23 de marzo de 2014, una vez más por las lomas argandeñas

El silencio del whatsapp hacía presagiar poca afluencia de Nenazas esa mañana, lo que por desgracia viene siendo habitual últimamente.  

Por si fuera poco, nuestro cronista titular, un fijo del pelotón dominical,  ya anunciaba la noche antes su posible baja.  Y así fue, ya que de nuevo una pequeña piedra pudo con nuestro Goliath.

Aún así, allí estaba en pijama el insigne Marqués de la Piedra, puntual a las 9 de la mañana,  para dejar constancia gráfica de los 5 Nenazas  que, sin saber muy bien a dónde, iniciábamos ruta.  


Pelotón de la jornada 
Foto: Marqués


Y cómo ni el cronista oficial, ni el blog de los Nenazas se merecen un domingo sin crónica, ni una tipo telegrama, ahí va ésta cortita y breve de una mañana en bici.

Vaya por delante que Avispa se presentaba a la convocatoria con la montura de su hijo, algo falta de mantenimiento, y haciendo sonar el timbre que lleva en el manillar, para regocijo, supongo, de los vecinos de la plaza.  Pero a lo que íbamos….

El día era bueno, aunque algo frío, lo que a la postre se agradecería, que ya vendrán los calores.  Salíamos a las 9 y pico, Antonio, el Profe, Avispa, Gavilán y Jokin, sin rumbo fijo.  Camino de Morata en un principio, aunque luego se cambiaría de opinión.  

La salida habitual por el pinar que bordea el Cerro y desemboca en la Avenida de Pilar Miró.  De allí en un suspiro a la Laguna del Campillo y a la carretera de Chinchón, en busca de las lomas argandeñas.

La idea era recorrer el Vaamonó entero pero  alguien sugirió tomar la subida a los Cerros Concejiles que, además de bonita, protege bastante del viento.   

Aquí creo que merecen especial mención tanto el Profe como Antonio, señor de los Jamones.  Ambos, algo faltos de forma  por las últimas ausencias, demuestran una vez más que son como los buenos Mihuras, aceptan el castigo con nobleza, humillan y entran al trapo sin rechistar.

La subida entre pinos por los Cerros Concejiles es, pese a quien pese, lo más parecido a la Sierra que tenemos por la zona, cortita eso sí, pero en sus primeras rampas, con un poco de imaginación, te trasladas a la Pedriza o la Fuenfría.  

El caso es que poco a poco fuimos llegando a su punto más alto, bueno, todos no.  Jamones decidió darse la vuelta y emprender regreso por el mismo camino, cumplido ya su cupo rodador.








Subiendo la última rampa 
Fotos: Jokin


Reagrupamiento 
Foto: Jokin


Reagrupados en lo alto, bajamos rápido hacia la Vía Verde y, tras cruzarla, nos dirigimos hacia la Dehesa del Carrascal.  Este camino, en su tramo final sobre todo, está especialmente bonito en esta época, con muchos de sus árboles en flor.  


Almendro en flor 
Foto: Jokin


Tomamos la senda pedregosa que va subiendo hacia la Dehesa, con algún tramo empinado y mucha piedra.  Finalmente un estrecho sendero, de la colección de GPS, nos llevó al merendero en su parte más alta.

Allí, como es costumbre, parada y fonda, o sea, plátano, barritas o polvorones, lo que cada cual se haya podido agenciar en casa esa mañana.  A esa hora, y  con la ropa ya mojada por el sudor, el frío apretaba algo más, a pesar del  sol. 

Iniciamos la vuelta en dirección al Rock in Río, para hacer algún kilómetro más.  Tras llegar a la valla del recinto, tomamos dirección a las canteras y, después de algún despiste que no podía faltar, enlazamos rápidamente con el camino de Piolín. 

Ahí, en unas de sus curvas cerradas, las dos primeras unidades del pelotón a punto estuvieron de tener un choque frontal con otro ciclista que venía en sentido contrario.  Los reflejos de todos evitaron por centímetros lo que habría sido, hablando en plata, un “ostión” importante por la velocidad a la que se rodaba.

Pasado el susto, nos juntamos de nuevo los cuatro en el puente de hierro, bajo la Vía Verde.  Quedaban, según apuntó el Profe con buen ojo, unos 18 kms a casa, y para allá que nos fuimos.   

La bajada del Vaáamono, a tumba abierta y con algún que otro nuevo susto con una ciclista que debía ser inglesa, pues se empeñaba en rodar por la izquierda. Rodando a más de 45 km/h llegamos a la carretera de Chinchón y de ahí al pueblo.

Allí ya, la propuesta de subir parte de los cortados para salir al auditorio de Miguel Ríos, sólo cuajó en la mitad del pelotón.  Así que finalmente nos volvimos a juntar los cuatro Nenazas en el Chapu, con 52 kms en las piernas y a una hora muy razonable


Ruta y perfil de la etapa 
En Wikiloc por Avispa

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Las cerecitas de rigor corrieron a cargo de nuestro insigne Lusmi, el Avispa, que celebraba así su…..bueno su titantos cumpleaños.


Y nada más, y nada menos, una bonita mañana más de bici, de las que espero  se repitan, aunque con más Nenazas que en esta ocasión.

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