3 de marzo de 2013, por los campos del Este de Madrid hasta Pozuelo del Rey


Una nueva mañana en la que un grupete de colegas quedaba convocado para realizar una nueva etapa, también hubo bajas de última hora de algunos que habían comprometido su asistencia, aunque no llegaron.

Nuestro guía GPS había preparado una etapa hacia el Este, saliendo por el Cristo de Rivas, cosa que no pudo ser posible porque teníamos que recoger a Caracol, que nos esperaba en el Miguel Ríos. Así la bajada hacia el río Jarama fue cambiada para hacerla por el pueblo y recuperar el camino previsto más adelante.

Con todo ello, y tras bajar hasta la laguna de El Campillo, la rodeamos por la senda junto al rio, para cruzar más adelante por el “puente de las avispas”.
 
Cruzando el puente de las avispas
Foto: Casper

Tras cruzarlo, seguimos camino adelante junto al río para llegar hasta el azud del Jarama, camino que nos conduce río arriba en busca de la zona Este madrileña.

Llegamos hasta la carretera que une La Poveda con Velilla de San Antonio, para cruzarla y circular por una nueva ruta circulando por un camino en busca de la subida tradicional hacia Loeches.

Nos juntamos en el puente que cruza por encima la R-III, donde iniciaban la vuelta las dos primeras bajas de la jornada. Demasiado pronto creo yo, pues con solo 14 kilómetros poco se puede llegar a calentar las piernecitas. Cada uno a su ritmo pero dejo caer un mensaje, lo que dejas de hacer lo pierdes. Foto de rigor y p’arriba.
 
Pelotón de la jornada
Foto: Marqués

Continuamos los 7 que quedábamos camino de Loeches, a ritmo curioso y recuperando terreno a un grupo de machotes que nos adelantaron en el puente.

Unificación arriba, nada más entrar en las primeras calles del pueblo, para continuar cruzándolo en busca de las rampas que nos llevarían hacia Pozuelo del Rey, un camino conocido pero poco usado, al menos en esta dirección.

Pues eso, que nada más cruzar Loeches venía uno de los cuestones de la jornada, seguro que el más empinado y duro de la zona. Lo llaman la subida a "El Colombiano”, no se sabe muy bien porque, no logré encontrar explicación. Una subida muy durita, con un primer repecho para quitar el hipo, un pequeño plano y la subida definitiva para llegar hasta lo alto. Duro, muy duro.
 
Subida del Colombiano
Foto: Marqués

Una vez en el plano, o en la subida tendida para alguno, vimos que Caracol iba tocado con un desvanecimiento causado por el esfuerzo, una pájara en condiciones. Pero no cejaba en el intento y ni se rendía para seguía hacia delante con un par.

La parada del platanito la hicimos junto a la tapia del Cementerio de Pozuelo del Rey, un lugar un poco atípico para el descanso, al menos para un descanso no definitivo. Ahí repusimos fuerzas, charlamos, comimos y todas esas cosas que se hacen en las paradas de mitad de ruta.

En la tapia del cementerio de Pozuelo del Rey
Fotos: Marqués y Casper

                                                    
Marqués
Foto: Casper

                              
Escudo de Pozuelo del Rey
Foto: Marqués
 
                               
Avispa comiendo
Foto: Casper

                                     
GPS
Foto: Casper

La continuación nos llevaba hacia el Norte, en busca de esos campos casi desconocidos por el grupo y por donde GPS tuvo un rato de recalculo de ruta y búsqueda de la dirección correcta. Parece que pasaron el arado por el camino por donde teníamos que pasar y al final no hubo más remedio que cruzar sembrados en busca de la ruta correcta.

Desde ahí por un camino lleno de subidas y bajadas, llegamos a ver Villalbilla en la lejanía, un pueblo situado en lo alto, todavía más al norte de donde estábamos.

Parecía que la bajada nos iba a conducir hacia Valverde de Alcalá, localidad conocida por el pelotón en etapas de hace mucho tiempo, pero GPS tenía preparada otro recorrido en dirección hacia Torres de la Alameda. Un camino que hicimos una vez, aunque en sentido contrario desde este pueblo hacia lo alto. Una bajada trepidante y rápida para bajar hasta dicho municipio.

Poco antes de entrar en el pueblo, la curiosa anécdota de la jornada. Gavilán que iba a todas prisas por el camino, de repente se encontró con su hermano que coche teledirigido en mano iba a practicar con su vehículo justo por el camino por donde pasábamos. ¡Qué grande y pequeño es el mundo!

Desde Torres de la Alameda tocaba la vuelta, tomando el camino hacia Loeches, un camino conocido por el grupo que nos llevaba de vuelta hasta pasar por la base de la “subida del Colombiano”.

Una vez llegados a Loeches, cruzamos el casco urbano y de nuevo GPS volvió a sorprendernos. En vez de hacer la bajada tradicional hacia Velilla de San Antonio, bajamos por la carretera que une a éste pueblo con Velilla y a la altura del Colegio Montfort entramos por un camino que nos llevaría en dirección hacia Mejorada del Campo.

Un camino conocido en parte, se hizo una sola vez y en sentido contrario, que nos llevaba hacia abajo de un valle y que nos dejaba por delante una nueva subida, la penúltima del día, en dirección hacia Mejorada.

Una vez arriba, circulamos un rato junto a un tramo de autovía de peaje que se quedó en eso, un trozo de corta distancia con la zona de los peajes y poco más, no viene ni va a ninguna parte. Los que fuisteis por esa zona en la otra ocasión, lo recordareis. El despilfarro hecho realidad.

Tras la bajada entramos en Mejorada, donde el grupo se separó. Por delante la mayoría y por detrás Caracol y yo.

No volvimos a encontrarnos porque después de atravesar el pueblo, un pinchazo en mi rueda trasera nos detenía durante unos cuantos minutos. No había más remedio que desmontar la rueda y cambiar la cámara, pues un pequeño corte por el lado interno de ella impedía seguir adelante sin el cambio correspondiente.

Solo nos quedaba la última subida, esta vez sí, la del Cristo de Rivas, pues tras circular por la carretera que sube hacia Vicálvaro y una vez en la rotonda de la 3M, solo nos quedaba por delante ese recorrido por la carretera que sube hasta la ermita y que nos lleva hasta Rivas.

Y así fue que llegamos hasta el Camelot, tras unos 62 kilómetros recorridos, donde nos juntamos con el Sargento, preparado para salir el próximo domingo y degustamos las cerecitas de este establecimiento. ¿Qué mejor final?





Dos vistas de la ruta de la jornada
Por Casper

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