Nuestro querido colega GPS
nos había preparado una ruta y por eso había miedo en el ambiente del pelotón
Nenaza.
Cuando Rafa prepara alguna
ruta nueva, agarrarse los machos que toca jornada de ruta corta con subidas y
bajadas a tutiplén. Una etapa de las rompe piernas.
Se unía al grupo un amigo de
Avispa, que haría con nosotros los primeros tramos de la etapa.
La salida un tanto convulsa
de esas que tanto le gustan a GPS.
Salimos por el parque del Cerro del Telégrafo y los miembros del pelotón dirigidos por GSP se tiraban cuesta abajo por la senda que baja hacia el río Jarama.
Salimos por el parque del Cerro del Telégrafo y los miembros del pelotón dirigidos por GSP se tiraban cuesta abajo por la senda que baja hacia el río Jarama.
Por detrás, oliéndonos la jugada el Profe y yo decidíamos obviar esta parte y esperar al grupo en la rotonda bajando hacia la Ermita del Cristo de Rivas. Rulo que tampoco estaba muy por la labor de tirarse por la cuesta, en el último momento se dio la vuelta y se vino con nosotros.
La espera fue larga, pero al fin veíamos subir a nuestros compañeros por una cuesta para pronto bajar hasta donde les esperábamos.
Voy a olvidar lo que salía de la boca de alguno de los que hicieron el primer tramo, pues no lo debieron pasar demasiado bien en la bajada. Me lo temía pues incluso andando es una zona para ir con cuidado.
Una vez juntos nos tiramos a tumba abierta por la carretera del Cristo, para salirnos de la carretera junto a los viveros Don Pedro, tocaba ira hacia Velilla de San Antonio y lo haríamos por la senda del Jabalí.
Ese camino es muy bonito y sobre todo fresco pues discurre en muchos de sus tramos bajo la vegetación de ribera.
En pelotón llegamos hasta Velilla y nada más pasar el pueblo y cruzar sobre el puente del arroyo Pantueña tuvimos que hacer un nuevo alto en el camino.
La bici del amigo de Avispa había tenido un pequeño percance y paramos arreglarlo. Ya sabéis, un pinchazo.
Entre picadura y picadura, los mosquitos estaban revueltos, cambiamos la cámara de su rueda y a seguir.
Seguimos adelante por la vega del río Jarama, por la margen izquierda. En un momento dado por detrás nos descolgamos y perdimos la cabeza del pelotón sin saber por dónde seguir adelante.
Tras un rato de esperas y cruce de llamadas de teléfono, volvimos a reunirnos junto al puente de las avispas. Allí el amigo de Avispa se despedía y el resto seguimos adelante hacia La Poveda.
Una vez en La Poveda empezamos a subir por la Vía Verde en dirección al Hospital del parque del Sureste, era la forma más rápida de acercarnos hasta nuestro destino, Morata de Tajuña.
Era allí donde GPS nos tenía reservada una pequeña ruta por una zona desconocida por el pelotón Nenaza. Una delicatesen de las que tanto le gustan.
Llegamos hasta las canteras de Morata, en lo alto de este pueblo y desde allí tocaba bajar. La ruta era desconocida, una senda por la que unas cuantas veces pasamos muy cerca pero que no supimos hasta donde llevaba y esta vez era la buena.
En el primer tramo antes de la carretera nos descolgamos Rulo y yo por detrás, ya sabéis los más precavidos del pelotón.
Una vez en la carretera intuimos que lo correcto era meternos por una senda estrecha que cruza la carretera por debajo pero elegimos otra ruta para enlazar de nuevo con el grupo.
Tras unas dudas y recorrer unos caminos, oímos las voces de GPS que nos llamaba. Estábamos cerca y por un camino en perfecto estado bajamos hasta donde nos esperaba.
Al final nos juntamos con el grupo en un curioso paraje de Morata de Tajuña. Es el Parque Juan de Ávalos, más conocido en Morata como El Bosque. Una zona ajardinada con zonas verdes, zonas deportivas, columpios e incluso un kiosco para pasar las noches de verano al frescor de los árboles.
