8 de septiembre de 2013, a Morata por el camino más corto


Siguen sin salir los números, ¿Dónde narices estáis metidos?. Se echa de menos un pelotón numeroso aunque canse que lo repita en cada una de las crónicas de la etapa dominical.
Este domingo salimos 6 Nenazas y llegamos a nuestro destino, eso sí, no fuimos los mismos los que salimos que los que llegamos, ¿Dónde está el misterio?. Lo veréis si sois capaces de aguantar la crónica hasta el final.
Pues eso que salimos en busca de lo lejano 6 de los más duros, y en este caso se decidió por decreto que nuestro destino era un pueblo que casi no conocemos, un tal Morata de Tajuña, ¿os suena?
En este caso no queríamos pisar la vía verde, que solo faltaba que un día con el suelo seco eligiéramos esa forma de montar en bici. Y así veréis lo que se hizo.
Bajamos como es habitual hasta la laguna de El Campillo, por las calles de siempre. Una vez allí y para no perder la costumbre iniciamos la subida hacia las lomas de Arganda la carretera de Chinchón, la M-311. Esa que pasa por los edificios de RNE, ¡que sois duros de mollera!
Lo siguiente lo adivinareis, es seguro que nuestro más emblemático camino no se os ha olvidado a ninguno, el archiconocido Vaáamono.
Allí ocurrió lo que tenía que pasar, el pelotón se iba a estirar sin remedio. Por delante, como no podía ser menos, Jokin, Gavilán y David, por el medio Josemari y uno que soy yo, y a cola de etapa pagando el verano lleno de excesos, Avispa.
La reunión junto al puente metálico de la vía verde, donde íbamos llegando poco a poco, y donde se hizo la foto de pelotón de la etapa.
 
Pelotón de la etapa, o parte de él
Foto: Marqués


Avispa iba muy castigao, ya volverá a ser uno de los gallos, así que decidió que era momento de la retirada. Una retirada a tiempo es una victoria. Así que retornaba para casa a todas prisas y nos dejó en 5.
El resto seguimos hacia Morata cruzando bajo el nombrado puente metálico, para continuar allá por el borde de las cantera, el camino del Piolín que milagrosamente sigue colgado en su higuera hasta que llegamos a lo alto del camino que baja para Nuestro destino.
Tras una nueva reunión, iniciamos el descenso por el dichoso camino del tractor, ese que las dos últimas veces que lo hemos bajado nos cruzamos de frente con el mismo tractor de grato recuerdo para Gavilán. Al menos esta vez no coincidimos que ya es casualidad. El camino cada vez está peor, más regueros, más piedras sueltas y más de to. Empiezo a odiarlo, si es que no lo odiaba ya.
Así llegamos hasta las calles de Morata. Eran las fiestas y los encierros debían haber sido hace poco tiempo, todavía quedaban unos cuantos sonámbulos en pie. Todo adornado con las talanqueras por la calle principal e incluso gradas en la plaza del ayuntamiento.
 
Talanqueras para los encierros en Morata de Tajuña
Foto: Marqués


El caso fue que la pastelería de siempre, esa donde nos aprovisionamos siempre con las riquísimas palmeritas típicas de la localidad, estaba cerrado. Mala suerte, pues esta vez escaparíamos sin catarlas. Bueno la verdad es que nadie puso los puntos sobre las íes, porque si hubiéramos querido, en algún sitio las hubiéramos encontrado. Para otra vez.
Tomamos el platanito en la fuente con el gran pilón que hay en la calle principal. Bueno, todos no, porque Josemari se puso a arreglar la bici de David y se le olvidó para que habíamos parado, y se fue sin echarse nada para el estómago.
 


El platanito en la fuente del pilón de Morata
Fotos: Marqués


La vuelta la queríamos hacer, como ya comentaba al principio, sin usar la vía verde. Y para no volver por el mismo puñetero camino alguien propuso subir la carretera que va hacia Arganda desde Morata y por allí fuimos. Es esa carretera sinuosa, un tanto empinada que subimos hasta la zona donde vuelan los aviones de aeromodelismo y allí girar a la izquierda para volver al camino del Piolín.
A mitad de cuesta pasamos junto a la ruta que había organizado la tienda de bicis Harobike, de Arganda. La verdad es que por todas partes nos habíamos encontrado trozos de plásticos que marcaban la ruta, pero hasta ese punto no vimos al pelotón haciéndola.
Poco después de pasar el Piolín, una vez pasadas las canteras de Morata, de frente venía GPS. Había salido de casa una hora después que nosotros y circulaba por aquella zona por si daba con nosotros. Volvíamos a ser 6.
 
Y dio la vuelta, juntándose al pelotón para regresar lo que quedaba de la etapa con el grupo. Lo hicimos por el mismo lugar por donde habíamos ido a la ida, así que poco que contar. Nos juntamos en lo alto de Vaáamono y a partir de ahí no nos vimos hasta que los que habían ido por delante nos abordaron en la parte alta de la avd. Pilar Miró.
Resulta que Jokin, Gavilán y David, decidieron subir la primera rampa de la senda de los cortados, perdiendo la cabeza de etapa y cazándonos de nuevo en las últimas rampas antes de llegar a casa.
El final, tras unos 47 km, a tomarla en el bar del CERPA. El Gavilán celebraba su cumpleaños y nos obsequió con una ronda de cerecitas, lo cual completamos con otras 3 rondas más. Felicidades majo.

La elección de nuevo un fiasco, pues nos tocó un serial de latas del Mahou, acabando una de las rondas con una lata de Steinburg, la cerveza del Mercadona, creo. Solo fue una y se la jincó Jokin. Es que no damos una.
Parece que para este domingo, tocará etapa de nuevo a Campo Real, que debe haber encierros y alguno se ha quedado con ganas de correr delante o detrás. Y como final parece que han abierto o abrirán en breve el bar que sustituye al Camelot, no recuerdo su nuevo nombre aunque hoy lo vi creo que abierto. Esperemos esté dentro de nuestras expectativas, compañeros.

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