9 de junio de 2013, volvimos por la cañada del aeropuerto de Barajas

Quedaba convocado el pelotón Nenaza a las 8:30 h. de un domingo de primavera, que más parecía un día de finales del invierno. El cielo nublado y una temperatura de 12º C, en el que iba a ser el último domingo con mal tiempo, a partir de aquí vendrán los calores.
Solo tres del pelotón acudimos a la cita dominical, exiguo y rácano grupo en cuanto a número, los gallos, los ruedines y la gran mayoría se quedaba fuera de juego en esta desapacible mañana.
No había nada preparado, no teníamos ni idea a dónde ir, pero pronto  surgió la idea de hacer una etapa tranquila para regresar pronto a casa y no desgastarnos en exceso. Así se decidió tomar camino cuesta abajo por el Cristo de Rivas en dirección a San Fernando de Henares. Rápidamente llegamos a la altura del puente de Moco, sin cruzarlo, para continuar por el paseo de los Chopos donde un guasap nos hizo tomarnos un receso para ver quien coño mandaba mensajitos a esa hora de la mañana.
Era Avispa, que se había quedao frito y preguntaba por la ruta, para tomar la misma dirección y unirse al pelotón. Tras ser informado, el grupo siguió adelante por la vega del río Jarama en dirección a la carretera de Barcelona, la cual cruzamos sin pausa para pronto alcanzar la zona de La Muñoza, junto al aeropuerto de Barajas.
Todo estaba desierto, no nos cruzamos con ningún ciclista en los primeros kilómetros de la vía pecuaria SR-71, y nada más cruzar bajo la carretera entre Barajas y Paracuellos M-111, hicimos una corta paradita para dar tregua al que iba en nuestra búsqueda y tomar un refrigerio, con fotos incluidas.

Trio de cabeza
Foto: Marqués 


Marqués
Foto: Rulo 
 
Seguimos adelante poco después, con una sorpresa nada más recorrer los primeros cientos de metros. Caminando venían andando una preciosa moza, su madre y sus perros (un dálmata entre ellos), conocida porque en una etapa en el pasado mes de agosto nos hizo una foto de mini pelotón sentados en el tronco del pino caído. Elevator y Clavi, ¿os acordáis de ella?
Comentada la anécdota, continuamos pedaleando el trío en paralelo al aeropuerto de Barajas, flipando como siempre con el aterrizaje de los aviones muy cerca de nuestro camino.
Recordé un poco más adelante que había un puente que cruza el río Jarama para contactar con el polígono de Paracuellos y como el resto no lo conocía, hicimos un breve receso para conocer el enclave.
 
Puente peatonal en el río Jarama
Foto: Marqués
 
Curiosamente, en el momento que el trío salía de nuevo al camino principal Avispa llegaba para unirse al grupo. Si tardamos un poco más, nos adelanta y le perdemos por delante. Menos mal que no fue así.
A unos 100 metros por delante, tocaba cruzar el arroyo  de las Zorreras, que baja desde la urbanización de La Moraleja. Allí Rulo y Chema, cruzaron a pie por los bloques de cemento, pero los que íbamos por detrás le echamos valor y tomamos la tangente para atravesar el cauce por tol medio. Avispa tomó la delantera, topándose con un piedro en el medio del arroyo y poniendo pie a tierra o mejor dicho a agua, antes de llegar a cruzar el arroyo. Ni que decir tiene, que se empapó los pies.


 
Cruzando el arroyo de las Zorreras
Fotos: Marqués y Rulo
 
 
 Detrás pasé yo, sin miedo y en plan jabalí, que no hay charco que se me cruce y me amedrante. El teléfono de Chema se atoró y no pudo grabar el evento, Ya lo haría a la vuelta.
 
Con los aviones
Foto: Rulo y Marqués 
 
Poco después tocaba cruzar el arroyo de la Vega, esta vez por el puente de cemento que facilita su paso, al cual no le vendría mal una rampita para llegar al camino una vez acabado el hormigonado.

Azulones en el arroyo de las Zorreras
Foto: Marqués 
 

Llegados al final de las pistas, una reunión rápida nos hizo poner en juego un poco de improvisación. En vez de tomar rumbo hacia la zona comercial de San Sebastián de los Reyes, seguimos río arriba, por caminos nunca recorridos por el grupo para abrir nuevas rutas.
La zona estaba un poco caótica, zanjas, charcos, barrizales e incluso una pestilencia increíble nos rodearon durante un tramo bastante largo. La causa probable, la depuradora del arroyo Quiñones que desprendía un tufo de impresión.
El resto del camino hasta llegar a nuestro destino final, flanqueado por picaderos de caballos y alguna que otra nave industrial.
Tras cruzar la carretera que une la A-I, nacional de Burgos, con destino a Algete hicimos la parada del platanito frente a la puerta trasera de la fábrica de cerveza Heineken, donde tomamos un refrigerio y tras una breve parada, retornábamos por el mismo camino por el que habíamos venido.

Cerecitas a mogollón
Foto: Marqués
 
Un poco más adelante Rulo tuvo un antojo, hacerse unas instantáneas junto a unos preciosos corceles de uno de los clubs hípicos, acompañados por un burro. Como no podía ser menos, una paradita, unas fotos y a pedalear tras la estela de los de delante.
 



 

Bellos corceles
Fotos: Marqués y Rulo 


La vuelta un tanto monótona, solo alterada un tanto cuando tocaba de nuevo cruzar el arroyo de las Zorreras. Esta vez los reporteros gráficos tomaron posición para no fallar, y de nuevo Avispa y yo íbamos a cruzar esta vez con testimonio del momento.

 
 
Cruzando el arroyo de las Zorreras
Fotos: Rulo

 
Vidrios por Chema
 
 
Por delante esta vez tomé la salida, y de nuevo cual jabalí crucé sin sobresalto. Por detrás le tocaba a Avispa, que aunque cruzó sin problemas estuvo a punto de caer de nuevo nada más salir del agua, metiéndose a la vegetación ribereña. Unas risas y adelante que había que volver a casa.
Del resto poco que contar, pues sin sobresaltos llegamos hasta La Muñoza, cruzamos la A-II y recorrimos la vega del Jarama en pos de la última subida por el Cristo de Rivas hasta las calles cercanas a nuestro punto de partida.


 

 


A la vuelta
Fotos: Marqués 

 
El grupo que solo se estiró en las últimas rampas del Cristo, llegaba hasta la avenida de las Provincias sin sobresaltos tras una etapa de 62 kilómetros tranquilos, muy tranquilos, en torno a las 12:35 h.
Rulo tiró pa casa, y el resto de peregrinación para encontrar donde tomarnos las cerecitas. Cerpa cerrado, Camelot ni que contar nada más y la única opción que nos quedaba era La Rotonda, el bar del Centro Covibar II. Un par de cerecitas o tres, ya no recuerdo y para casa hasta el domingo próximo.
 
 
 
En La Rotonda
Fotos: Avispa y Marqués

No hay comentarios: