Las previsiones de temperatura de nuevo nos daban una tregua para el domingo, por lo cual se convocaba una nueva etapa para esa mañana a las 8:30h. Madrugar un poco menos para que los que les confunde algo la noche puedan descansar un poco más.
A esa hora empezaron a llegar poco a poco los componentes del pelotón, pero Sargento Pegatinas ¿que te pasó?, te confundió del todo. Esos gins hacen pupita.
Así que tras una corta espera por si llegaba alguno más, dimos salida a la etapa neutralizada 10 minutos más tarde en dirección al Cristo de Rivas. GPS de nuevo había preparado una etapita de las suyas.
Hasta Velilla e incluso un poco más allá, conocéis todos la ruta, aunque quede dicho que volvimos a olvidarnos de la Senda del Jabalí, es empezar alargando y para alargar o acortar está el final.
Al llegar al puente que cruza por encima de la R-III, en el camino de subida hacia Loeches cambiamos de dirección y tomamos una ruta nueva. Discurría paralela a esa radial en dirección a Arganda, sin cruzarla en ningún momento.
Una vez en las estribaciones de Arganda, en una zona llamada Los Villares, que también conocéis bien, en el inicio de la pista blanca que pasa por el picadero de caballos vinieron las dos primeras bajas del pelotón. Un par de miembros nos dejaban. Foto y a continuar el resto.
Caminito hacia arriba continuamos para juntarnos en la chopera que hay junto a la puerta metálica enorme, aquella que cerraron y abrieron por decreto. En ese lugar vino la primera negociación pues había dos alternativas para continuar. Una subir por la trialera que sale de la senda que baja de Campo Real, más corta, empinada y pedregosa o el camino que sale desde la misma chopera a la derecha, más largo, también con muchas cuestas y que acaba en el mismo lugar. La decisión en manos de Locomotoro, y fue por la directa, a subir y a subir, con dos cojones.
La reunión siguiente arribita del todo, junto al puente que cruza por encima de nuevo la R-III, de la que nos alejamos definitivamente. De allí quedaba poco para nuestro destino, de nuevo el Rock in Río.
Los siguientes kilómetros junto a grúas, maquinaria diversa y alguna que otra cantera, cruzando carreteras y bajo la N-III hasta llegar al recinto ferial del Rock in Río Madrid 2012. Allí todo parecía una batalla campal, la noche anterior había terminado el festival musical y había más basura por el suelo que en un vertedero. Eso sí, los operarios afanados en la limpieza del lugar.
El platanito
Fotos: Marqués
Aprovechamos que habían quitado la gran valla que cubre el cartel del recinto y nos hicimos la foto sentados bajo él. La foto nos la hizo un barrendero con un cañón soplador de aire, que hacía montones de residuos para recogerlos después.
El descanso se alargó entre risas y recibiendo mensajes del Holandés, que se había ido a la Sierra Pobre y nos mandaba testimonios de su etapa personal por el puertos serranos, en concreto el de La Puebla de la Sierra. Por las alturas.
Continuamos ya de regreso hacia el camino del Vaáamono por las canteras de Morata, entre olivares y polvaredas en las zonas de extracción, donde tuvimos un pequeño despiste que nos sacó de la ruta y nos llevó a contemplar una nueva vista de Morata de Tajuña y el valle de ese río desde lo alto. Muy bonito.
Un poco hacia atrás y camino del Vaáamono. Cuando llevábamos un trecho recorrido nos encontramos con un par de despistados, los denominados por GPS como Empanaos. Estaban buscando la vía verde entre los olivos, y estaban más perdidos que un pulpo en un garaje. En Morata perdieron la vía verde y la buscaban por allí. Además, uno de ellos no estaba hecho a las piedras de los camino, solo quería suelo firme y liso. Los dejamos en la vía verde junto al puente metálico.
De ahí sin pérdida hasta Arganda o de regreso a Morata, quien sabe.
Solo nos quedaba el Vaáamono cuesta abajo, la carretera de Chinchón y la última parada en la fuente del parque en el pueblo de Rivas.
Solo quedaban las calles de Rivas, y lo mismo de siempre, camino del Camelot que tenía el cierre changado, acabando todos en casa del Profe, degustando unas cerecitas y aperitivos de nuestro anfitrión, de nuevo el mismo de la semana anterior.
Ni que decir tiene, que aunque alguno se empeñó en decir que la etapa había que alargarla porque era ridícula, nos cascamos 56 km del ala como el que no quiere la cosa. Lo podéis ver mejor en la ruta que nos manda GPS.
El domingo más y mejor. Ciao.







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