De nuevo a golpe de pedal tocaba que algunos de los más
intrépidos Nenazas salieran en busca de esos caminos, a veces sendas y otras
veces trochas que poco tienen que ver con nada por donde circular con
normalidad.
Ya en la tarde del sábado, cuando convocábamos al personal, GPS no hacía más que meter miedo y alguno puede que se echara atrás, no saliendo con el grupo. Esos ruedines que buscan cualquier excusa para salir a montar. Cada uno sabrá lo que hace.
Ya en la tarde del sábado, cuando convocábamos al personal, GPS no hacía más que meter miedo y alguno puede que se echara atrás, no saliendo con el grupo. Esos ruedines que buscan cualquier excusa para salir a montar. Cada uno sabrá lo que hace.
A la hora de la salida ya nos presentábamos unos de esos en la plaza, con cambio de
vestimenta en alguno. Se notaba el miedo al cambio de temperaturas que está
adueñándose de este templado otoño, pues hacía verdadero frescor a la hora de
la salida.
Salimos rápido por el Cerro del Telégrafo, por la pista
ancha que lo rodea por la izquierda entre los pinos. David nos esperaba en su
rotonda habitual y se reincorporaba al pelotón tras un periodo de inactividad
debida a una operación en una de sus manos. Parece que todo está perfecto.
Pero poco después, cuando estábamos a punto de llegar a la
parte más baja de la avd. Pilar Miró, GPS nos deleitó con una de sus sorpresitas y
haciéndonos girar a la izquierda para iniciar una subida hacia los caminos de los
cortados.
En principio se pasó junto al antiguo vertedero de Madrid,
sobre el que se colocó el parque Montarco, por una estrecha sendita que subía
hacia lo más alto. Pero en ese momento, los dos de cola de pelotón decidimos
que era pronto para hacer exceso y nos dimos la vuelta para regresar al punto
de partida y realizar la bajada habitual por las calles del pueblo hacia el
aparcamiento de la laguna de El Campillo.
Un problema en la bici del Profe, con los frenos que no
frenaban y el cambio que no hacia bien
su papel, le hicieron replantearse la jornada, iba a bajar hasta la laguna y se
daría la vuelta, la cosa no estaba para mucho más, pues sin frenos las cosas se
pueden poner muy peligrosas.
Allí un tras una espera, fueron llegando el resto del
pelotón, primero los gallos todos juntitos, que habían tomado un atajo sin
recorrer todas las cuestas del camino de los cortados , y mucho después
Josemari y Avispa, que habían perdido contacto con ellos y pagaron el pato
recorriendo el camino de los cortados completito.
Recorrido, a la ida y a la vuelta, por los cortados En Wikiloc por Avispa
En el aparcamiento de la laguna de El Campillo
Foto: Marqués
Ahí se despedía el Profe, que como dije no quería sustos. El
resto adelante que nos quedaba un trecho que recorrer aun.
Seguimos por la carretera de Chinchón aunque sin llegar al
Vaáamono , porque a la altura de la laguna de las Madres giramos a la izquierda
para dirigirnos hacia Arganda.
Pero esta vez no tocaba llegar hasta el polígono, tal y como
hicimos hace varias etapas, sino que el recorrido continuaba serpenteando
olivares y subiendo camino de lo más alto de los Cerros Concejiles. Un camino
que si no recuerdo mal solo lo hemos pedaleado en dos o quizás tres veces más.
La veda de la caza está abierta desde el jueves pasado y eso
era palpable en el ambiente. Todo nuestro recorrido fue flanqueado por escopeteros
en busca de sus primeras víctimas del año. Algún pobre conejo y quizás otros
animales indefensos caerían en manos de esta gente, ávida de demostrar su
puntería con ellos. Lástima por ellos.
