Todavía caían algunas gotas cuando despegábamos los ojos a eso de las 8 de la mañana, las 7 si pensamos en el día de antes. Dejaba de llover pero el suelo estaba completamente mojado.
A pesar de eso, por guasap nos poníamos en contacto los Nenazas más locos y decidíamos que no importaba y que queríamos salir.
Retrasamos una miajita la hora de la salida y a las 9:15 h. estábamos allí dispuestos a salir en busca de emociones fuertes y con ganas de darle al pedal.
No había destino claro, el cielo no estaba claro tampoco pero lo que si teníamos claro es que había que ir por terreno firme y duro porque el día anterior y gran parte de la noche si no toda habían caído chubascos como para llenar charcos a montones.
La salida estaba clara por donde siempre que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Bajamos por las calles habituales chinochano, chinochano, hasta llegar a la laguna de El Campillo.
Por las calles de Rivas
Por las calles de Rivas
Fotos: Marqués
Antes de girar nos recibían unos grandes charcos que nos hicieron reconsiderar la ruta y tomar la carretera que sigue bajo los cortados, esa que pasa junto a la fábrica de vigas de PACADAR que aunque tiene muchos joyos, permite circular sin mancharse.
Rápidamente y tras cruzar la puerta de la Finca de El Piul llegábamos al puente de las Avispas. Circulamos un tramo corto entre los raíles de las vías del Tren de Arganda, cual máquina de vapor.
En un pis pas cruzamos el puente, bastante agua pasaba bajo nuestros pies por el río Jarama. Para llegar hasta La Poveda donde volveríamos a estar en suelo firme.
El Tren de Arganda Foto: Marqués
En esos momentos ya se barruntaba en el ambiente la dirección que íbamos a tomar, estaba claro que había que huir de los caminos de tierra y la solución estaba clara, la Vía Verde de Morata.
En la subida Jokin se nos fue por delante, no puede ser de otra forma, y a su zaga a una buena velocidad entre 16 y 19 km/h subíamos los perseguidores el Profe y Marqués.
No nos cruzamos con ningún ciclista hasta el km 6 de la Vía Verde, donde adelantamos al primero de ellos y llegando al 7 volvimos a contactar con otros tres.
La Vía Verde parecía desierta en esta mañana.
No se nos fue demasiado y nos volvimos a unir a su rueda a la altura del puente metálico donde acaba el Vaáamono, donde también contactábamos con esos tres ciclistas.
A partir de allí quedaba poca subida, la cementera estaba cerca.
Pero en la bajada el grupo se fraccionó, ya sabéis mis bajadas son tranquilas y me quedé un tanto retrasado por las curvas hacia el helipuerto de Morata.
En él volvimos a reagruparnos, llegando a las calles del municipio en pelotón compacto.
Hicimos una parada en la pastelería, las palmeritas tienen la culpa y yo tenía que llevarme una cajita para la cena del lunes. En mi espalda hizo el resto de la ruta.
Ricas, ricas Hicimos una parada en la pastelería, las palmeritas tienen la culpa y yo tenía que llevarme una cajita para la cena del lunes. En mi espalda hizo el resto de la ruta.
Foto: Marqués
La ruta continuaba en dirección a Perales de Tajuña, sin abandonar en ningún momento la vía verde. Este tramo es un tanto rompepiernas, con tramos muy planos, cuestecillas traidoras y bajaditas que rompen el ritmo de los ciclistas. Pero eso era igual, hacia Perales nos íbamos.
Una vez en Perales decidimos continuar un rato por la vía verde y seguir Tajuña arriba hasta el siguiente pueblo.
Para los que no conozcáis la zona, casi todos, la siguiente localidad es Tielmes.
La ruta hasta Tielmes es tranquila y bastante plana, aunque pica un pelín hacia arriba. Rápidamente llegamos hasta el puente que cruza hacia este municipio pero no lo cruzamos.
La idea era ir hasta un enclave que vimos en la gran jornada con ruta hasta Orusco. El sitio en cuestión es el Azud del Presón. Hay un cartel que lo publicita junto al puente que antes se citaba, pero aunque lo vimos entonces no había fuerzas para más en aquel épico día.
Cartel del Azud del Presón, Tielmes Foto: Marqués
Esta vez sí que era el momento, pues el trío de intrépidos ciclistas nos dirigíamos hacia este lugar. Allí tocaba la parada del platanito, las fotos de rigor y unos instantes de amigable charleta, acordándonos de todos aquellos que se habían quedado encamados en esta mañana de domingo.
Fotos: Marqués
Tras un ratillo en este bonito lugar, partíamos otra vez de vuelta para casa, rodando a la contra hasta Perales de Tajuña, donde cambiábamos de ruta de vuelta.
Hotel Foxá Molino de Cantarranas Foto: Marqués
Ayuntamiento de Perales de Tajuña
Foto: Marqués
Ni que decir tiene que los siguientes kilómetros los tenemos bastante conocidos alguno de nosotros, pero aun así las rampas de este tramo de carretera que sube hasta la A-3 se hacen duras por momentos. Cuando llegas a la altura de la fuente de La Gasca parece que ya estas arriba, pero no, aun quedan las cuestas más duras para llegar arriba.
No cruzamos el puente sobre esta autovía, volvimos a coger el mismo camino por el que nos llevó GPS unas semanas antes, aunque en este caso esquivamos la estrecha senda junto a la valla de la autovía y lo hicimos por un camino más ancho un poco más alejado de la senda.
El camino hasta la gasolinera de la carretera que sube desde Perales en dirección a Campo Real engaña. Hay un par o tres de repechos que sientan muy mal a unas piernas ya cansadas. Pero aun así rápidamente nos plantamos junto a ella para dirigirnos en busca de nuestro siguiente destino el Rock in Río.
Por este lugar pasamos sin parar ni un instante, buscando los caminos menos húmedos y con menos barro. Por eso decidimos que lo más apropiado para la bajada hacia Arganda era dirigirnos en dirección a la Dehesa del Carrascal y las pistas de los pinares de esa zona para bajar hasta la Vía Verde de nuevo.
La Vía Verde era ya zona más transitada, aunque mucho menos que en otras ocasiones y así dándole al pedal llegamos con rapidez de nuevo hasta el puente de las Avispas.
Fotos: Marqués
En esta ocasión y tras cruzarlo, volvimos por la senda junto al río Jarama, la que llega hasta la laguna de El Campillo y lo rodea hasta llegar hasta las calles de Rivas.
En las calles Jokin se despidió de nosotros, tanto el Profe como yo no podíamos mantener el ritmo de pedalada de nuestro mejor ciclista y subimos por las calles a nuestro ritmo sin prisa pero sin pausa para completar los casi 88 kilómetros con los que acabó la etapa de la jornada.
El cuenta de Jokin Foto: Jokin
No hubo Chapu, pero daba igual la etapa había merecido la pena y una vez concluida dejó un regusto de cosa bien hecha. Lo que bien empieza, bien acaba.
Gracias compañeros por esta y otras grandes etapas que hemos compartido.

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