A algunos no hay quien le pare. Ni el frío invernal, ni el calor veraniego,
bueno ya sabéis que la cita dominical para algunos es sagrada y así una vez más
el pelotón Nenaza acudía en busca de la ruta correspondiente a este domingo.
El pelotón fue citado en primera convocatoria a las 8:00 de la mañana, hora a la que casi nadie se presentó y a las 8:15 como segunda y definitiva.
Allí acudimos 6 valientes Nenazas, sin un destino prefijado pero rápidamente Jokin se decidió como no podía ser menos por su camino favorito. No me adelanto, si lo os lo imagináis, lo veréis más adelante.
La salida hasta el pueblo por el camino habitual, rodeando el Cerro del Telégrafo por la pinada y solo cambiando el final, al bajar evitando el prohibido por la calle que se dirige hasta la estación del Metro, para girar a la izquierda en la última rotonda para enfilar hacia el aparcamiento de la laguna de El Campillo.
Una vez allí salimos a la carretera de Chinchón, como no podía ser de otra manera, para empezar a subir por el Vaáamono hasta pasar la finca de los caballos y comenzar la subida favorita de nuestro Holandés, los Cerros Concejiles. Una subida tendida, donde el pelotón no tuvo más remedio que estirarse, aunque la verdad que mucho menos que otras veces.
En la última cuestecilla antes de la parada de reagrupamiento, una torpeza hizo que en un mal cambio de piñones, la cadena saltara por los aires y la bici se quedara inhabilitada temporalmente.
El pelotón fue citado en primera convocatoria a las 8:00 de la mañana, hora a la que casi nadie se presentó y a las 8:15 como segunda y definitiva.
Allí acudimos 6 valientes Nenazas, sin un destino prefijado pero rápidamente Jokin se decidió como no podía ser menos por su camino favorito. No me adelanto, si lo os lo imagináis, lo veréis más adelante.
La salida hasta el pueblo por el camino habitual, rodeando el Cerro del Telégrafo por la pinada y solo cambiando el final, al bajar evitando el prohibido por la calle que se dirige hasta la estación del Metro, para girar a la izquierda en la última rotonda para enfilar hacia el aparcamiento de la laguna de El Campillo.
Una vez allí salimos a la carretera de Chinchón, como no podía ser de otra manera, para empezar a subir por el Vaáamono hasta pasar la finca de los caballos y comenzar la subida favorita de nuestro Holandés, los Cerros Concejiles. Una subida tendida, donde el pelotón no tuvo más remedio que estirarse, aunque la verdad que mucho menos que otras veces.
En la última cuestecilla antes de la parada de reagrupamiento, una torpeza hizo que en un mal cambio de piñones, la cadena saltara por los aires y la bici se quedara inhabilitada temporalmente.
Fotos: Calzas
Menos mal que siempre hay alguien que lleva herramientas, porque era necesario para el arreglo un troncha-cadenas y alguien que supiera usarlo. El arreglo duro un poco más de la cuenta, pero gracias a un eslabón maestro que llevaba Antonio la cadena pudo repararse y así poder continuar con la etapa.
Ahí mismo aprovechamos para la foto de pelotón, y para que
Antonio se despidiera del grupo tras cumplir su cupo del día y para volver tras
nuestros pasos para recuperar una cámara que había extraviado por llevar
abierto el bolsito de la bici.
Nuestro recorrido siguió adelante para bajar hasta la Vía
Verde de Morata, la cual cruzamos para continuar haciendo la preciosa subida
hacia la Dehesa del Carrascal. En la subida se estiró de nuevo el pelotón, donde Clavi
pagaba su inactividad y perdía la estela de los de delante en las rampas más
empinadas.
Clavi en la Dehesa del Carrascal
Foto: Marqués
Arriba en una de las mesas del parque de la Dehesa tuvo lugar la parada de avituallamiento. La verdad que daba vergüenza ajena el estado del lugar, montones de basura por todas partes hacían que el pinar pareciera más un estercolero que un lugar de uso y disfrute de la naturaleza que a todo resiste. ¡Qué guarros que somos los seres humanos!
Foto: Marqués
Arriba en una de las mesas del parque de la Dehesa tuvo lugar la parada de avituallamiento. La verdad que daba vergüenza ajena el estado del lugar, montones de basura por todas partes hacían que el pinar pareciera más un estercolero que un lugar de uso y disfrute de la naturaleza que a todo resiste. ¡Qué guarros que somos los seres humanos!
Fuente en la Dehesa del Carrascal
Fotos: Marqués
Tocaba la vuelta y tras unas negociaciones de los miembros
del pelotón, decidimos continuar hacia el Rock in Rio, pasando por el cementerio
de mascotas, para dirigirnos hacia las canteras de Morata.
Unos caminos muy usados por el grupo. Canteras, olivares,
camino del Piolín, ya sabéis un recorrido que sin descanso nos lleva hasta el
puente metálico de la Vía Verde.
La bajada hacia el Puente de Arganda por el Vaáamono a toda
velocidad y sin tregua por parte de nadie para llegar de nuevo a la carretera
de Arganda y realizar la última de avituallamiento en la fuentecilla del parque
del pueblo. Allí unos bebían, otros metían la cabeza bajo el grifo, otro los
pies e incluso Clavi se despedía del pelotón quedándose limpiando la bici con chorritos
de su botella de agua.
Del resto poco que decir, pues Jokin desapareció por delante
y el trío restante completó la subida en pelotón para completar una ruta de 51
km en torno a las 12 de la mañana con una temperatura considerable que el
verano está cerca. Es una buena hora para llegar a casa, para tomarnos unas
cerecitas en La Rotonda y alguna más en la piscina de la Manzana 8, como no
podía ser menos, que la temporada de baños fue inaugurada el día anterior por
nuestro presi Rulo.


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