23 de junio de 2013, y nos fuimos al Cerro del Viso


De nuevo el poder de convocatoria del pelotón Nenaza se vio resentido. Unas veces el frío, otras el calor, otras que si quedamos demasiado pronto, que si me duele aquí, en fin excusas todo excusas.

Por eso, nos presentamos poco más tarde de las 8 de la mañana de este domingo cuatro valientes de esos que no se dejan llevar por nada, ya sabéis como decía la canción de Mecano “aquí hay gente de rancio abolengo”.

El destino no estaba nada claro y como en otras tantas ocasiones decidió Jokin, y ya sabéis cuando decide Jokin las etapas no son blanditas, son excitantes y para sudarlas.

Partimos bajando por el Cristo de Rivas, en dirección a San Fernando, y nos tocaba cruzar el puente del Moco, ese puente peatonal que nos permite cruzar el río Jarama en pos de los campos de este de Madrid.
 

Puente del Moco
Foto: Marqués


Una vez cruzado elegimos seguir junto a la vega de este río, por la senda estrecha que lo recorre aguas arriba. Es de contar que no pudimos completar el camino porque los enormes cardos impedían llegar hasta el final y no hubo más remedio que bajarse a la pista principal donde los cardos no golpeaban contra nuestras piernas desnudas.

Llegamos pronto al Castillo del Soto de la Aldovea, al barrio del Castillo y al entorno del Parque Europa, para continuar por la vega del río Henares hasta cruzar este río por el puente ya cercano a la base del Cerro del Viso, nuestro destino.

Poco antes de llegar al puente un obstáculo en el camino para los desmemoriados, un árbol que cayó este año por los suelos e impide continuar por la ruta tradicional. Yo recordaba perfectamente cómo podía estar y poco antes me desviaba a la izquierda para esquivarlo.
 

Llegando al puente del río Henares
Foto: Marqués


Ya nos quedaba poco para la subida, tras recorrer su base y llegar a la zona de los caballos. Allí de nuevo un imprevisto, la senda que baja hasta el camino de subida al cerro ha sido cerrado con un trozo nuevo de vallado que no te deja salir de la finca. Solo con mirar el terreno nos dimos cuenta que por una estrecha senda a la derecha permite que tras cruzar el vallado roto se pueda salir y llegar al camino principal. Cosa de los propietarios celosos que al final no consiguen poner puertas al campo.
 

 
 

 
 

Cruzando vallados por la manía de poner puertas al campo
Fotos: Marqués



La pista de subida al cerro ha sido arreglada con maquinaria, el suelo no está tan compactado y hay menos zanjas, lo que facilita en algunos casos el pedalear por ella y en otros, para los más torpes, consigue que su rueda patine e incluso pierdan la pedalada para poner pie a tierra o casi salirse del camino. No hacen falta más detalles, ya sabéis de quien hablo ¿no?

Goteando llegamos arriba, aunque claro con uno más rezagado que los demás, cosa de las cuestas. Y arriba tomamos un tente en pie, nos hicimos arretrataduras, risas y demás monadas.
 

Pelotón de la jornada
Foto: Marqués
 
 

 
 
Imágenes del Cerro del Viso
Fotos: Marqués



Había prisa en alguno del pelotón o eso parecía, porque sin mucha tregua tiramos para abajo por la carretera asfaltada por la que subían muchos ciclistas a la contra nuestra, hasta que nos desviamos a la derecha saliéndonos de nuevo a caminos del secarral. Haciendo eses llegamos de nuevo hasta la carretera de siempre, junto al puente que cruza sobre la línea del AVE, allí junto a ese lugar donde una vez cayó el Profe e hizo compota de plátano, alguno lo recordará.
 

Cerro del Viso desde el camino hacia Torres de la Alameda
Foto: Marqués


Cruzamos el puente y de nuevo a la izquierda para bajar hasta la zona esa que a veces está inundada y llenita de barro. Esta vez solo un par de charcos que no impedían circular, ni siquiera mancharse, el verano ha llegado y a pesar de tanta lluvia primaveral todo se va secando.

Llegamos a Torres de la Alameda, por sus calles pasaba una carrera ciclista con bicis de carretera. Mucha gente joven e incluso mozas que adornaban el estirado pelotón a su paso por la localidad.
 

Carrera ciclista en Torres de la Alameda
Foto: Marqués


De nuevo y a instancias del Gavilán hicimos una nueva parada de avituallamiento, esta vez en la puerta de una tiendecica donde nos aprovisionamos de plátanos, donetes y demás dulcerías, el calor ya empezaba a notarse y había que regresar para casa con energías.

 
Una dedicatoria para GPS, el pelotón junto a una Renault 5
Foto: Marqués


Volando nos fuimos hacia Loeches y bajamos hacia Velilla de San Antonio. Esta vez en compacto pelotón para llegar hasta la M-208 junto a la localidad ribereña. En el ambiente se notaba que había que llegar pronto hasta casa y hubo conato de tirar por lo más recto evitando la Senda del Jabalí. Pero eso no era posible este día, con tanto calor era más responsable circular por la orillita del río bajo los chopos y a la sombra. Algunos obstáculos nos encontramos, a modo de caminantes, ciclistas e incluso jinetes a caballo, pero aun así creo que la decisión fue acertada como camino de vuelta.

Poco antes de llegar bajo la ermita del Cristo de Rivas, nos salimos de la ruta, había temor a los cardos que en estas épocas del año crecen y crecen complicando las rutas. De esta manera y sin problemas llegamos hasta los Viveros Don Pedro donde solo nos quedaba por delante la subida del Cristo de Rivas.

En  la rotonda de la 3M un atasco de narices hacia relentizar nuestra marcha, parece que preparados para el paso de ciclistas los coches llegaban por todas partes atascando el cruce. No era problema para nosotros que tras cruzarla entre coches parados tomábamos dirección hacia lo alto.

Como ya sabéis que el tema de avituallamiento final está complicado últimamente, decidimos realizar la paradita en el bar de La Rosa, junto a la ermita del Cristo de Rivas. Elevator, que llevaba más prisa, seguía adelante por eso nos quedamos el trío 29er solos ante el peligro.

Unos botijitos del Mahou muy fresquitos nos esperaban aunque para poner peros decir que en cuanto a viandas la cosa estuvo un tanto escasa, en pocos sitios se estiran de forma adecuada.

En los instantes finales, tras un aviso por guasap, apareció GPS para completar su etapa por los caminos más complicados de los cortados cercanos a casa y cumplió también los honores con una cerecita, la última que tomamos.

Por delante nos quedaba una cuesta, que a alguno no le sentó muy bien pues raramente un miembro del pelotón llegó descolgado por efecto de la cuesta o porque no le sentó muy bien lo tomado. La vida es así.

La etapa concluyo con discrepancias, mi cuentakilómetros marcaba 56 km y el de Jokin solo 48, uno de los dos falló, ¿cuál?, no lo sé. Cada uno elija lo que le parezca más apropiado.

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