1 de septiembre de 2013, Campo Real sigue ahí

Un domingo más, una historia más que contar. Así somos el pelotón Nenaza, aunque siguen sin salir los números, me faltan unos cuantos.
La cita de nuevo a las 8:30 h., hay que madrugar para estar tempranito de regreso. A ella acudimos 7 Nenazas, incluida nuestra última incorporación David que nos esperaría en su rotonda habitual.
Había ganitas de esfuerzo y el Profe en plan líder propuso una jornada de visita a Campo Real, parece que quería comprar aceitunas, aunque se le olvidó luego.
Así que bajamos hacia el pueblo para bajar hasta la laguna de El Campillo. Una vez allí rodearla y llegar hasta el puente de las avispas.
Ni que decir tiene que con el frescor las avispas no hacen acto de presencia, pero un escollo aun peor ronda por este emblemático puente. Su pasillo de cemento cada vez está en peor estado. Le van poniendo chapa metálicas a las zonas donde el cemento se va para abajo. Queda un hueco donde se ve el vacío y una zona que se caerá tarde o temprano, ¡qué miedo da!
Para continuar la senda que sube aguas arriba del río Jarama en dirección al azud que tanto conocéis, esa zona está bonita ahora con la vegetación verde que vive junto al río.
Dirección hacia Velilla de San Antonio, pero girando a la derecha para hacer una subidita hasta la carretera M-208, para circular unas centenas de metros hacia Arganda pero girando de nuevo a la izquierda para adentrarnos entre zonas de extracción de áridos, olivares y viñedos.
Allí unos ruidacos impresionantes nos acompañaban al paso que despistaron a más de uno. Últimamente, a los viticultores les ha dado por intentar espantar a los estorninos, que imagino se lo aprenderán pronto con sonidos de sus congéneres chillando e incluso voces de rapaces por medio. Espero no se les coman muchas uvas o la cosecha se verá mermada.
Nada más cruzar sobre la R-2 empiezan las cuestas, de nuevo entre olivares y zigzaguenado seguía nuestra ruta hacia la carretera M-300, donde empieza lo más empinado de la jornada, el camino pedregoso que nos lleva hasta Campo Real. La verdad es que este camino es horroroso, mogollón de pedruscos y hoyos dificultan el pedaleo.
En la subida nos quedamos 3 rezagados, GPS con problemas técnicos en su montura renovada con llantas y ruedas de 27 y medio, el Gavilán como fiel acompañante y yo, que recibí una llamada de teléfono, que se me hizo como otras tantas veces muy dura la subida y peor la siguiente bajada.
 


Gavilán con el incendio de Campo Real al fondo
Fotos: Marqués

 
En lo alto la vista era horrible, un incendio en la zona durante este verano había calcinado casi todo el monte desde donde nos encontrábamos hacia Campo Real. El día 5 de agosto sucedió el tema y parece que han detenido al pirómano.
Si estáis interesados en saber un poco más, leer en los siguientes enlaces:
Llegué hasta la plaza del pueblo entorno a las 10:30 h., donde habíamos quedado, muy rezagado del resto y allí hicimos la parada del platanito. Descanso, reponer fuerzas, charlotadas, llenar las cantimploras en la fuente y a seguir que quedaba la vuelta por delante.
 
Rulo en la plaza de Campo Real
Foto: Marqués


Pelotón de la jornada
Foto: Marqués


Tras la subida de rigor hacia la parte alta donde se sale del casco urbano, tomamos dirección hacia Arganda. Nos quedaba el largo camino plano por delante y la bajada del Botillo. Famosa por una de mis caídas donde se me puso el muslo un poco negruzco y por el piñazo de Josemari el 24 de diciembre de 2012, el día de Nochebuena. La verdad es que es un camino pedregoso pero si te lo tomas con paciencia y no haces el loco, el escollo se pasa pronto. Además, para algunos es una zona donde disfrutan de una intensa bajada y lo pasan bien.
Después del reagrupamiento senda adelante hacia abajo, pasando junto al centro hípico, para acabar pasando por las calles de la urbanización Los Villares de Arganda del Rey  y cogiendo como camino de escape rápido hacia casa la carretera Campo Real en el tramo que rodea La Poveda hasta llegar de nuevo a la Estación del Tren de Arganda. Por ahí volábamos a toda marcha.
Una vez llegamos a las cercanías del puente de las avispas, decidimos no cruzarlo de nuevo, por no tentar a la suerte. El camino a seguir fue la senda que recorre el río aguas abajo hacia el puente metálico de la antigua N-III. Un tramo que tampoco está nada para tirar cohetes y por el que el grupo se disgregó en trocitos hasta la reunión una vez llegamos a dicho puente con algunos arañazos tras el paso entre el vallado y algunas ramas de árboles muy pegadas que dejan en algunos tramos un mínimo paso por donde algunos cavemos peor que otros. ¿Qué os voy a decir?
Solo nos quedaban por delante las calles del pueblo, las cuales  subimos en  pelotón casi constantemente aunque con algún demarraje que provocó que algunos se dejaran las fuerzas que le quedaban.
Pero no había problema, nos tocaba reponer fuerzas casi finalizando la etapa y decidimos hacerlo en un nuevo lugar. Esta vez elegimos un bar en el que nunca habíamos parado, el Bar Miró, situado en la avenida Pilar Miró, esquina a Silvia Munt, junto a la rotonda.
La verdad es que aunque desde ahí quedan algunas rampas por delante, la elección fue acertadísima. Cerecitas frescas, ricas tapas y buen ambiente nos acompañaron en el final de la etapa.
 

Tapitas y cerecitas en el Bar Miró
Foto: Marqués


Una vez en ruta concluimos la etapa de unos 52 km tras subir el resto de la avenida, pasar por el pinar del Cerro del Telégrafo y el parquecillo cercano a nuestra casa.
Y para terminar, no me olvido de dar felicitaciones al más veterano del grupo, Calzas, que se estiró con una rondita a la salud de todos, como tiene que ser. ¡Qué bien te conservas  y que fuerte andas! Esperemos llegar a tu edad al menos como tú, será buena señal compañero.
 

Calzas
Foto: Marqués

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