Un nuevo domingo, una nueva ruta Nenaza, no puede ser de
otra forma. La sorpresa fue el mini pelotón que concurrió este día para hacer
la etapa. GPS se fue a hacer la Talajara, una ruta en Talavera de la Reina,
Toledo. Del resto ya ni preguntar, cada uno a lo suyo y sin sudar con los que
si tuvimos arrestos para levantarnos y tirar para adelante, aunque no siempre se tenga
ganas de hacerlo.
La ruta comenzaba rodeando el Cerro del Telégrafo por la
derecha, esa senda que a algunos de salida no nos gusta mucho, pero no era
momento de poner pegas. Así que para abajo, sin rechistar.
El pueblo lo cruzamos en un pis pas, sin despeinarnos, entre
charletas y variadas conversaciones durante el calentamiento. A la laguna de El
Campillo llegamos rápido, tomando dirección hacia la carretera de Chinchón.
Jokin tenía ganitas de darle caña al mono, así que nos
condujo hacia el Vaáamono y anunciaba que la ruta seguiría por los caminos que
suben por los Cerros Concejiles. Ya la conocéis una ruta empinada en alguno de
los tramos y durilla, de esas rompe piernas que quitan el resuello a los que la
sufren.
La reunión en el cruce de caminos de otras veces, donde
llegamos goteando con la respiración alterada. Yo cerraba el grupo como en los
viejos tiempos.
Seguimos adelante, para bajar hacia la vía verde de Morata, donde Calzas con su rodilla dolorida nos decía adiós y se despedía, iniciando su regreso a casa.
Tocaba de nuevo sufrir, pues la ruta continuaba hacia arriba en dirección hacia el parque la Dehesa del Carrascal, un lugar típico como pocos.
Volví a descolgarme del resto y viví un rato en el que quedé
perplejo por lo que pasaba. Un grupo de 4 ciclistas intentaba reparar la cadena
de la bici de uno de sus componentes mientras que otro, con aspecto extraño,
encolerizado les chillaba con una piedra de considerable tamaño en su mano
derecha, que estaban jodiendo su pueblo y que se fueran de allí. Según nos
contaron después, el tipo se enfadó porque estaban en medio del camino cuando
bajaba y se le fue un tanto la olla. Hay gente para todos los gustos.
El platanito nos lo tomamos allí, sentaditos en una de las
mesas del parque, reposando y recuperando fuerzas para seguir adelante. Eso si
con un deleite a la vista del personal que entrenaba por la zona. A alguno se
le salía el corazón del pecho.
El camino continuó hacia el Rock in Rio, también muy
habitual últimamente, con el pelotón más o menos compacto, en busca del
siguiente destino.
Esta vez no acudimos a la explanada del aparcamiento de este
lugar de eventos, tomamos el camino que pasa por su lado situado al NW,
continuando ruta hacia las canteras de Morata.
Una vez en las canteras los de delante hicieron una pequeña
parada, como tantas y tantas veces estaban desorientados y no sabían continuar.
¡Qué no aprendemos ni años después de pasar por los mismos sitios!
En la explanada del hoyo de la cantera, Gavilán en plan
machote no quiso seguir mi camino que esquivaba charcos. Acabó en medio del
barrizal medio atascado ante las risas del resto.
Continuamos por la explanada donde vuelan los aviones de
aeromodelismo, la senda del Piolín, la otra cantera, los olivares, hasta llegar
de nuevo a lo alto del Vaáamono.
Pero el personal no estaba por la labor de bajar de nuevo
por este camino, ya hay una importante saturación de usarlo siempre. La alternativa
fue bajar por el camino que va en paralelo de la vía verde, para cruzar bajo la
N-III y volver a enganchar con la vía
verde en busca de La Poveda.
Por el camino perdimos a Jokin y a Gavilán por delante, con
enganche al Profe que me esperó un poquitín junto al Hospital de Arganda.
Así hicimos el resto de la ruta en dos mini-pelotones de dos
componentes. Los dos grupetes hicimos la misma ruta de vuelta, cruzando el maltrecho
puente de las avispas, con nuevos agujeros en los tramos cementados. Uno de
estos días va a ocurrir un accidente y no volveremos a cruzar por este sitio,
salvo que alguna mente privilegiada tenga la buena idea de arreglarlo de una
forma definitiva.
Solo nos quedaba por delante rodear la laguna de El Campillo,
y subir las calles del pueblo.
Cuando circulabamos por la avd. Pilar Miró, recibí llamada
de Jokin. ¿Vamos a tomar cerecitas? Toma claro, espérame en el CERPA que nos
queda poco.
Concluimos la etapa con 56 kilómetros en nuestras piernas. El
Profe tenía prisa, su hermano venía a comer y no podía quedarse, Gavilán estaba
de barbacoa y se había ido a casa. Pero el mini-pelotón de llegada no podía dejar
pasar el momento sin disfrutar de las cerecitas de rigor, una solo una y de
lata, pero la tomamos. Como debe ser.
Y mientras GPS con un dedo maltrecho por un corte al limpiar el disco de freno de su bici, disfrutando de la 'Talajara B-PRO Bike Marathon', con un par. Ya nos contará.
'Talajara B-PRO Bike Marathon'
Fotos: GPS













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