Aunque no había demasiadas ganas de salir éste último
domingo, guarros pero valientes, 3 intrépidos Nenazas nos levantábamos temprano para recorrer esos
caminos que tanto nos gustan.
A las 8:00 h., sin demora, puntuales como clavos tomábamos
la salida hacia lo desconocido. No había ruta fija, pero como el Gavilán había
tenido un incidente el pasado jueves estaba dolorido, la ruta debería ser lo
más cómoda posible. Con pocos baches y recorrida de forma tranquila.
Así decidimos tomar dirección hacia Morata de Tajuña, bello pueblo de
SE al que teníamos un tanto abandonado últimamente.
Bajamos como habitualmente junto al Cerro del Telégrafo,
para enlazar con la avd. Pilar Miró y
bajar hasta el pueblo para llegar a la laguna de El Campillo. Una vez allí
cruzamos hacia la carretera de Chinchón para dirigirnos hacia nuestro
emblemático camino, el Vaáamono.
En el primer tramo nos cruzamos con un gran rebaño de
ovejas, dirigidas por un pastor que muy irónico al adelantarle se dirigió a
nosotros y nos dijo algo así como: “A perder kilos”. No entiendo porqué.
El camino lo subimos casi por completo en pelotón agrupado
hasta la última rampa, donde nos estiramos para llegar de forma escalonada, el
Gavilán iba bastante tocado y estuvo a punto de darse la vuelta.
Una vez en la vía verde, solo quedaba bajar hacia Morata.
Sin dejar ese camino no hay forma de llegar a otro sitio. Una bajada rápida
esquivando los palos de los cruces que dejan poco espacio que hacen pensarse
como esquivarlos de mejor manera.
Una vez en Morata no había dudas, tocaba repostar comiendo
unas de esas ricas palmeritas típicas de éste pueblo, a las que nos invitó
amablemente el Profe. Gracias amigo.
Degustamos las palmeritas tranquilamente, en buena charla y
sin prisas. La mejor forma de hacerlo, como mejor saben.
La vuelta de nuevo por la vía verde a ritmo lento pero
seguro, que el día no estaba para grandes excesos. Siempre en grupo hasta que
de nuevo los palitos hicieron retrasarme un tanto y ya no nos juntamos hasta
pasar el Hospital de Arganda, que hicimos una breve parada junto a un grupo de
patinadores.
Seguimos hacia abajo por la vía verde hasta llegar a La
Poveda, continuando para cruzar el río Jarama por el puente de las avispas.
Pocos de esos insectos había, la verdad, pero parece que a uno de ellos le
gustó la espalda del Profe porque según nos contó sufrió un leve picotazo. Aunque mariconadas
las justas.
Tras parar en la fuentecilla cercana al polideportivo del
Sureste, iniciamos la subida del pueblo. No nos separamos en toda ella para
llegar hasta nuestras casas después de 58 km recorridos, a eso de la una menos
cuarto.
A todo esto GPS disfrutaba como un enano en las laderas del monte Gurugú en Alcalá de Henares, tras un curso intensivo de MTB, Casper y el Sargento hacían ciclismo de salón en una dura etapa subiendo el puerto del Cerro de los Ángeles y el resto de vacaciones o reposando.
A todo esto GPS disfrutaba como un enano en las laderas del monte Gurugú en Alcalá de Henares, tras un curso intensivo de MTB, Casper y el Sargento hacían ciclismo de salón en una dura etapa subiendo el puerto del Cerro de los Ángeles y el resto de vacaciones o reposando.
Unos todavía no han cogido vacaciones, otros volverán pronto,
a otros aun les quedan días de relax, pero alguno nos tomamos un breve receso para
aminorar los excesivos calores de Madrid. O sea, que nos vemos en un par de
semanas los que estéis por estos lares.







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