla, y eso es lo que debíamos echar p'al cuerpo.


En el Mesón del Jamón
Foto: Avispa



Todos elegimos el de lomo, salvo Avispa que se tomó y no entero, el de tortilla. Acompañando a los bocatas, tercios de cerveza, claritas, coca colas e incluso alguno se regó con un cafelito. Para todos los gustos.

Mientras hacíamos la comilona una curiosa procesión con una furgoneta en la que habían atado una figura de un santo pasó junto a nosotros. Tras la furgoneta unos cuantos coches. Creo que el patrón de los conductores es San Cristobal y no era la fecha de esto. ¿Qué sería?

La vuelta la hicimos en dos grupos, con Jokin, Gavilán, Fran y Óscar por delante, esperando a ratos, y por detrás el Profe, Avispa y Marqués, más tranquilos y sin tanta prisa.










En Tielmes volvimos a juntarnos, pues los de delante esperaban en la fuente junto al puente de piedra. Ya no había tanto reparo a beber de ella. El calor era cada vez mayor y el agua es bien recibida de cualquier manera.

Camino de Perales volvimos a hacer dos grupos, idénticos a los de antes. Pese a que Óscar había sufrido algún calambre e iba tocado. Los calambres le repetirían más adelante.

Tocaba subir hacia el Rock in Río y lo más lógico es subir por la pista asfaltada que pasa por la Fuente de La Gasca. Es una subida dura, al menos para los mortales.

La subida hizo estragos, estiró al pelotón de forma que cada uno circulaba a su ritmo, no podía ser de otra forma.

Cuando llegábamos a la altura de la fuente volvían a esperarnos. Avispa sin pensarlo mucho pasaba de largo, incomprensible. El Profe y Marqués recibíamos sobre nuestras cabezas el agua de los botes de Gavilán y Jokin, a modo de las vueltas ciclistas. Por un momento soñamos estar subiendo el Tourmalet.

Hicimos una parada para beber agua, refrescarnos e incluso sumergir la cabeza bajo el fresco chorro de agua del caño de la fuente que nos hizo revivir un rato.

Continuamos la marcha, ya quedaban las últimas rampas. En lo alto nos esperaba Avispa, casi deshidratado bajo un sol atorrante y sin entender porque no había parado a beber. Madre mía que metedura de pata.

De ahí en adelante ya no volvimos a ver al grupo delantero, que con más fuerzas se alejó definitivamente. Nosotros a trote cochinero haríamos el resto de la etapa en triplete.

Por delante desde el Rock in Río hicieron bajada por la Dehesa del Carrascal y la tripleta trasera eligió la bajada por el mismo camino por donde habíamos hecho el camino de subida.

Paramos en la Fuente del Valle, donde Marqués metió los pies con zapatos incluidos en su pilón. No había otra forma de recoger agua y así descansarían mis pies un poco mejor.

Bajada sin tregua hasta La Poveda, donde no había ni Cristo por las calles. Luego cruzamos el puente de las Avispas para evitar subir por la otra orilla. Avispa lo eligió así y los otros le concedimos su deseo.

Había que oírle después cuando cruzábamos el puente. Grito tras grito, chillido tras chillido. Y Marqués calmándole para evitar que con el pánico que le dan empezara a mover los brazos y las avispas nos picaran a ambos. Llegamos a la otra orilla sin problemas y sin picotazos, como debe ser.

Nos quedaba recorrer la orilla de la laguna de El Campillo y llegar al pueblo. El recorrido de subida lo hicimos de nuevo a gusto de Avispa, que estaba con antojos.

Después de pasar el Miguel Ríos continuábamos hacia delante evitando la avenida Pilar Miró, para llegar hasta la avenida de Los Almendros que nos llevaría hasta el Chapu donde nos esperaba el resto del pelotón.



Cuenta kilómetros de Jokin
Foto: Jokin


Ruta y perfil
En wikiloc por AVISPA

En ese momento el cuentakilómetros de la bici de Marqués marcaba 120 kilómetros, toda una cifra que se convertiría en 121,600 al llegar a casa tras el refrigerio con dos cerecitas en nuestro bar de referencia.


Pues ahí queda eso, para los restos. 

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