2 de junio de 2013, por canteras y olivares hasta el Rock in Rio

Tocaban a zafarrancho, los gallos volvían al pelotón. Y poco más tarde de las 8.45 h., la hora fijada para el inicio de la etapa, partía el pelotón Nenaza hacia lo desconocido.
Formaban el pelotón los más habituales, es conocido que hay algunos que faltan desde hace mucho tiempo y que los achaques de la pila de años que vamos teniendo han causado estragos últimamente entre nosotros. Los años no perdonan.
GPS tenía una etapa preparada en mente, y en esa dirección partimos sin dudarlo, eso sí con una idea constante, recortar un poco su recorrido para llegar un poco antes a nuestro hogar.
La primera parte de la etapa transcurrió por caminos muy conocidos y usados por el grupo, incluso alguna voz llegó a alzarse para recordar que ya está cansado de pasar por allí. Imaginaos, calle Pilar Miró, pueblo, parking de la laguna de El Campillo, carretera de Chinchón  y el dichoso camino Vaáamono. 
Subimos de forma rápida, como siempre con prisa y sin pausa, para alcanzar la parte más alta goteando aunque a distancias más cortas que en otras ocasiones. Junto al puente metálico de la vía verde de Morata, la reunificación como siempre y la foto de pelotón, que Antonio se volvía para casa.

Pelotón de la jornada
Foto: Marqués
 
En la continuación recorrimos las canteras de Morata, pasando por el Piolín (cada vez más perjudicado por la intemperie), los olivares y otras zonas conocidas por todos.
Una vez cruzada la carretera que une Arganda del Rey con Morata, atravesamos la gran cantera  y tomamos la cañada que recorre el borde de la planicie sobre la depresión del Valle del Tajuña. En otras ocasiones circulamos por esa ancha pista, aunque en una sola de ellas llegamos hasta el final, una en la que tras degustar un gustoso caldito de Jokin bajamos por una infame cuesta hasta Perales de Tajuña.
Pero esta vez, y aunque GPS nos tenía preparada una nueva cuestecilla hasta Perales, el pelotón se resistió para cambiar la dirección en el último momento y dirigirnos hacia la A-3, con Campo Real al fondo.
 

En un cruce de un camino cerca de Perales de Tajuña
Foto: Marqués
Una vez junto a esta autovía, por carretera asfaltada llegamos hasta el Rock in Rio. Que buen firme tiene y como van las 29er por esa zona.
La parada del platanito tocaba allí, en el parking del recinto de conciertos que la verdad no entendemos para que narices se hizo, usado una vez al año y poco más.  Un ejemplo más del malgasto en este país.
 












Imágenes del pelotón en el Rock in Rio
Fotos: Marqués
El regreso a casa estaba cantado, y  la ruta más directa había sido la elegida. Esa que baja junto a la A-3 en un recorrido zigzagueante, que pasa junto al área recreativa de la Fuente del Valle y acaba en la vía verde de Morata ya muy cerca del Hospital del Sureste en Arganda.
En paz y armonía seguimos hasta alcanzar La Poveda, pasar junto a su estación de tren ya dispuesta para los paseos dominicales y cruzar por el puente de las avispas. Por cierto, para los más temerosos el puente con estas temperaturas está libre de nuestros queridos himenópteros.
Llegando al puente un perro casi hace dar con los huesos en el suelo, pasó a todas prisas entre mi pierna ya apoyada en el suelo y la bici. Además, cruzando el puente de manera ilógica se salió la cadena de mi bici cuando iba a pie, no lo entiendo, y así con el tiempo que perdí colocándola perdí el contacto con el grupo de forma casi definitiva, al no estar al corriente de lo que hacían los de delante tomé otro camino distinto al resto y solo me encontré con Jokin que me abordó sorpresivamente desde atrás en la avd. Pilar Miró, después de su recorrido por las cuestas de los cortados. Juntos llegamos hasta casa.
El resto debió hacer la subida integra por los cortados, o eso creo, para completar una etapa que en mi cuentakilómetros registraba una distancia de 57 km y en los suyos sería un par de kilómetros más, como mucho. Una etapa donde un viento muy molesto soplo en todo momento en contra de los avezados ciclistas, vaya castigo y como bien dice Rulo, el viento nunca ayuda..
En el Cerpa nos juntamos antes de la una de la tarde para las cerecitas, que el Camelot ya es historia como comentamos en anteriores crónicas. Un par de cerecitas o tres y para casa que ya era hora.
Salud y buen caldo compañeros, a unos que se recuperen de las dolencias y otros que el ánimo regrese a su ser para que el grupo vuelva por nuestros fueros con un pelotón más animado y numeroso.

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