27 de octubre de 2013, a Morata por la vía verde huyendo del barro


El cambio de hora nos dejaba dormir un poco más que otros días, y una maniobra de última hora para adelantar nuestro regreso resultó fallida. La idea era quedar a las 8 y media, pero al final la hora de partida fue las 9 de la mañana, con la consiguiente espera de los madrugadores.

A la cita acudió Paco, un amigo de Gavilán. Al menos sangre nueva va sustituyendo a algunos de los tradicionales que parece que les cuesta reincorporarse.  Pero esa es otra historia.

Tras los últimos temporales de la semana, este domingo podíamos encontrarnos con los caminos muy embarrados. Con dichas dudas era mejor elegir la ruta más seca posible y como bien sabéis hay un camino que nunca nos falla y hacia allí nos teníamos que dirigir sin dudarlo.

La bajada hacia el pueblo por la ruta habitual, por el pinar del Cerro del Telégrafo, la avd. Pilar Miró y el resto de calles hasta llegar a la laguna de El Campillo. Allí nos cruzamos con los del MTB de Rivas, un numeroso club ciclista (más de 50 participantes este domingo), que había organizado la última ruta de 2013 a Campo Real.


Y nosotros a lo nuestro, por la carretera de Chinchón y el Vaáamono, ese camino que nunca se embarra y es la mejor escapatoria tras jornadas lluviosas. Por él subimos los 5 componentes del pelotón Nenaza muy unidos al principio y estirados a la hora de la llegada hasta el puente metálico de la vía verde.
 
Rulo subiendo por el Vaáamono con niebla
Foto: Marqués


Una vez allí con problema del barro en nuestras cabezas, se decidió olvidarnos de los caminos y sendas de la zona para circular a partir de ese momento por la vía verde e irnos a Morata. Las palmeras de Morata eran más tentadoras que el barro y por ello hacia Morata nos fuimos.
 
Niebla en el valle del Tajuña
Foto: Marqués


La bajada también de forma estirada, con Gavilán y el Profe por delante, yo por el medio en tierra de nadie y Rulo con Paco, que tuvo que parar porque se le salió la cadena cuando circulaba hacia abajo. Tras una breve parada en el helipuerto para hacernos la foto de pelotón, decidimos bajar hasta el pueblo. Las palmeritas seguían tentándonos.
 
Pelotón de la etapa


Profe en el helipuerto
Fotos: Marqués


Y hasta la pastelería de Morata nos fuimos, donde Rulo descubrió lo que había estado ocultando, el día anterior había sido su cumpleaños y por ello lo celebraríamos con palmeras en vez de platanito y esta vez de las grandes.
 
La pastelería en Morata, ¡qué ricos dulces!
Foto: Marqués

Feliz 44 cumpleaños, Rulo


El Profe tenía ganas de más, quería ir hasta Perales de Tajuña por la vía verde. Algunas dudas por parte del resto y al final decidimos acompañar a Rulo de vuelta a casa, para no alargar en demasía la etapa, era arriesgado seguir y llegar mucho más tarde.

La vuelta rápida, muy rápida, con el pelotón tirando hacia arriba más o menos compacto, solo separado unos pocos metros y llegando a lo más alto del Vaáamono casi a la vez.

Desde ahí ya sabéis, para abajo que el tiempo apremia y que después siempre tenemos por delante la subida del pueblo.

No hay mucho que contar, salvo que cuando circulábamos por delante del Miguel Ríos nos encontramos con Clavi y su hijo Sergio, que iban de paseo en dirección contraria con los que cruzamos unos cuantos gritos. Se dice el pecado pero no el pecador, así que obviaré los comentarios.

Por la avd. Pilar Miró nos separamos un tanto. La cuesta me sentó un poco mal y quedé un poco retrasado, aunque Gavilán que se había quedado de chachara con unos amigos me acompañó en las últimas cuestas.

El final y tras unos 54 km recorridos en el Bar de Chapu, donde degustamos las frescas cerecitas, unas ricas tapas y donde nos juntamos con Clavi y Sergio, que habían embarrado un poco sus bicis, y con GPS que había salido después que nosotros y había hecho ruta en solitario.

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