24 de junio de 2012, potente etapa al Ecce Homo de Alcalá de Henares


Solo dos días después de la última etapa en las Zetas de La Pedriza, de nuevo fuimos convocados para hacer una nueva etapa que había preparado a conciencia GPS durante la semana anterior.
Para intentar evitar los advertidos calores para esa mañana, cambiamos la hora para salir a las 8:00 h. Antonio no miró el correo electrónica enviado el sábado y salió a las 8:30 h., su etapa fue del todo distinta porque se fue hasta la cementera y regresó.
La propuesta era ir hasta Alcalá de Henares y allí subir una inalcanzable cima en el Ecce Homo, en una zona protegida en dicho término municipal. Y así 7 intrépidos Nenazas salimos cuesta abajo por el Cristo de Rivas camino de San Fernando de Henares.
Es una parte de ruta ya muy conocida, que cruza el río Jarama junto a la avenida de los Chopos, recorre el parque de La Guindalera, el Caserío del Henares y llega hasta el Castillo de Aldovea y el Barrio del Castillo en Torrejón de Ardoz.
Como ya sabéis, pasamos junto al Parque Europa y en el cementerio bajamos hacia el rio para ir hacia el puente que cruza el Henares. Allí la mayor parte del grupo tiró tras del Holandés que no freno en su alocada carrera y escogió por error el camino alejado del río. Los dos de atrás siguieron la senda junto al Henares y todo el grupo se junto al puente para hacer la foto de pelotón, se iba preparando el regreso de alguno.

Pelotón de la jornada 
Foto: Marqués 

De nuevo juntos, cruzamos el río y tomamos rumbo hacia la base del Cerro del Viso. Allí y junto a la zona de la granja con caballos sobrevino la deserción de los dos primeros miembros del pelotón, Salva y Marqués decidiéron que no era el día para sufrir y a trote cochinero iniciaron el regreso hacia casa. A las 11:15 h. la ruta dominical para ellos concluía cuando tomaban pie a tierra en la calle Picos de Urbión.
Bueno como podréis comprobar a partir de aquí el grupo menguó y el cronista titular cedió el testigo, así que nos perdonaréis los cambios de estilo, métrica y demás recursos lingüísticos.
A lo que íbamos, tras la primera escisión del grupo, el resto siguió sí, pero achuchados por los casi más de 30 grados que caían ya a plomo a esas horas, ante lo cual GPS metía prisa ansioso por completar su trabajada etapa. Pero claro, espolear el caballo tiene su peligro. El caso es que, tras despedir como se merecen a los que nos abandonaban, iniciamos el exigente camino que bordea la ladera de El Viso. El dichoso camino es como las malas mujeres, sinuoso, con curvas, caprichosos altibajos y pegajoso hasta el punto de dejarte casi parado. Alguno de hecho, miraba incrédulo sus ruedas pensando que había pinchado, por la dificultad para avanzar en ese terreno arenoso. Pero, como también pasa con las mujeres, una vez te has hecho con él, ¡¡cómo se disfruta!!.
Tras superar los numerosos toboganes del Viso, con el Holandés y un desmadrado Josemari a la cabeza tirando del resto, llegamos a la cantera y un poco más allá a la carretera que conduce al Cementerio-Jardín de Alcalá y a las puertas del Parque del Gurugú. Allí nueva parada de reagrupamiento y nuevo amago de escisión. La labia de GPS consiguió que David y el Sargento Pegatinas siguieran adelante unos cientos de metros más al interior del Gurugú, en dirección al hito de la jornada.

Unos pensativos 
Foto: Josemari


David y el Sargento pegatinas antes de la retirada
Por Josemari


Después del nuevo abandono, nos adentramos en ese espacio natural de nombre tan latino. La verdad es que fue una sorpresa, al menos para el que narra, lo bonito que resultó el parque para ir sobre una bici. El camino hacia el Ecce Homo es cómodo, pica hacia arriba lo justo y es muy llevadero, salvo por algún cuestorrón de esos que casi hacen echar pie a tierra. El caso es que a muy buen ritmo llegamos a la zona de pinar situada al pie del pico de marras. Allí paramos de nuevo para estudiar a fondo lo que GPS había pintado ya como “la peor subida que había hecho nunca”. El caso es que nunca nos habíamos pensado tanto como enfilar una cuesta y ya el inicio echaba para atrás.
Si a eso unimos la presencia en el pinar de una moza ciclista deseosa de que alguien le echara.... una foto, nos demoramos algo más en encarar la subida. A pesar de que la mente calenturienta de GPS echara a volar, el caso es que el encuentro con la colega ciclista, no pasó de un intercambio de opiniones técnicas con el Holandés y recomendaciones sobre como acometer el cuestón, además de agradecer encarecidamente el haberle hecho una foto que de otra forma no se habría podido sacar. En fin, que no estaba el horno para bollos, ni como se suele decir, el chichi para ruidos (sobre eso tengo mis dudas), que la cosa era muy seria.