Arriba nos juntamos de nuevo, con una breve parada de la que
poco más que recobrar la respiración y seguir hacia abajo en busca de la vía
verde. En la bajada David de forma muy intrépida y quién sabe si un poco temeraria,
nos hacia encoger el corazón a alguno al verle saltar y derrapar para esquivar una escorrentía en el camino,
con Gavilán por delante y a corta distancia. Buff, si hago yo eso me rebozo por las
piedrecicas del suelo.
En la vía verde nos juntamos de nuevo, para cruzarla y
seguir adelante por el camino que sube al Parque de la dehesa del Carrascal.
Ahí vendría la segunda de las sorpresas de la mañana.
En vez de seguir el camino habitual, como ya había comentado
antes GPS, subimos por un camino hacia la izquierda de él. Si recordáis aquel
que bajamos a mediados de septiembre, en la jornada que visitamos el pueblo de
Campo Real en fiestas, la joyita de senda entre coscojas, encinas y pinos que
bajé a pedalillo.
Esta vez no nos hacía subir por el mismo lugar, ya hubiera
sido la bomba. Pero el recorrido pasaba por unas zonas que más que un camino
parecían el cauce seco de un arroyo. Zanjas, piedras y todo tipo de obstáculos
no aptos para los menos hábiles.
A cola de pelotón nos quedamos Avispa y yo, perdiendo
contacto con los de delante. Debimos tomar un camino diferente al resto porque
cuando llegamos a lo más alto lo hicimos por un lugar diferente al resto. Pero
al fin de al cabo no nos habíamos perdido, que no hubiera sido difícil dadas
las circunstancias.
Subiendo por la Dehesa del Carrascal
Foto: Marqués
Arriba nos esperaba
el resto sentaditos en una de las mesas del Parque de la Dehesa del Carrascal,
donde descansamos, tomamos el platanito y discutimos sobre el resto de la
etapa. La cordura iba a dominar en el grupo y aunque la idea era continuar
hacia Perales de Tajuña, decidimos regresar hacia casa y no alargar más la
agonía.
Nuevo cartel con el "Decálogo de buen uso del monte" en la Dehesa del Carrascal
Foto: Marqués
Empezamos a bajar por donde solemos hacerlo, aunque alguno
decidió que necesitaba descargar más adrenalina y tomaron una estrecha senda
hacia la derecha. Aunque si os digo la verdad de poco sirvió pues nos juntamos
al poco en el camino principal. No hay atajo sin trabajo, decía un colega.
Recorrido por las lomas de Arganda
En Wikiloc por Avispa
La siguiente reunión en la vía verde, donde Gavilán nos
dejaba para volver a casa lo más rápido posible. Los compromisos varios, ya
sabéis.
El resto, sin muchas
ganas por parte de alguno volvimos para subir por el camino hacia los Cerros
Concejiles a la inversa. El primer tramo ya lo habíamos hecho por la mañana
hacia abajo y tocaba desandarlo.
Bajamos hasta el Vaáamono, ya conocéis como es el sitio,
para juntarnos bajo el puente que cruza la carretera que viene de Arganda hacia
la de Chinchón. Un puente muy conocido por todos.
Desde ahí vino la desbandada, el pelotón se estiró por
completo en la carretera de Chinchón, pues cada uno iba a su aire, es decir, como podía. Al pueblo llegamos estirados.
Jokin no tenía suficiente, decidió hacer la primera subida por
los cortados, para desfogarse aun más, que no había tenido cuestas suficientes.
David tiró por delante, y le perdimos definitivamente. Al poco saltaron GPS y
Locomotoro, a los que tampoco pudimos seguir. Y a cola de pelotón quedamos Josemari,
Avispa, Jokin y yo. Jokin como era de esperar nos dejó pronto y los rezagados
subimos a buena marcha hacia el final.
Tras un recorrido diferente según cada uno, después de realizar
entre 46-50 km, acabamos con habituallamiento en el Bar de Chapu. Ricas
cerecitas y viandas, que hacían mérito a un final feliz en una sinuosa y dura etapa
por las lomas de Arganda.
Ruta al completo
En Wikiloc por Avispa



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