13 de abril de 2014, recorriendo caminos del sureste madrileño

Una nueva convocatoria bajo mínimos, parece que no hay mucho quórum entre los Nenazas últimamente, la cosa está malamente. ¿Qué hay  que hacer para invertir la tendencia?

Hay gente pidiendo a gritos una nueva foto de pelotón,  pero de esta forma no hay manera de conseguirla. O salimos más o no hay nada que rascar.

El caso es que nos juntamos 4 Nenazas en busca de la aventura y cuando pasa eso, mal vamos porque toca subiditas empinadas y mucho más.

Salíamos los cuatro sin rumbo fijo pero pronto alguien proponía ir hacia la Warner. Aunque eso es poco para alguno así que sin duda la etapa se alargaría al infinito y más allá.

Pronto estábamos bajando hacia el pueblo, para cruzar bajo la A3 rápidamente y pedalear hacia los edificios  de la Escuela de  Protección Civil, cruzando el puente sobre el Manzanares junto a Casa Eulogio.

Una vez en el cruce de caminos la dirección correcta nos lleva hacia la izquierda para ir río abajo en busca de la Junta de los ríos Jarama y Manzanares bajo el desprendimiento.
Hasta allí llegamos en dos grupos, con Jokin y el Hombre Volador por delante y Jamones junto a Marqués por la parte trasera. Si no es así no hay forma de  hacer reportaje fotográfico en toda regla.






Jamones circulando antes del desprendimiento 
Fotos: Marqués


En el desprendimiento nos juntamos todos por última vez, Jamones hacía cupo de viaje de ida  y nos dejaba como tantas veces para volver al hogar. Con él se fueron mis antiparras que se me cayeron al hacernos la foto de pelotón. Aunque me di la vuelta cuando me di cuenta, allí no había rastro de las gafas ni de Jamones. Menos mal que él se dio cuenta y las recogió.


Pelotón en el desprendimento
Foto: Marqués


El trío restante siguió adelante por la pista asfaltada de la Confederación Hidrográfica del Tajo, un camino firme y sin apenas baches, solo hay alguno y se pueden esquivar perfectamente. Nos acompañaron en todo momento los Milanos negros, habituales y cada vez más abundantes aves en la zona.




Milanos negros
Fotos: Marqués




Pasando el desprendimiento
Fotos: Marqués


Una vez enfrente de las Cuevas de Luis Candelas, antes de llegar a La Carrascosa, nos salimos de esta pista, tomando el camino que sale en perpendicular y donde hay que cruzar la primera CADENAAAA. Luego llegaría la segunda.....






Por las huertas de San Martín de la Vega
Fotos: Marqués


Serpenteando caminos entre las huertas de San Martín  de la Vega, donde recogían espárragos de temporada nos dirigimos río Jarama abajo hacia este municipio.

Al llegar a Gózquez de Abajo hay que girar a la izquierda, para seguir por el camino ese que siempre está adornado por multitud de charcos , ¿qué tendrá que casi siempre los hay?

Al llegar más o menos a la mitad del camino nos cruzamos con un pelotón femenino, donde la última componente se fue al suelo cuando Jokin paró para cederle el paso.  Algo pasó que se rebozó por el barro de uno de los charcos de donde salió embadurmada de una capa marrón. Mala suerte aunque la cosa no fue a más y todo quedó en una anécdota.




El incidente en el barro
Fotos: Marqués


Seguimos camino adelante, en busca del puente que cruza el río entre San Martín y Morata, y ahí empezaría el calvario de la jornada. Había que subir por una conocida cuesta de las que quitan el resuello, la de la Urbanización de Las Vallequillas.

Esa cuesta la cojas como la cojas, no es plato de gusto. El primer tramo es muy empinado aunque por estar cubierto de cemento se hace más llevable. Lo peor viene después, cuando el cemento se acaba u se queda el caminito con cantos rodados. Hay algún tramo que quita las ganas de seguir hacia arriba, pero no queda más remedio que armarse de paciencia y seguir subiendo.

Arriba al lugar de parada habitual llegó en cabeza Jokin, como si no. Tras su estela llegue yo y al poco llegaba el Hombre Volador, en baja forma por la inactividad.






Llegando al platanito en Vallequillas
Fotos: Jokin


Allí nos comimos el platanito, charlamos amigablemente y planificamos por donde seguir. Las fuerzas se recuperaron un poco y enseguida volvimos sobre las bicis.


Encina en flor
Foto: Marqués


En pelotón fuimos cañada adelante hacia la Cementera de Morata,  aunque Jokin nos había propuesto bajar a Morata por Valgrande, no consiguió convencernos. La cosa no daba para mucho más.






Por la Cañada y por la Vía Verde
Fotos: Jokin y Marqués


Pasamos la Cementera y llegamos al Vaáamono poco después. Allí negociamos para cambiar el camino de bajada y volver a elegir al igual que la semana pasada el camino que discurre en paralelo a la Vía Verde. Un camino agradable y mucho mejor que la inaguantable a veces, Vía Verde.

Una vez en los alrededores del Hospital del Sureste, ya en Arganda volvimos a negociar. En vez de cruzar el puente de las Avispas parecía lógico ampliar un poco la ruta e irnos hacia Velilla de San Antonio.

Cruzamos el polígono de Arganda, no sabíamos por donde pero llegamos perfectamente a donde se pretendía, la carretera hacia Velilla. Circulamos por ella un rato, hasta la rotonda de los pinos antes del polígono de Miralrío.

Allí nos salimos de la carretera y de nuevo pisamos tierra. En vez de seguir adekante por la pista paralela a la carretera, giramos a la izquierda para pedalear entre el río Jarama y las lagunas de Miralrío. Hacia mucho tiempo que no íbamos por esa estrecha senda.

Llegamos a Velilla tras cruzar una cadena antes del puentecillo que cruza el arroyo Pantueña. En Velilla un Circo ocupada la explanada de las afueras, aunque eso quedaba fuera de nuestro camino y no alteró nuestra ruta.


Llegando a Velilla de San Antonio
Foto: Marqués


Para seguir, como tantas y tantas veces, tomamos la Senda del Jabalí, con mucho gentío en su parte inicial pero muy agradable después cuando el camino es más ancho y aunque te cruzas con gente se esquiva con facilidad.


El Hombre Volador por la Senda del Jabalí
Foto: Marqués


Serpenteando junto al río llegamos a pasar pronto la zona de debajo de la Ermita del Cristo de Rivas, dejando a un lado el último tramo junto al río, para salirnos hacia la zona de las pequeñas charcas un poco más alejadas del cauce que nos llevó a la pista que te acerca hasta la puerta de los Viveros Don Pedro.

Solo quedaba por delante la subida del Cristo de Rivas, donde el pelotón se estiró y desmembró. Por delante Jokin, por el medio Marqués y cerrando el grupo el Hombre Volador.

De esa manera y en ese orden, tras unos 66 kilómetros recorridos llegamos al Chapu, donde nos esperaban unas ricas, frescas y rehabilitadoras cerecitas para celebrar algún año más cumplido por uno de los integrantes del pelotón.

Ciao Nenazas

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