El cambio de hora nos dejaba
dormir un poco más que otros días, y una maniobra de última hora para adelantar
nuestro regreso resultó fallida. La idea era quedar a las 8 y media, pero al
final la hora de partida fue las 9 de la mañana, con la consiguiente espera de los madrugadores.
A la cita acudió Paco, un amigo
de Gavilán. Al menos sangre nueva va sustituyendo a algunos de los tradicionales
que parece que les cuesta reincorporarse. Pero esa es otra historia.
Tras los últimos temporales
de la semana, este domingo podíamos encontrarnos con los caminos muy embarrados.
Con dichas dudas era mejor elegir la ruta más seca posible y como bien sabéis
hay un camino que nunca nos falla y hacia allí nos teníamos que dirigir sin
dudarlo.
La bajada hacia el pueblo
por la ruta habitual, por el pinar del Cerro del Telégrafo, la avd. Pilar Miró
y el resto de calles hasta llegar a la laguna de El Campillo. Allí nos cruzamos
con los del MTB de Rivas, un numeroso club ciclista (más de 50 participantes este domingo), que había organizado la última ruta de 2013 a
Campo Real.
Y nosotros a lo nuestro, por
la carretera de Chinchón y el Vaáamono, ese camino que nunca se embarra y es la
mejor escapatoria tras jornadas lluviosas. Por él subimos los 5 componentes del
pelotón Nenaza muy unidos al principio y estirados a la hora de la llegada
hasta el puente metálico de la vía verde.
Rulo subiendo por el Vaáamono con niebla
Foto: Marqués
Una vez allí con problema del barro en nuestras cabezas, se decidió olvidarnos de los caminos y sendas de la zona para circular a partir de ese momento por la vía verde e irnos a Morata. Las palmeras de Morata eran más tentadoras que el barro y por ello hacia Morata nos fuimos.
Niebla en el valle del TajuñaUna vez allí con problema del barro en nuestras cabezas, se decidió olvidarnos de los caminos y sendas de la zona para circular a partir de ese momento por la vía verde e irnos a Morata. Las palmeras de Morata eran más tentadoras que el barro y por ello hacia Morata nos fuimos.
Foto: Marqués
La bajada también de forma
estirada, con Gavilán y el Profe por delante, yo por el medio en tierra de
nadie y Rulo con Paco, que tuvo que parar porque se le salió la cadena cuando
circulaba hacia abajo. Tras una breve parada en el helipuerto para hacernos la
foto de pelotón, decidimos bajar hasta el pueblo. Las palmeritas seguían tentándonos.
Pelotón de la etapaProfe en el helipuerto
Fotos: Marqués
Y hasta la pastelería de
Morata nos fuimos, donde Rulo descubrió lo que había estado ocultando, el día
anterior había sido su cumpleaños y por ello lo celebraríamos con palmeras en
vez de platanito y esta vez de las grandes.
La pastelería en Morata, ¡qué ricos dulces!Foto: Marqués
El Profe tenía ganas de más,
quería ir hasta Perales de Tajuña por la vía verde. Algunas dudas por parte del
resto y al final decidimos acompañar a Rulo de vuelta a casa, para no alargar
en demasía la etapa, era arriesgado seguir y llegar mucho más tarde.
La vuelta rápida, muy
rápida, con el pelotón tirando hacia arriba más o menos compacto, solo separado
unos pocos metros y llegando a lo más alto del Vaáamono casi a la vez.
Desde ahí ya sabéis, para
abajo que el tiempo apremia y que después siempre tenemos por delante la subida
del pueblo.
No hay mucho que contar,
salvo que cuando circulábamos por delante del Miguel Ríos nos encontramos con
Clavi y su hijo Sergio, que iban de paseo en dirección contraria con los que cruzamos
unos cuantos gritos. Se dice el pecado pero no el pecador, así que obviaré los
comentarios.
Por la avd. Pilar Miró nos
separamos un tanto. La cuesta me sentó un poco mal y quedé un poco retrasado,
aunque Gavilán que se había quedado de chachara con unos amigos me acompañó en las últimas
cuestas.
El final y tras unos 54 km
recorridos en el Bar de Chapu, donde degustamos las frescas cerecitas, unas
ricas tapas y donde nos juntamos con Clavi y Sergio, que habían embarrado un
poco sus bicis, y con GPS que había salido después que nosotros y había hecho
ruta en solitario.
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