Después de los estragos causados por la etapa a Chinchón del pasado domingo, la afluencia de Nenazas esa mañana estaba entre interrogantes. Se había hablado de hacer alguna ruta suave con la que serenar los cuerpos y las mentes, hubo incluso alguna tímida propuesta durante la semana de etapa llanita y de transición, pero está claro que nuestro GPS es como los Reyes Magos: tú les pides lo que quieres, que ellos te traerán lo que les salga de los coj...
El caso es que nos juntamos 6 Nenazas en el punto de reunión, 3 de los habituales y otros 3 a los que antes de salir hubo que refrescar los conceptos básicos del pedaleo, puesto que hacía semanas que no nos honraban con su presencia. Hubo notables ausencias en el pelotón, unos lesionados, otros con obligaciones, alguno confundido por la noche y, sobre todo, la del cronista –reportero habitual, nuestro insigne Marqués de la Foto.
Y allá que nos fuimos, en dirección al Vaáamono. Pero como bien dijo alguno, era el día de las “vueltas tontas” y empezaron pronto. Nada más salir, bajada por el pinar y, para calentar piernas, nos lanzamos, siguiendo a GPS, por el sendero que bordea el cerro en sentido contrario al habitual, añadiendo algún tramo más, muy entretenido, para acabar en el mismo sitio de partida y enfilar ahora sí dirección al Auditorio, la laguna del Campillo y carretera de Chinchón.
En la laguna hubo un ligero amago de un grupo de ciclistas de unirse a los Nenazas en su ruta, puesto que uno era conocido de Rulo, pero se ve que nuestro porte de atletas los acobardó y echó para atrás, así que continuamos los seis, camino del Vaáamono. Al poco de comenzar éste, sorpresa para alguno de los Nenazas, ya que nos desviamos del camino cogiendo la subida del Monte Cerros Concejiles.
A partir de ahí, nos pusimos en manos de GPS y empezamos un carrusel continuo de subidas y bajadas en un palmo de terreno. Desde la primera desviación de la subida de los Cerros Concejiles que cogimos, éste que habla, no se enteró por donde iba. Para ser breve, durante unos 25 kms subimos varias cuestas cortas pero duras y nos despeñamos, unos más que otros, por alguna bajada apta sólo para locos del descenso, llenita de piedras de buen tamaño, en la que alguno de nosotros, entre los que me incluyo, prefirió apostar por la integridad física y, aparcando la dignidad ciclista, echar pie a tierra.
A partir de ahí, nos pusimos en manos de GPS y empezamos un carrusel continuo de subidas y bajadas en un palmo de terreno. Desde la primera desviación de la subida de los Cerros Concejiles que cogimos, éste que habla, no se enteró por donde iba. Para ser breve, durante unos 25 kms subimos varias cuestas cortas pero duras y nos despeñamos, unos más que otros, por alguna bajada apta sólo para locos del descenso, llenita de piedras de buen tamaño, en la que alguno de nosotros, entre los que me incluyo, prefirió apostar por la integridad física y, aparcando la dignidad ciclista, echar pie a tierra.
Foto: Holandés
En fin, que después de bajar los humos a algún fantasma que quiso adelantarnos subiendo y al que hubo que poner en su sitio, acabamos comiendo el platanito en el merendero de La Dehesa.
Una dura jornada
Foto: Holandés
De ahí iniciamos ya la vuelta al Camelot, pasando por una finca donde pudimos ver de cerca varios novillos bravos, detrás de un cercado, claro.
De nuevo, cuesta pa´rriba, cuesta pa´bajo algunos kilómetros más, para acabar tirándonos por un sendero muy estrecho, rematado en un tobogán del que algún Nenaza disfrutó mucho y otros más bien nada, que para gustos los colores, afortunadamente.
Desde allí y a ritmo vivo, atravesamos la carretera que une Arganda con la de Chinchón para acabar saliendo a ésta última a la altura de las antenas de Radio Nacional. Luego, lo ya habitual, de nuevo la laguna y, con alguno cruzando hasta los dedos de los pies para que no surgiera la idea de subir por los cortados, nos lanzamos a por la recompensa del Camelot cada uno por donde le pareció.
Total, etapa rápida, que no del todo corta, 53 kms, bonita, muy variada y entretenida, y todo en muy poco espacio, para poder acabar a buena hora disfrutando de una cerecita o dos o tres, aunque sin poder ver al Aleti, por problemas de la técnica, hasta casi el final del partido, a pesar de los esfuerzos del Avispa y Rulo por sintonizar al equipo de sus sinsabores, como luego se demostró.
Y lo siento Marqués, no hay foto de grupo, tan solo alguna rápida. Y es que sin ti, no es lo mismo.
Una parte del pelotón Foto: Holandés



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