14 de octubre de 2012, una etapa por los montes de Arganda

Como no podía ser menos, el domingo por la mañana tras la convocatoria hecha el sábado, tenía lugar la reunión de los Nenazas dispuestos a tomar parte en la etapa.
 
A la cita acudieron 8 avezados pedaleros, no está mal aunque los números podrían ser más altos. Ánimo al resto.

A falta del guía habitual, la dirección hacia donde ir era una duda antes de la partida. Aunque en un alarde de rapidez mental, Jokin eligió la ruta que después completaríamos.

El inicio hacia el pueblo por el Cerro del Telégrafo, o sea, lo habitual en las salidas hacia esa zona. Sin tregua y por la avenida Pilar Miró, llegamos hasta el pueblo, la laguna del Campillo y como no, la carretera de Chinchón.

Como podeis imaginar, la ruta continuaba por el camino Vaáamono, también de los más habituales en nuestras salidas. Pero como el encargado de la etapa era el Holandés, la etapa no subiría hasta arriba sino que giró para subir las empinadas cuestas de los Cerros Concejiles. ¡Como le gusta ese camino a Jokin!

Ahí se desmembró el grupo en dos partes, aunque para decir la verdad los de atrás llegamos juntos hasta el punto de encuentro gracias o a causa de una furgoneta que impedía el discurrir de algunos de los que iban enmedio.

Nos juntamos al llegar a la Vía Verde, donde se hizo la foto de pelotón al completo y donde Antonio y Rulo se daban la vuelta para casa. Antonio por haber cumplido su cupo y Rulo aquejado de un fuerte dolor de codo. Ese paddel no puede ser bueno. Esperemos te hayas recuperado.
 
Pelotón al completo
Foto: Josemari

La etapa continuaba subiendo por los caminos repletos de encinas y quejigos del monte argandeño para hacer la parada del platanito en el Parque de la Dehesa del Carrascal. Para reponer fuerzas, como es de rigor y continuar la etapa un poco más relajados.

En el parque de la Dehesa del Carrascal
Foto: Josemari

Lo siguiente era seguir la ruta hacia el Rock in Rio, ya por caminos más suaves y poco empinados. Continuando hacia las canteras de Morata y con la reunión en lo alto del Vaáamono.

De allí tocaba bajar, pero para evitar las pasadas de los más rápidos, el gavilán y Josemari fueron obligados a salir en cabeza. De poco sirvió pues ambos con ganas de juerga, se escondieron tras unas encinas y se dedicaron a ir adelantando de nuevo al grupo.
 
Del resto poco que contaros, pues me descolgué del pelotón y terminé mi recorrido de 56 kilómetros en solitario. Que le vamos a hacer.

El final en el Camelot, donde nos juntamos 4 de los ruteros, aunque el Gavilán que llegó ya aseado y limpito en compañía de su hijo Diego también se unió al grupo, para dar buena cuenta de las cerecitas de rigor.
 
En el Camelot
Foto: Josemari

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