De
nuevo el parte meteorológico anunciaba lluvias para esta mañana de domingo, ya
el sábado había llovido un tanto y eso fue la excusa que adujo más de uno para
quedarse encamado y no acudir a la cita.
La mañana despertó sin lluvia a la hora de levantarse donde cuatro valientes decidimos salir de nuevo a intentar que las nubes no descargaran su preciado tesoro sobre nuestras cabezas y eso es lo que ocurrió a lo largo de casi toda la mañana, salvo unas finas gotitas de chirimiri que nos regaron unos minutos. Eso no era ningún tipo de excusa para quedarse en casa.
La mañana despertó sin lluvia a la hora de levantarse donde cuatro valientes decidimos salir de nuevo a intentar que las nubes no descargaran su preciado tesoro sobre nuestras cabezas y eso es lo que ocurrió a lo largo de casi toda la mañana, salvo unas finas gotitas de chirimiri que nos regaron unos minutos. Eso no era ningún tipo de excusa para quedarse en casa.
Al
pelotón se reincorporaba el Profe, después de un invierno convulso, desde
principios de diciembre solo había tomado la salida en dos de las etapas, pero
este era el día señalado para su vuelta. Los demás tres incombustibles, los que
casi nunca fallan.
En ese momento la duda era hacia dónde dirigirnos pues hacia el sur el cielo estaba negrísimo y podía ser arriesgado ir en esa dirección. Pero con un par hacia el sur nos dirigimos.
Salimos por las calles del pueblo hacia la laguna de El Campillo. Por las calles más cercanas al casco antiguo el agua en el suelo era abundante, alguna nube había descargado en esa zona poco antes de nuestro paso, muchos charcos evidenciaban lo ocurrido durante la noche.
Una vez en la laguna, la decisión fue seguir adelante por nuestro camino más habitual, el tramo de la carretera de Chinchón y el Vaáamono, camino que no se embarra por mucho que llueva, donde solo se ve agua en los dos charcos que a modo de surgencias, mantienen agua durante mucho tiempo. Durante la subida las comentadas gotas que no llegaban ni a mojarnos, aunque en nuestras cabezas planeaba la sombra de que podría ser peor lo que nos quedaba por delante y caerse el cielo sobre nuestras cabezas.
Hasta arriba llegó el pelotón con los cuatro ciclistas de forma independiente, incluso Holandés hizo una incursión hacia abajo en busca del más retrasado. Fue la forma de llegar arriba el primero y completar el reportaje fotográfico del resto de los compañeros, incluido Holandés.
En ese momento la duda era hacia dónde dirigirnos pues hacia el sur el cielo estaba negrísimo y podía ser arriesgado ir en esa dirección. Pero con un par hacia el sur nos dirigimos.
Salimos por las calles del pueblo hacia la laguna de El Campillo. Por las calles más cercanas al casco antiguo el agua en el suelo era abundante, alguna nube había descargado en esa zona poco antes de nuestro paso, muchos charcos evidenciaban lo ocurrido durante la noche.
Una vez en la laguna, la decisión fue seguir adelante por nuestro camino más habitual, el tramo de la carretera de Chinchón y el Vaáamono, camino que no se embarra por mucho que llueva, donde solo se ve agua en los dos charcos que a modo de surgencias, mantienen agua durante mucho tiempo. Durante la subida las comentadas gotas que no llegaban ni a mojarnos, aunque en nuestras cabezas planeaba la sombra de que podría ser peor lo que nos quedaba por delante y caerse el cielo sobre nuestras cabezas.
Hasta arriba llegó el pelotón con los cuatro ciclistas de forma independiente, incluso Holandés hizo una incursión hacia abajo en busca del más retrasado. Fue la forma de llegar arriba el primero y completar el reportaje fotográfico del resto de los compañeros, incluido Holandés.
Tras
la foto de pelotón, Jamones decidió que había cumplido su cupo y regresaba para
casa. El Profe se puso en nuestras manos y donó su cuerpo a la ciencia, nos
dejaba que le lleváramos donde nos apeteciera aunque su forma física no era la
mejor por su tiempo alejado del pedal. La forma se recupera dándole caña al
cuerpo.
Tras
unas negociaciones decidimos ir hacia la cementera, tomar la vía pecuaria que
va hacia Titulcia y bajar hacia el Jarama por Vallequillas. Una ruta un tanto
larga aunque con relieve poco marcado.
Llegamos
juntos hasta el camino donde nos desviamos hacia Vallequillas. Bajando el Profe
era el puto amo pues iba encabezando el mini pelotón por delante de los demás,
un poco más miedosos o precavidos.
La
parada del platanito en el lugar habitual donde reposamos tras la subida de
esta empinada cuesta. Allí la falta de viento y el sol que nos calentaba fue un
bálsamo para recuperar fuerzas.
Los más valientes
Foto: Marqués
Foto: Marqués
Solo
nos quedaba el cuestorrón hacia abajo, pedregoso como pocos para llegar de
nuevo al plano, junto al puente que cruza el río Jarama en las cercanías de San
Martín de la Vega. Hasta ahí llegó de nuevo por delante el Profe, seguido muy
de cerca por Holandés y el que escribe cerrando el grupo a unos metros.
Recorrimos
toda la vega del Jarama de vuelta hacia Rivas por los caminos habituales sin hacerlo
por la pista asfaltada que va hacia la Presa del Rey, eligiendo como camino
hacia dicha presa el anexo al canal de riego que sale de ella.
Al
desprendimiento llegamos tras ese recorrido tan plano y suave, solo alterado
por la última cuestecilla que nos lleva hasta el desprendimiento.
Desde
allí a Holandés, como no podía ser menos, le perdimos de vista por delante y no
nos uniríamos a él hasta llegar a la parada de la barrera de hierro en Casa
Eulogio. Y a partir de ahí tampoco le volveríamos a ver hasta la llegada a
nuestra meta.
En
ese tramo es donde el Profe notó más su inactividad, pero a su ritmo sin
cambiar su cadencia de pedalada recorrimos las calles del pueblo para llegar al
Camelot después de los 56 kilómetros de marras. Ahí queda eso.
En
el Camelot tocaba celebración, a ella acudieron GPS y el anfitrión Avispa, que
celebraba su cumpleaños con nosotros. Unas cuantas cerecitas, unas ricas
viandas y sobre todo buena compañía para que esta fecha tan señalada no pasara
como un día más. Felicidades compañero, que gran año en el que naciste, que buena
cosecha la del 65.





No hay comentarios:
Publicar un comentario