El silencio del whatsapp hacía
presagiar poca afluencia de Nenazas esa mañana, lo que por desgracia viene
siendo habitual últimamente.
Por si
fuera poco, nuestro cronista titular, un fijo del pelotón dominical, ya anunciaba la noche antes su posible
baja. Y así fue, ya que de nuevo una pequeña
piedra pudo con nuestro Goliath.
Aún así, allí estaba en pijama el
insigne Marqués de la Piedra, puntual a las 9 de la mañana, para dejar constancia gráfica de los 5
Nenazas que, sin saber muy bien a dónde,
iniciábamos ruta.
Y cómo ni el cronista oficial, ni el blog de los Nenazas se merecen un domingo sin crónica, ni una tipo telegrama, ahí va ésta cortita y breve de una mañana en bici.
Vaya por delante que Avispa se
presentaba a la convocatoria con la montura de su hijo, algo falta de
mantenimiento, y haciendo sonar el timbre que lleva en el manillar, para
regocijo, supongo, de los vecinos de la plaza.
Pero a lo que íbamos….
El día era bueno, aunque algo
frío, lo que a la postre se agradecería, que ya vendrán los calores. Salíamos a las 9 y pico, Antonio, el Profe, Avispa, Gavilán y Jokin, sin rumbo fijo. Camino de Morata en un principio, aunque luego se cambiaría de
opinión.
La salida habitual por el pinar
que bordea el Cerro y desemboca en la Avenida de Pilar Miró. De allí en un suspiro a la Laguna del
Campillo y a la carretera de Chinchón, en busca de las lomas argandeñas.
La idea era recorrer el Vaamonó
entero pero alguien sugirió tomar la
subida a los Cerros Concejiles que, además de bonita, protege bastante del
viento.
Aquí creo que merecen especial mención tanto
el Profe como Antonio, señor de los Jamones.
Ambos, algo faltos de forma por
las últimas ausencias, demuestran una vez más que son como los buenos Mihuras,
aceptan el castigo con nobleza, humillan y entran al trapo sin rechistar.
La subida entre pinos por los
Cerros Concejiles es, pese a quien pese, lo más parecido a la Sierra que
tenemos por la zona, cortita eso sí, pero en sus primeras rampas, con un poco
de imaginación, te trasladas a la Pedriza o la Fuenfría.
El caso es que poco a poco fuimos llegando a
su punto más alto, bueno, todos no. Jamones decidió darse la vuelta y emprender regreso por el mismo camino,
cumplido ya su cupo rodador.
Subiendo la última rampa
Fotos: Jokin
Foto: Jokin
Reagrupados en lo alto, bajamos
rápido hacia la Vía Verde y, tras cruzarla, nos dirigimos hacia la Dehesa del
Carrascal. Este camino, en su tramo
final sobre todo, está especialmente bonito en esta época, con muchos de sus
árboles en flor.
Tomamos la senda
pedregosa que va subiendo hacia la Dehesa, con algún tramo empinado y mucha
piedra. Finalmente un estrecho sendero,
de la colección de GPS, nos llevó al merendero en su parte más alta.
Allí, como es costumbre, parada y
fonda, o sea, plátano, barritas o polvorones, lo que cada cual se haya podido
agenciar en casa esa mañana. A esa hora,
y con la ropa ya mojada por el sudor, el
frío apretaba algo más, a pesar del sol.
Iniciamos la vuelta en dirección
al Rock in Río, para hacer algún kilómetro más.
Tras llegar a la valla del recinto, tomamos dirección a las canteras y,
después de algún despiste que no podía faltar, enlazamos rápidamente con el
camino de Piolín.
Ahí, en unas de sus curvas
cerradas, las dos primeras unidades del pelotón a punto estuvieron de tener un
choque frontal con otro ciclista que venía en sentido contrario. Los reflejos de todos evitaron por
centímetros lo que habría sido, hablando en plata, un “ostión” importante por
la velocidad a la que se rodaba.
Pasado el susto, nos juntamos de
nuevo los cuatro en el puente de hierro, bajo la Vía Verde. Quedaban, según apuntó el Profe con buen ojo,
unos 18 kms a casa, y para allá que nos fuimos.
La bajada del Vaáamono, a tumba abierta y
con algún que otro nuevo susto con una ciclista que debía ser inglesa, pues se
empeñaba en rodar por la izquierda. Rodando a más de 45 km/h llegamos a la carretera de Chinchón y
de ahí al pueblo.
Allí ya, la propuesta de subir
parte de los cortados para salir al auditorio de Miguel Ríos, sólo cuajó en la
mitad del pelotón. Así que finalmente
nos volvimos a juntar los cuatro Nenazas en el Chapu, con 52 kms en las piernas
y a una hora muy razonable
Ruta y perfil de la etapa
En Wikiloc por Avispa
.
Las cerecitas de rigor corrieron
a cargo de nuestro insigne Lusmi, el Avispa, que celebraba así su…..bueno su
titantos cumpleaños.
Y nada más, y nada menos, una
bonita mañana más de bici, de las que espero
se repitan, aunque con más Nenazas que en esta ocasión.








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