30 de junio de 2013, rumbo a la Ribera del Manzanares

Una nueva cita dominical para despedir el mes de junio, a la que solo acudimos 4 Nenazas. El temita de la asistencia sigue por los mismos fueros, parece que el personal se ha acomodado o quizás esté miedoso a los calores veraniegos. Hay que salir más gente, cojones.
No estaba la cosa para grandes metas, además que habíamos retrasado la hora de salida a las 9:00 h., la noche anterior fue movidita para más de uno y había que descansar un poco más. Así que lo pretendido era una etapa corta y tranquila, aunque como ya sabéis eso es prácticamente imposible.
Elevator propuso ir hacia el Cerro de los Ángeles y hacia allí nos fuimos saliendo como es menester hacia el pinar del Cerro del Telégrafo, la avda. Pilar Miró, hasta llegar al pueblo. Raudos y veloces tomamos rumbo hacia Protección Civil, el calor ya había hecho acto de presencia y había que buscar las sombricas.
El camino de los charcos no estaba tan mal como en otras ocasiones, solo en un punto hay que bajarse de la bici y cruzar con ella en el hombro. Eso si no eres como uno de los machotes que nos adelantó, que lo cruzó sin bajarse poniéndose de barro hasta los ojos y dejando un olor de tirar patrás. Eso es valentía y lo demás tontería.
 
Milano negro posado sobre un árbol
Foto: Marqués

Una vez llegamos a la Cañada, con un run run que recorría mi cabeza, propuse hacer un cambio, en vez de ir al Cerro de los Ángeles podía ser mejor idea seguir adelante por el camino que llevábamos e irnos hacia la Ribera del Manzanares en Madrid city.
Elevator no se quedó muy convencido, pero a Calzas y al Gavilán les pareció buena idea, así que sin mucho dudarlo hacia allí nos fuimos.
El camino lo conocíamos tanto Calzas como yo, aunque era ruta nueva para el perjudicado del Gavilán y para Elevator, que se dio la vuelta conmigo el día de la celebración de los atléticos, cuando llegaron hasta el estadio del Glorioso.
 
Camino de la Ribera del Manzanares
Foto: Marqués
 
No dudamos hasta después de pasar la vía del AVE, pues al llegar junto al río Manzanares vimos un puente que no nos sonaba nada. Lo obviamos y dimos con la senda correcta rápidamente, eso sí, tras bajar una rampa muy empinada donde se lució el Gavilán que es el puto amo bajando y haciendo derrapes.
 

Gavilán bajando la rampa
Foto: Marqués
 
En ese punto ya empezaba la pista asfaltada que recorre la margen izquierda, río arriba, aunque un poco más adelante se encuentra el puente que permite cruzar el río y tomar la margen derecha que nos llevaría hacia nuestro destino.
 
Por la Ribera del Manzanares
Foto: Marqués
 
Si alguno aun no lo conoce es una ruta bastante plana, con ligeros toboganes, hay que cruzar bajo unos cuantos puentes y hay que esquivar a algunos viandantes, patinadores, atletas y demás fauna autóctona y alóctona, claro.
El paseo es agradable, sobre todo cuando no te cruzas con gente, pero si es de alguna ayuda deciros que esperábamos mucha más gente de lo que en realidad encontramos.
La Caja Mágica pronto quedó atrás, después la M-40, la zona final de Antonio López y por fin llegamos al Madrid Rio en la zona de Legazpi, mi barrio de toda la vida. Allí aumentó el número de paseantes, aunque siempre en una proporción razonable que permitía el discurrir del pequeño pelotón.
 
Gaviotas sombrías en el Madrid Río
Foto: Marqués

Poco después de pasar bajo el puente de la Princesa y el Praga pero antes de llegar al puente de Toledo, el pelotón hizo un receso en una de las numerosas fuentes que encontramos durante el recorrido.
 
Pelotón de la jornada
Foto: Marqués
 
Allí y con el nuevo puente de Arganzuela de fondo dedicamos un ratín al avituallamiento, al bebercio y alguno que otro a la observación de los alrededores, que en todas partes se encuentran cosas bonitas a las que mirar.
 
 
Moza de los chorrillos
Fotos: Marqués
 
Elevator oteó el horizonte y rápido divisó en la lontananza, más bien en la otra orilla del río, una zona con chorrillos de agua. La decisión esta vez fue rápida y no había dudas, había que acercarnos hasta allí para disfrutar unos instantes del panorama y también de unas risas que nos marcamos cruzando entre y por los chorros de agua que salían del suelo. Como niños disfrutamos.
 

Esquivando chorrillos
Foto: Marqués y Calzas


Video en los chorrillos
Muy corto se acabó la batería de la cámara
Por Marqués
 
Había que volver para casa, porque alguno pretendía llegar a eso de las doce, iluso de él. Volvimos un trecho por la otra orilla, pasando junto a las instalaciones del antiguo Matadero y el Gavilán que tenía un colega que vive por la zona, hizo un intento de dar con él. La cosa no fue bien, aunque su coche estaba aparcado junto al portal, finalmente no dio con él y pronto cejó en sus pretensiones volviendo de nuevo a la ruta.
Nuevamente cruzamos el río, para retomar todo los andado y sin pausa volvernos hacia Rivas a todas prisas. Bajo la vegetación de ribera que se estaba más fresquito rápidamente llegamos hasta el puente donde cruzar por última vez el Manzanares, donde se acababa lo bueno y venía lo más soleado de la jornada.
Íbamos deprisa, en algunos momentos muy  deprisa, hasta que un incidente a modo de ostionazo hizo detener la marcha del pelotón. Muy cerca del puente de la M-50, mi rueda trasera se topó con una rodada y quizás con una piedra redonda metida en la tierra, patinando de forma incontrolada hasta que di con mis huesos y mis carnes contra el duro suelo. El tortazo fue de los que hacen época, lo puede corroborar Elevator que iba detrás mio, y Calzas que iba inmediatamente por delante.
Si no recuerdo mal, en un principio me levanté del suelo sin apenas respiración, no me entraba casi aire en los pulmones. Poco a poco me fui recuperando y dándome cuenta que no había nada roto. Como bien dijo Calzas - el airbag de serie te ha librado de una buena.
De las rodillas, pero sobre todo del brazo derecho, manaba sangre. Pero eso no es suficiente para derrotarnos, así que monté de nuevo sobre la Jabalina y con la rodilla derecha un tanto maltrecha volvimos a ponernos en ruta.
 
Tras la caída
Foto: Calzas

La vuelta no fue fácil, aunque sin tregua más que para beber en alguna fuentecilla completamos un recorrido de 62 km, de una jornada que se pretendía cómoda y al final se convirtió en un calvario. Al menos para mí.     
Los que podáis, nos vemos en la cena-paella!!!!!!!

No hay comentarios: