11 de agosto de 2013, una ruta tranquila hasta Gózquez

Ya sabéis, viene el verano y unos por aquí otros por allá, unos van otros vienen. Y el pelotón se nos queda bajo mínimos como es de esperar, aunque la verdad es que llevamos una temporadita que no hacemos cubos con asa, y un pelotón  decente lleva tiempo sin formarse.

A los pocos que quedamos por casa, se nos unió David, un colega de paddel de Elevator que hizo su bautizo con nosotros en una etapa tranquila y suave por la vega de los ríos Jarama y Manzanares.

La hora de partida fue las 8:30 h., para huir de los calores de final de la mañana, y puntuales a la cita estábamos los 3, Jokin, Elevator y el que os escribe estas letras. Eso si, Jokin mermado por la ausencia de su montura que por un defecto en el cuadro ha viajado al norte para ser reparada o sustituida. Los asturianos tienen la respuesta.

En su lugar hizo un mixto con la bici de Avispa, que amablemente cedió la suya para permitir que Jokin no se quedara en casa. Seguro que él se lo agradece y los demás también por permitirnos disfrutar de su compañía.

Bajamos hacia el punto de encuentro con David en los alrededores del Miguel Ríos, tal y como lo hacemos en muchas ocasiones, y allí nos esperaba sin demora.

El resto de la etapa lo conocéis a la perfección. Protección Civil, Casa Eulogio con su barrera y cadena incluidas, el desprendimiento y la pista de la Presa del Rey hasta los alrededores de la Warner. No puedo dar muchos detalles que no sepáis, lo repetido aburre y no tengo ganas de hacerlo.

Pelotón de la jornada en el desprendimiento
Foto: Marqués


El pelotón en dos partes llegó hasta las cercanías de la Warner, donde nos hicimos unas instantáneas. Sobre todo David, que quería que su mujer viera que había llegado hasta allí, sin foto no es lo mismo.



En los alrededores de la Warner
Fotos: Marqués

Allí la primera negociación, para darnos la vuelta por donde vinimos o seguir adelante por los pinares de Gozquez. La decisión fue rápida y unánime, p’alante muchachos.

La parada del platanito en el interior de la finca de Gózquez de Arriba, a la sombrita que se está más fresquico. Allí ha reponer fuerzas, líquidos y otras viandas.

Vaya con el caminito que rodea el pinar, la han pasado una máquina y han dejado fuera tierra suelta y fina que no deja rodar como es debido. Seguro que lo han hecho por joder la marrana y si ha sido así, lo han conseguido.









Por el pinar de Gózquez
Fotos: Jokin


Con dificultades varias llegamos hasta la rampa empinada en los alrededores del vertedero de Pinto. Y allí tuvimos que poner pie a tierra 3 de los 4 intrépidos ciclistas.

Jokin se atascó en la arena, David y yo también, no pudiendo llegar hasta arriba. Pero surgió el espíritu más duro de Elevator que fue esquivando las zonas arenosas y se plantó arribita como un campeón. Había que contarlo que si no se me enfada.

Continuamos hasta llegar a la carretera de San Martín para bajar por el carril bici para pasar junto al convento de las monjas que hay junto al arroyo Culebro, para salirnos del carril y tomar el camino de La Aldehuela.

Por el carril bici de la carretera de San Martín
Foto: Marqués


Maldito camino que vuelve a estar hechito mierda, con baches , hoyos y rodadas de todos los colores y tamaños. El camino que más odio.



Jokin con el sillín de la bici cada vez más bajo
Fotos: Marqués


Hasta Casa Euologio llegamos estirados, con Jokin-Avispa por delante y por detrás el trío restante. Allí a David se le notaba un tanto cansado, no está acostumbrado a tantos kilómetros y eso se nota.   

Al cruzar la barrera en Casa Eulogio
Foto: Marqués


Llegamos hasta el pueblo en pelotón casi compacto, con un David cada vez más cansado pero que seguía nuestros pasos sin pararse, es de elogiar.

Hicimos una breve parada en la fuente del Miguel Ríos, donde algunos se refrescaron incluso los pies. El calor era ya más que evidente y la prisa grande por llegar hasta casa.

En la parte final de la avd. Pilar Miró nos separamos de nuestro acompañante, que tiró hacia el parque Bellavista y nosotros tres terminamos la subida hasta el pinar del Cerro del Telégrafo y muy pronto en casa.

Concluimos la etapa de 56 kilómetros tomando unas cerecitas en La Rotonda gracias a la cortesía de Jokin. Te debemos otra, señor.


Una cerecita en La Rotonda
Foto: Jokin
 
Después en la piscina, degustación de cerecitas varias e incluso de una botelluca de sidrina asturiana en compañía de Casper que vino como un rayo a la invitación del Parque Sindical. Que si no, no es lo mismo.

Isidrín, que bien la tiras
Foto: Casper


Nos vemos, Nenazas.

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