11 de diciembre de 2011, al Rock & Rio para el bautizo de un nuevo Nenaza

Una mañana húmeda, después de una noche de llovizna meona, había dejado las calles de Rivas muy mojadas, aunque eso no fue motivo para que un pequeño grupo de Nenazas saliéramos a recorrer los campos del SE madrileño. Se echa de menos a algunos cagaos que están desaparecidos en combate y no dan ni señales de vida.

Un nuevo miembro de los Nenazas de Rivas iba a bautizarse con su primera salida en pelotón, Aurelio.

Aurelio en el helipuerto de Morata, el 6 de diciembre
Foto: Holandés

A falta de destino al que ir, y tras una breve discusión sobre donde aterrizar, que si al Cerro de los Angeles, que si aquí que si a allá. Al final la decisión fue intentar de nuevo un asalto al Rock & Rio, sobre las lomas de Arganda.

Salimos como últimamente por detrás del Cerro del Telégrafo, bajando por las calles hasta la laguna de El Campillo y allí cambiamos de ruta, para subir esta vez por la carretera de Chinchón en dirección al camino Vaaamono, por el nos arrastramos hasta la Via Verde. Un camino más corto que el realizado la semana anterior.

De nuevo, tomamos el camino que cruza bajo el puente metálico de la Via Verde y nos dirigimos hacia las canteras de Morata, pasando muy cerquita del lugar del último accidente. Por cierto, Trancas a recuperarte pronto, que se te echa de menos.

Esta vez seguimos hacia el Este, entre olivares, canteras y demás campos, por una ruta que hicimos en alguna ocasión pero en sentido contrario, lo que nos despistaba un tanto.

Llegamos a una Cañada, o quizás ya íbamos por ella cuando parte del pelotón se adelantó unos metros, lo que nos impidió tomar la dirección adecuada hacia el Rock & Rio.

La Cañada nos llevaba hacia Perales de Tajuña, y de nuevo aunque los de delante seguían escapados, con unos gritos volvieron hacia atrás, para meternos por un pequeño camino que se separaba de la Cañada y nos dirigía hacia la A-III.

Cuando teníamos la autovía a la vista, el Rock & Rio no se veía, y quedaba muy al Oeste de donde estábamos, es decir, nos habíamos pasado de largo. Estábamos donde la A-III baja hacia el rio Tajuña, muy cerca de Perales de Tajuña.

Los caminos nos llevaron a una carretera, la antigua nacional que baja a Perales de Tajuña, que tomamos en dirección contraria hasta poco antes de llegar a la A-III, donde cogimos el acceso al Rock & Rio para llegar hasta su aparcamiento, con un frío muy intenso.

Profe en el aparcamiento del Rock & Rio
Foto: Lemond

Llegamos al aparcamiento del Rock & Rio
Por Lemond

Allí la parada de descanso para el platanito, y para recuperar fuerzas que nos permitieran volver hacia Arganda.

Pelotón de la jornada, con dos morsas incluidas
Foto: Marqués

La bajada no estaba clara, ninguno recordaba por donde subimos en la etapa que llegamos al mismo lugar, así que tocaba improvisar.

Cruzamos bajo la A-III por un túnel conocido, y allí empezaba el dilema, ¿por donde ir?.

Un poco de orientación, un poco de intuición y algo de suerte, porque no decirlo, nos llevaron por un sinuoso camino que nos llevó de nuevo a zona conocida. Prueba superada, my friends.

Pasamos junto al otro túnel que fue el tomado en la anterior etapa para la subida y estabamos ya en el camino correcto que baja hasta Arganda.

Después junto al área recreativa, esa del merendero bajo a la A-III (pone un cartel con el nombre, hay que mirarlo la próxima vez), y el camino nos llevó directo hasta la Via Verde, muy cerca del Hospital de Arganda.

Allí, el gracioso del Holandés que decía que habíamos hecho pocos kilómetros, tan solo 35 hasta ese momento, nos propuso subir hasta el Vaaamono y bajar por donde habíamos subido.

Muy a regañadientes, al menos yo, hicimos lo que nos propuso. Mala decisión por mi parte, porque la cuesta terminó con las pocas fuerzas que aun me quedaban.

Me esperaron junto al puente metálico y "Vaaamono".

A bajar, Vaaamono
Foto: Lemond

De nuevo, nos juntamos todos, y ya por última vez, junto a la carretera de Chinchón. Es el último lugar donde llegué entero, pues el resto del camino, incluido el pueblo, fue un castigo para mi.

Completamos un recorrido de 62 kilómetros en el Camelot, unos en bici y otro en coche desde casa, para dar fe de una dura etapa.

La ruta del día
Imagen en Google Earth

Queda admitido el nuevo Nenaza Aurelio, que mantuvo el tipo en todo momento y dejó claro que la preparación previa ha sido suficiente.

Nos vemos el domingo.

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