En el pinar antes de la pendiente 
Fotos: Josemari

Y para allá arriba que nos fuimos, primero Josemari, luego GPS y por último, tras despedirse de la rumana (creo que lo era), el Holandés. La subida respondió a las expectativas y uno tras otro fuimos descabalgando, bien por su dureza, bien porque la rueda delantera se encabritaba. El caso es que aquello no hay forma de subirlo sobre una bici, o al menos nosotros no fuimos capaces. La cuesta no es muy larga pero las piedras, la arena y algunas curvas de 180º como paredes, la hacen durísima.
Andando y tirando de las bicis, llegamos a la cumbre, donde como anunciaba GPS, encontramos un puesto de observación de los bomberos de la Comunidad de Madrid, al frente del cual estaba una mujer, digamos de gran personalidad, aunque seguro que atesora otras muchas virtudes, y entre ellas la generosidad con la que nos permitió cobijarnos de un sol de justicia bajo el toldo de su chiringo.


En la cumbre, por fin, el platanito o la manzana, disfrutar de las vistas, charla con la bombera (que se pasa allí la friolera de 9 horas al día), las fotos de rigor y afrontar la bajada, que si la subida era complicada, el descenso tampoco pintaba mal.

GPS y Holandés

Josemari y Holandés, el Cerro del Viso al fondo


Alcalá desde arriba

Vista hacia Meco 
Fotos: Josemari

Tras despedirnos de la oteadora de incendios, empezamos a bajar despacito pero a escasos metros, alguno decidió que lo que no se puede subir montado en la bici, tampoco se puede bajar. Así que pié a tierra, mientras observaba como Josemari y GPS intentaban la bajada. Aquí tengo que rendirme ante los dos, porque la bajada era de las buenas, con arena a mansalva, regueros de piedra suelta, rocas escondidas y un desnivel muy serio.
Josemari, demostrando una vez más que el hombre es el único animal que se la da dos veces con la misma piedra, o bien que tiene menos memoria que un rape, se tiró para abajo envenenado, mientras su rueda trasera intentaba pasar a la delantera. En un alarde de control superó el trance, llegando al inicio de la cuesta de una pieza.
Entonces sucedió lo inesperado. Igual que cayó el Imperio Romano, igual que perdimos Cuba, se derrumbó el muro de Berlín y se hundió Bankia...... Rafa, nuestro GPS ¡¡¡¡ rodó por los suelos !!!!!, siguiendo a Josemari. Sí Profe, sí, yo lo vi, igual que si fuera del mismo centro de Bilbao, ante la duda de rodar ladera debajo de mala manera o “tirarse” sobre los cantos rodaos, prefirió esta opción, y acaeció el revolcón.
Tras reponerme de la sorpresa, vi que no tenía más que alguna magulladura y seguimos bajando, a pie, como buenamente pudimos.
Llegados de nuevo al pinar, seguimos bajando por el mismo camino de subida pero GPS de nuevo nos tenía preparada una sorpresa final. En un desvío nos metió por un pequeño cañón que desfilaba entre barrancos y que zigzageaba durante un buen tramo, llevándonos por un camino muy estrecho aunque muy divertido y rápido hasta conectar de nuevo, casi abajo del todo, con la entrada del parque. Echamos de menos aquí a algunos de los Nenazas que habrían disfrutado mucho de este recorrido sinuoso.
Después de refrescarnos y reponer agua en el Centro de Interpretación, iniciamos la vuelta a casa por el mismo camino que en la ida.
El calor, el sol, la poca agua y los kms pasaron factura durante la vuelta y para alguno fueron un auténtico calvario. Antes de llegar, parada de avituallamiento (Aquarius y Donetes) en el Barrio del Castillo y sobre las 13:30 h. más o menos llegábamos en mejor o peor estado al Camelot, después de haber recorrido 70 kms, bajo un sol de justicia.
Omitiremos detalles sin importancia como las llamadas desde la piscina de la Manzana 8, por algún Nenaza comodón, o el encuentro con otro recién duchado y descansado, en coche, mientras los 3 valientes sufríamos la subida del Cristo de Rivas.
Y así, con unas cervezas que supieron a gloria y un merecido baño en la piscina, terminó una preciosa etapa que algún día, ya lo veréis, repetiremos.


La ruta y su perfil
By GPS

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