Cuando al Holandés se le ocurrió, o eso creo recordar, ir a Chinchón, pasó por mi mente aquella etapa de principios del otoño, cuando ir a Chinchón era un sueño que se cumplía.
Ahora mismo puede que no tenga clara noción de cúal de las dos veces fue más dura para mí, pero coincido con los comentarios de alguno y matizo que ha podido ser la más dura de las realizadas hasta ahora, incluso más que la de Titulcia, y eso que en esa también se sufrió. La madre del cordero con la etapita de la Chinchón.
Fuimos convocados por el Holandés a las 9 menos cuarto para salir un poco antes, pero ninguno hizo caso y salvo el que escribe, y nadie se presentó hasta las 9 en punto o algo más.
Salimos raudos y veloces para bajar el pueblo, camino de la carretera de Chinchón, y para subir el Vaáamono. Ni siquiera se hizo la sendita que rodea el Cerro del Telégrafo.
En el Vaáamono se despidió Antonio, como casi siempre y bien que lo hizo, porque yo no tenía en mente realizar toda la etapa y lo hice. Seguí en parte animado por Josemari pues quedamos en volvernos al llegar a Morata.
El pelotón de la jornada
Foto: Marqués
Rodeamos todas las canteras de Morata hasta llegar a la senda empinadísima por el camino del infierno que también cansa piernas y brazos, como dice el Holandés. Y en ese punto ya en Morata, deberíamos habernos dado la vuelta o al menos yo lo debería haber hecho.
Pero sin nada de tregua, seguimos por la Vía verde del Tajuña en dirección hacia Perales de Tajuña, hasta cruzar la carretera que une ambas localidades, la M-313, para empezar la subida de 12 kilómetros continuos, de la que os hablaba de nuevo el Holandés en su correo.
A los pocos kilómetros de empezar a subir, y para esquivar una pequeña cementera, hay que hacer un rodeo, que ya conocéis los que vinisteis la otra vez, y retomar de nuevo el mismo camino tras subir una cuestecita, que como bien dice Josemari, no hay cojones de subirla encima de la burra. Muy empinada y con piedras sueltas, ninguno la subió sin empujar la burra a pie.
Profe y Marqués subiendo el cuestorrón
Fotos: Josemari
Un trago de agua, una barrita y para adelante, que Chinchón nos esperaba. La subida cada uno como pudo y el pelotón se juntó en la bella plaza de Chinchón. Allí todos eramos repetidores de aquella etapa del 9 de octubre del año pasado.
Los que llegamos a Chinchón
Foto: Marqués
Allí hubo tiempo de fotos, platanito, de beber y algunos incluso de comernos un trocito de Leche frita, que supo a gloria.
Josemari y Lemond en la plaza de Chinchón
Foto: Marqués
Lemond había propuesto volver tras nuestros pasos para no bajar hacia el Tajuña por el camino previsto y así esquivar la subida a Valgrande, tras atravesar este rio. Pero GPS nos convenció rápidamente que daríamos mucha más vuelta y que el camino hecho así era mucho más corto.
Lo será, sí que lo será, pero duro de cojones os lo aseguro a los que no lo conozcáis, porque después de bajar las terrazas del Tajuña, cruzar el rio y recorrer el maldito caminito lleno de baches junto a la laguna de San Galindo, llegamos a la carretera y delante teníamos la subida de Valgrande o Valsuputamadre, como bien la llama Josemari.
La subida es agotadora, sobre todo cuando llevas muchos kilómetros ya en las piernas. Aunque había que llegar hasta arriba y se llegó, mal pero se llegó.
A tres ya los perdimos definitivamente por delante, y los otros tres nos rejuntamos en la zona alta de la urbanización. Solo nos quedaba continuar hasta la cementera, el Vaáamono, la carretera de Chinchón al Puente de Arganda y la subida por las calles del pueblo. Para completar alrededor de 80 kilómetros de ná.
Los de atrás no llegamos a la cita del Camelot y eso como dice Josemari es: IMPERDONABLE.
Te dedico esta crónica Profe, porque no te nombro en ella pero estas en cada párrafo delante de mi, igual que de mi bicicleta en toda la etapa.
