Habíamos sido convocados para salir a las 8:30 h. y antes de esa hora ya empezaban a llegar algunos Nenazas. Eran las 8:35 h. y cuando íbamos a realizar la salida neutralizada recibimos la llemada de un dormilón que confundió la hora de salida y había que esperarle.
Un pelotón numeroso, como en pocas ocasiones, porque nos acompañaron al principio de la etapa dos amigos del Profe, que realizaban una toma de contacto para probar y quizás aumentar nuestro grupo.
A las 8:55 h. salíamos todos juntos, con una ruta ya prefijada a propuesta del Holandés que quería hacernos sufrir un poquito.
El inicio rodeando el Cerro del Telégrafo, como no, para bajar hasta el pueblo y cruzar la carretera de Valencia y dirigirnos hacia Protección Civil.
Nos juntamos sobre el puente del rio Manzanares, antes de llegar a Casa Eulogio, donde nos realizamos la foto de grupo y nos despedimos de nuestros dos acompañantes.
La idea era ir por los cortados del Manzanares, cruzar el desprendimiento junto a la junta de los ríos y hacer ruta hasta el puente del Jarama, en San Martín de la Vega. La primera parte por la carretera del canal, hasta poco antes de la casa del guarda de La Marañosa, donde cruzamos el canal y cogimos la pista que recorre los numerosos campos de cultivo de las huertas de San Martín.
Después de cruzar el Jarama por el puente, tocaba el plato fuerte de la mañana, la subida de la urbanización Vallequillas. Ahí más de uno sufrió de lo lindo para llegar arriba, incluso poniendo pie a tierra en las zonas más pedregosas. Pero todos llegamos sin problemas hasta arriba.
Fotos: Holandés
En el lugar de siempre el platanito de rigor, con unos instantes para el reposo, los comentarios jocosos, cosas varias y sobre todo para el habituallamiento del personal. Sin que faltara la foto del pelotón de la jornada.
Continuamos la ruta hacia la Cañada Real y ya en ella, muy a pesar del Profe que había pedido más caña no fuimos hacia Titulcia a tomarnos un pepito de crema, sino la meta siguiente de forma sensata era la cementera de Morata.
Llegando a la cementera de Morata cuando iba detrás de Aure, vi que hacia uno de esos derrapes de los suyos y un lagarto huía despavorido hacia un olivo. Corría como alma que lleva el diablo o más bien saltó porque le hubiera convertido en una pegatina para su bici. Afortunadamente se salvaron ambos.
Lagarto ocelado, un congénere del amigo de Aure
Foto: Marqués
Tras recorrer aquellos olivares maravillosos nos juntamos en la carretera que viene desde el Puente de Arganda con dirección a Morata, es decir M-532. Una vez en los alrededores de la cementera hicimos un pequeño tramo de esta carretera para tomar un camino que la deja a la derecha y que enlaza con la pista de cemento que nos lleva a nuestro camino Vaáamono.
Foto: Marqués
Tras recorrer aquellos olivares maravillosos nos juntamos en la carretera que viene desde el Puente de Arganda con dirección a Morata, es decir M-532. Una vez en los alrededores de la cementera hicimos un pequeño tramo de esta carretera para tomar un camino que la deja a la derecha y que enlaza con la pista de cemento que nos lleva a nuestro camino Vaáamono.
En el Vaáamono de nuevo nos juntamos y para abajo como flechas, bueno es un decir porque unos bajan muy veloces y otros a un ritmo más bajo por si las moscas.
Ya no se volvió a juntar el pelotón hasta llegar a la fuentecita del parque pasada la laguna del Campillo. ¡Qué bien viene ese aguita! , aunque a algunos sobre la cabeza les hizo dar un respingo.
Ya nos quedaba el último tramo para completar una etapa de unos 55 km de recorrido que acabó como era de esperar en el Camelot, donde hicimos el homenaje perfecto a una bonita etapa.
Nos vemos, NENAZAS












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