17 de marzo de 2013, el regreso de un grande


De nuevo el parte meteorológico anunciaba lluvias para esta mañana de domingo, ya el sábado había llovido un tanto y eso fue la excusa que adujo más de uno para quedarse encamado y no acudir a la cita.

La mañana despertó sin lluvia a la hora de levantarse donde cuatro valientes decidimos salir de nuevo a intentar que las nubes no descargaran su preciado tesoro sobre nuestras cabezas y eso es lo que ocurrió a lo largo de casi toda la mañana, salvo unas finas gotitas de chirimiri que nos regaron unos minutos. Eso no era ningún tipo de excusa para quedarse en casa.
Al pelotón se reincorporaba el Profe, después de un invierno convulso, desde principios de diciembre solo había tomado la salida en dos de las etapas, pero este era el día señalado para su vuelta. Los demás tres incombustibles, los que casi nunca fallan.

En ese momento la duda era hacia dónde dirigirnos pues hacia el sur el cielo estaba negrísimo y podía ser arriesgado ir en esa dirección. Pero con un par hacia el sur nos dirigimos.

Salimos por las calles del pueblo hacia la laguna de El Campillo. Por las calles más cercanas al casco antiguo el agua en el suelo era abundante, alguna nube había descargado en esa zona poco antes de nuestro paso, muchos charcos evidenciaban lo ocurrido durante la noche.

Una vez en la laguna, la decisión fue seguir adelante por nuestro camino más habitual, el tramo de la carretera de Chinchón y el Vaáamono, camino que no se embarra por mucho que llueva, donde solo se ve agua en los dos charcos  que a modo de surgencias, mantienen agua durante mucho tiempo. Durante la subida las comentadas gotas que no llegaban ni a mojarnos, aunque en nuestras cabezas planeaba la sombra de que podría ser peor lo que nos quedaba por delante y caerse el cielo sobre nuestras cabezas.

Hasta arriba llegó el pelotón con los cuatro ciclistas de forma independiente, incluso Holandés hizo una incursión hacia abajo en busca del más retrasado. Fue la forma de llegar arriba el primero y completar el reportaje fotográfico del resto de los compañeros, incluido Holandés.
 









Imagenes del pelotón
Fotos: Marqués


Tras la foto de pelotón, Jamones decidió que había cumplido su cupo y regresaba para casa. El Profe se puso en nuestras manos y donó su cuerpo a la ciencia, nos dejaba que le lleváramos donde nos apeteciera aunque su forma física no era la mejor por su tiempo alejado del pedal. La forma se recupera dándole caña al cuerpo.

Tras unas negociaciones decidimos ir hacia la cementera, tomar la vía pecuaria que va hacia Titulcia y bajar hacia el Jarama por Vallequillas. Una ruta un tanto larga aunque con relieve poco marcado.

Llegamos juntos hasta el camino donde nos desviamos hacia Vallequillas. Bajando el Profe era el puto amo pues iba encabezando el mini pelotón por delante de los demás, un poco más miedosos o precavidos.

La parada del platanito en el lugar habitual donde reposamos tras la subida de esta empinada cuesta. Allí la falta de viento y el sol que nos calentaba fue un bálsamo para recuperar fuerzas.

Los más valientes
Foto: Marqués

Solo nos quedaba el cuestorrón hacia abajo, pedregoso como pocos para llegar de nuevo al plano, junto al puente que cruza el río Jarama en las cercanías de San Martín de la Vega. Hasta ahí llegó de nuevo por delante el Profe, seguido muy de cerca por Holandés y el que escribe cerrando el grupo a unos metros.

Recorrimos toda la vega del Jarama de vuelta hacia Rivas por los caminos habituales sin hacerlo por la pista asfaltada que va hacia la Presa del Rey, eligiendo como camino hacia dicha presa el anexo al canal de riego que sale de ella.

Tras cruzar una cadenaaa
Foto: Marqués
 

Al desprendimiento llegamos tras ese recorrido tan plano y suave, solo alterado por la última cuestecilla que nos lleva hasta el desprendimiento.

Desde allí a Holandés, como no podía ser menos, le perdimos de vista por delante y no nos uniríamos a él hasta llegar a la parada de la barrera de hierro en Casa Eulogio. Y a partir de ahí tampoco le volveríamos a ver hasta la llegada a nuestra meta.

En ese tramo es donde el Profe notó más su inactividad, pero a su ritmo sin cambiar su cadencia de pedalada recorrimos las calles del pueblo para llegar al Camelot después de los 56 kilómetros de marras. Ahí queda eso.

En el Camelot tocaba celebración, a ella acudieron GPS y el anfitrión Avispa, que celebraba su cumpleaños con nosotros. Unas cuantas cerecitas, unas ricas viandas y sobre todo buena compañía para que esta fecha tan señalada no pasara como un día más. Felicidades compañero, que gran año en el que naciste, que buena cosecha la del 65.

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