Pelotón de la jornada
Foto: Marqués
Allí hicimos la parada del platanito, mientras la cual recorrí algunas zonas del parque.
Foto: Marqués
Allí hicimos la parada del platanito, mientras la cual recorrí algunas zonas del parque.
Llama la atención una gran
estatua, La Templanza, estatua donada por su creador Juan de Ávalos, una gran
escultura con tres dragones a los pies de un hombre muy alto vestido con una
túnica.
La Templanza de Juan de Ávalos
Foto: Marqués
Adentrándonos en el interior
nos encontramos con una gran piedra, conocida como los Pies de Cristo. Una
piedra recuperada de las canteras del Morata con unas curiosas marcas sobre
ella que le dan nombre.
Los Pies de Cristo
Foto: Marqués
Más dentro todavía encontramos una pequeña cascada artificial con dos charcas con una higuera y un puente que cruza su parte trasera. Un oasis en medio del bosque.
Foto: Marqués
Más dentro todavía encontramos una pequeña cascada artificial con dos charcas con una higuera y un puente que cruza su parte trasera. Un oasis en medio del bosque.
La pequeña cascada
Foto: Marqués
Una vez concluida la parada, repuestos, comidos y bebidos tocaba la vuelta para casa. La subida hacia el camino del Piolín la hicimos por una senda que va entre los pinos del Bosque.
Foto: Marqués
Una vez concluida la parada, repuestos, comidos y bebidos tocaba la vuelta para casa. La subida hacia el camino del Piolín la hicimos por una senda que va entre los pinos del Bosque.
Al principio tiene unos tramos un poco jorobaos, nos tuvimos que bajar de la bici y subirla a cuestas en algún punto, pero luego todo cambió y aunque no dejaba de subir, lo hacía más o menos suave por lo que se hace muy agradable. Al menos a mi me encantó ese tramo y creo que a las ardillas con las que nos cruzamos también les gusta.
Subiendo a lo alto desde El Bosque
Fotos: Jokin
Para bajar a petición de la
mayoría elegimos el camino que va en paralelo a la Vía Verde, el personal está
muy harto del Vaáamono.
Y a partir de ahí vinieron
mis problemas que concluyeron en el abandono de la etapa que os contaré a
continuación.
Por detrás nos volvimos a
descolgar Rulo, Avispa y yo. Pero una vez en la Vía Verde y cuando fui alcanzado
por Rulo nos percatamos que había pinchado.
Mientras intentábamos la
reparación, cambiando la cámara de la rueda trasera pasó Avispa, que iba muy
cansado a cola de pelotón.
Hicimos el cambio pero algo
fallaba, al intentar inflar de nuevo la rueda el aire entraba con dificultad y
no conseguíamos poner la rueda a punto.
Hartos de darle a la bomba y
con la rueda a medio inflar, bajamos por la Vía Verde hasta poder llegar a una
gasolinera para inflar la rueda con el compresor.
Ni por esas, no había
manera, el compresor se ponía a 7 bares y aun así no entraba aire suficiente.
Volvimos a reanudar la marcha pero la rueda se iba desinflando poco a poco hasta
que poco antes de llegar a La Poveda la bici dijo basta.
Andando llegué hasta la
carretera donde esperaba Rulo y donde concluimos nuestro periplo de ese
domingo.
Tuvimos que usar el comodín
de la llamada y ponernos en contacto con Jokin para que bajara a buscarnos.
Tras unas gestiones y viendo que comíamos allí, logramos que se viniera a por
nosotros con mi coche.
Tras una cerecita en Casa
Julián, para olvidar, llegó Jokin. Cargamos las bicis y para casa.
En el Chapu nos esperaba el
pelotón Nenazas, el Profe celebraba cumpleaños y era algo para recordar, medio
siglo no se cumple todos los días.
Felicidades Profe, tu sí que
eres grande y gracias a Jokin que perdió un poco tiempo en bajar en ayuda de
los necesitados, como debe ser.







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