En la semana previa al
puente de la Semana Santa nos quedamos en cuadro, la mayor parte del pelotón Nenaza
hizo pellas y desapareció. Ahí nos quedamos sujetando la bandera Josemari y
Marqués dejando el pabellón bien alto,
como no podía ser menos.
Decidimos irnos por tierras
que llevábamos tiempo sin visitar, el bajo Jarama. La salida como siempre por
las calles casi desiertas de nuestro municipio, hasta cruzar la carretera de
Valencia bajo el puente en dirección a las instalaciones de la Escuela de
Protección Civil.
Cruzamos el río Manzanares
junto a Casa Eulogio para una vez en la otra orilla girar a la izquierda para
bordear los cantiles hacia el desprendimiento y la junta de los río Jarama y
Manzanares, aguas arriba de la Presa del Rey
DesprendimientoFoto: Josemari
En el desprendimiento con la Presa del Rey al fondo
Foto: Josemari
El aspecto es cada vez más llamativo,
la primavera nos trae una plenitud de colores y un paisaje muy atractivo.
La idea era llegar hasta los
alrededores de la Warner y después decidir por donde circular con nuestras
bicicletas.
Cuando nos íbamos acercando
a nuestro siguiente destino se me ocurrió la idea de acercarnos al Caserío de
Gózquez de Arriba, un gran caserón por el que una vez pasamos cuando intentamos
hacer nuevas rutas.
El motivo, hacerme con un
tesorillo de Geocaching situado ahí en medio de la nada al que de otra forma me
costaría mucho más. Josemari soportó estoicamente mi deseo y me acompañó en la
búsqueda.
Muro construido para dificultar la entrada en la finca de GózquezFoto: Josemari
El problema fue la
aproximación hasta el lugar del escondite, sin pensarlo atravesamos la finca y
nos topamos con la valla que nos impedía cruzar al otro lado a menos de 10
metros de nuestro destino. Intentamos buscar la forma de cruzar al otro lado,
seguimos por la valla hacia Pinto hasta darnos cuenta que la única manera era cruzar
bajo un hueco del vallado y levantar cada bicicleta para llevarlas hasta el
otro lado. Así fue como rodamos por los suelos y las bicis volaron sobre el
cercado para ir en busca del escondite.
Caserío de Gozquez de ArribaFoto: Josemari
Luego la cosa fue sencilla,
meterse por unas escaleras hacia un túnel oscuro y negrísimo hasta llegar al
lugar donde estaba escondido el tesoro, iluminado por la luz que entraba por un
agujero en el techo de la cavidad.
El túnel del GeocachingFoto: Marqués
Una vez concluidas las
labores propias de este juego tocaba seguir adelante y decidir hacia donde se
dirigirían nuestras ruedas.
Volvimos hacia la carretera
de San Martín, decidiendo que había que darle caña al cuerpo y lanzarnos en pos
de una buena cuesta. Estaba claro, ha subir las rampas de Vallequillas para
seguir camino hacia zonas más altas.
Atravesamos las huertas del
Jarama hasta cruzar el puente sobre el río y plantarnos en la urbanización de
Vallequillas.
La subida, como siempre,
dura y pedregosa. Paramos donde siempre solemos hacer la parada del platanito.
Es un lugar que todos recordáis.
Descanso del platanito en VallequillasFoto: Josemari
Llegando a la parada del platanito
Foto: Josemari
Después continuamos hacia la
Vía Pecuaria, el Restaurante El Alto, la Cementera para hacer bajada por
nuestro emblemático camino Vaáamonos.
Ya quedaba poco por hacer
que bajarlo, pedalear por la carretera de Chinchón hasta el Puente de Arganda y
el pueblo de Rivas.
Para finalizar, las calles
del pueblo donde dejar las fuerzas que te quedan siempre pensando que al final
espera una terraza donde brindar con unas cerecitas en mano para celebrar los
69 kilómetros que nos metimos entre pecho y espalda. Ahí quedó eso.
Final con cerecitas en el ChapuFoto: Josemari
Gracias Josemari








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