Ahora mismo puede que no tenga clara noción de cúal de las dos veces fue más dura para mí, pero coincido con los comentarios de alguno y matizo que ha podido ser la más dura de las realizadas hasta ahora, incluso más que la de Titulcia, y eso que en esa también se sufrió. La madre del cordero con la etapita de la Chinchón.
Fuimos convocados por el Holandés a las 9 menos cuarto para salir un poco antes, pero ninguno hizo caso y salvo el que escribe, y nadie se presentó hasta las 9 en punto o algo más.
Salimos raudos y veloces para bajar el pueblo, camino de la carretera de Chinchón, y para subir el Vaáamono. Ni siquiera se hizo la sendita que rodea el Cerro del Telégrafo.
En el Vaáamono se despidió Antonio, como casi siempre y bien que lo hizo, porque yo no tenía en mente realizar toda la etapa y lo hice. Seguí en parte animado por Josemari pues quedamos en volvernos al llegar a Morata.
El pelotón de la jornada
Foto: Marqués
Rodeamos todas las canteras de Morata hasta llegar a la senda empinadísima por el camino del infierno que también cansa piernas y brazos, como dice el Holandés. Y en ese punto ya en Morata, deberíamos habernos dado la vuelta o al menos yo lo debería haber hecho.
Pero sin nada de tregua, seguimos por la Vía verde del Tajuña en dirección hacia Perales de Tajuña, hasta cruzar la carretera que une ambas localidades, la M-313, para empezar la subida de 12 kilómetros continuos, de la que os hablaba de nuevo el Holandés en su correo.
A los pocos kilómetros de empezar a subir, y para esquivar una pequeña cementera, hay que hacer un rodeo, que ya conocéis los que vinisteis la otra vez, y retomar de nuevo el mismo camino tras subir una cuestecita, que como bien dice Josemari, no hay cojones de subirla encima de la burra. Muy empinada y con piedras sueltas, ninguno la subió sin empujar la burra a pie.
Profe y Marqués subiendo el cuestorrón
Fotos: Josemari
Un trago de agua, una barrita y para adelante, que Chinchón nos esperaba. La subida cada uno como pudo y el pelotón se juntó en la bella plaza de Chinchón. Allí todos eramos repetidores de aquella etapa del 9 de octubre del año pasado.
Los que llegamos a Chinchón
Foto: Marqués
Allí hubo tiempo de fotos, platanito, de beber y algunos incluso de comernos un trocito de Leche frita, que supo a gloria.
Josemari y Lemond en la plaza de Chinchón
Foto: Marqués
Lemond había propuesto volver tras nuestros pasos para no bajar hacia el Tajuña por el camino previsto y así esquivar la subida a Valgrande, tras atravesar este rio. Pero GPS nos convenció rápidamente que daríamos mucha más vuelta y que el camino hecho así era mucho más corto.
Lo será, sí que lo será, pero duro de cojones os lo aseguro a los que no lo conozcáis, porque después de bajar las terrazas del Tajuña, cruzar el rio y recorrer el maldito caminito lleno de baches junto a la laguna de San Galindo, llegamos a la carretera y delante teníamos la subida de Valgrande o Valsuputamadre, como bien la llama Josemari.
La subida es agotadora, sobre todo cuando llevas muchos kilómetros ya en las piernas. Aunque había que llegar hasta arriba y se llegó, mal pero se llegó.
A tres ya los perdimos definitivamente por delante, y los otros tres nos rejuntamos en la zona alta de la urbanización. Solo nos quedaba continuar hasta la cementera, el Vaáamono, la carretera de Chinchón al Puente de Arganda y la subida por las calles del pueblo. Para completar alrededor de 80 kilómetros de ná.
Los de atrás no llegamos a la cita del Camelot y eso como dice Josemari es: IMPERDONABLE.
Te dedico esta crónica Profe, porque no te nombro en ella pero estas en cada párrafo delante de mi, igual que de mi bicicleta en toda la etapa.







1 comentario:
Buena crónica como siempre marques, espero que este domingo me dejen salir. No te mojes mucho Marqués que el tiempo está muy malito
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