Tocaban a zafarrancho, los gallos volvían al pelotón. Y poco
más tarde de las 8.45 h., la hora fijada para el inicio de la etapa, partía el
pelotón Nenaza hacia lo desconocido.
Formaban el pelotón los más habituales, es conocido que hay
algunos que faltan desde hace mucho tiempo y que los achaques de la pila de
años que vamos teniendo han causado estragos últimamente entre nosotros. Los
años no perdonan.
GPS tenía una etapa preparada en mente, y en esa dirección
partimos sin dudarlo, eso sí con una idea constante, recortar un poco su recorrido
para llegar un poco antes a nuestro hogar.
La primera parte de la etapa transcurrió por caminos muy
conocidos y usados por el grupo, incluso alguna voz llegó a alzarse para
recordar que ya está cansado de pasar por allí. Imaginaos, calle Pilar Miró,
pueblo, parking de la laguna de El Campillo, carretera de Chinchón y el dichoso camino Vaáamono.
Subimos de forma rápida, como siempre con prisa y sin pausa,
para alcanzar la parte más alta goteando aunque a distancias más cortas que en
otras ocasiones. Junto al puente metálico de la vía verde de Morata, la
reunificación como siempre y la foto de pelotón, que Antonio se volvía para
casa.
En la continuación recorrimos las canteras de Morata,
pasando por el Piolín (cada vez más perjudicado por la intemperie), los
olivares y otras zonas conocidas por todos.
Una vez cruzada la carretera que une Arganda del Rey con
Morata, atravesamos la gran cantera y
tomamos la cañada que recorre el borde de la planicie sobre la depresión del
Valle del Tajuña. En otras ocasiones circulamos por esa ancha pista, aunque en
una sola de ellas llegamos hasta el final, una en la que tras degustar un
gustoso caldito de Jokin bajamos por una infame cuesta hasta Perales de Tajuña.
Pero esta vez, y aunque GPS nos tenía preparada una nueva
cuestecilla hasta Perales, el pelotón se resistió para cambiar la dirección en
el último momento y dirigirnos hacia la A-3, con Campo Real al fondo.
Una vez junto a esta autovía, por carretera asfaltada
llegamos hasta el Rock in Rio. Que buen firme tiene y como van las 29er por esa
zona.
La parada del platanito tocaba allí, en el parking del
recinto de conciertos que la verdad no entendemos para que narices se hizo,
usado una vez al año y poco más. Un
ejemplo más del malgasto en este país.
El regreso a casa estaba cantado, y la ruta más directa había sido la elegida.
Esa que baja junto a la A-3 en un recorrido zigzagueante, que pasa junto al
área recreativa de la Fuente del Valle y acaba en la vía verde de Morata ya muy
cerca del Hospital del Sureste en Arganda.
En paz y armonía seguimos hasta alcanzar La Poveda, pasar
junto a su estación de tren ya dispuesta para los paseos dominicales y cruzar
por el puente de las avispas. Por cierto, para los más temerosos el puente con
estas temperaturas está libre de nuestros queridos himenópteros.
Llegando al puente un perro casi hace dar con los huesos en el suelo, pasó a todas prisas entre mi pierna ya apoyada en el suelo y la bici. Además, cruzando el puente de manera ilógica se salió la cadena
de mi bici cuando iba a pie, no lo entiendo, y así con el tiempo que perdí colocándola
perdí el contacto con el grupo de forma casi definitiva, al no estar al
corriente de lo que hacían los de delante tomé otro camino distinto al resto y
solo me encontré con Jokin que me abordó sorpresivamente desde atrás en la avd. Pilar Miró,
después de su recorrido por las cuestas de los cortados. Juntos llegamos hasta
casa.
El resto debió hacer la subida integra por los cortados, o
eso creo, para completar una etapa que en mi cuentakilómetros registraba una
distancia de 57 km y en los suyos sería un par de kilómetros más, como mucho. Una etapa donde un viento muy molesto soplo en todo momento en contra de los avezados ciclistas, vaya castigo y como bien dice Rulo, el viento nunca ayuda..
En el Cerpa nos juntamos antes de la una de la tarde para
las cerecitas, que el Camelot ya es historia como comentamos en anteriores
crónicas. Un par de cerecitas o tres y para casa que ya era hora.
Salud y buen caldo compañeros, a unos que se recuperen de las
dolencias y otros que el ánimo regrese a su ser para que el grupo vuelva por nuestros fueros con un pelotón más
animado y numeroso.
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