16 de marzo de 2014, a Chinchón un etapón

Decían  las malas lenguas que el domingo anterior Avispa había lanzado un reto a GPS, ir de nuevo y tras mucho tiempo a Chinchón. No sabemos si será verdad o fue un invento, pero esta etapa mítica entre las míticas era la que estaba destinada para esta ocasión.

Parece que cundió el ánimo en el pelotón y este domingo se congregó un interesante grupo a la hora de la cita matutina. Así 7 de los más elegidos Nenazas estábamos como clavos dispuestos a sufrir y disfrutar de esta dura etapa.

La salida un tanto caótica, con una parte del pelotón por un lado y la otra por el otro. Los de delante se fueron por la senda que rodea el Cerro del Telégrafo, hacía mucho tiempo que no se salía por ahí. El trío retrasado no se enteró de la operación o no quiso enterarse y salió por la pista que rodea a este cerro por la izquierda. Un inicio así, ¿pa qué?

Una vez todos juntos bajamos sin pausa por las calles habituales hasta la laguna de El Campillo, calentando las piernas.

Esta vez la etapa estaba pensada para hacerla a la inversa de las otras ocasiones en las que fuimos a este insigne municipio por lo que tocaba ir en aproximación lo más recto posible y sin perder el rumbo.

La subida hacia la cementera de Morata ya os la podéis imaginar, por el Vaáamono. La subida fue dura, pues se hizo de forma trepidante y a todas prisas. Alguno ya empezamos a notarlo al llegar hasta la Vía Verde junto al puente metálico.

Llegamos con la lengua fuera, al menos una parte de nosotros, porque alguno ya sabéis que piden algo más y otros no estamos para mucho. C’est la vie.

Una vez junto a la Vía Verde nos fuimos por la pista de cemento que recorre las zonas urbanizadas y que por un camino rodea la cementera hasta llegar al Restaurante El Alto, el de los conejos.

Una vez allí y tras recorrer un pequeño tramo de la carretera M-311, giramos a la derecha para entrar en la vía pecuaria que baja hasta Titulcia.

Esta vía pecuaria ya la conocéis casi todos. Es un camino estrecho entre olivos al principio pero después de andurrear un rato y tras cruzar otra carretera, se convierte en una pista ancha muy bacheada que nos lleva hacia nuestro destino.

Poco antes de llegar a la zona de descanso de la urbanización Valgrande, Gavilán da por finalizada su etapa. Lleva varios meses sin darle a los pedales y cumple su cupo de kilómetros para volverse hacia casa en un recorrido que le sumaría la distancia de 53 kilómetros, que no es poco. Así os podréis imaginar lo que todavía nos quedaba al resto.


Pelotón de la jornada 
Foto: Marqués


No paramos ni un instante, el tiempo apremiaba y nos quedaba mucho por delante. Así que a bajar hacia la carretera para llegar a nuestro destino cuanto antes.

GPS se nos fue por delante y el grupo mal asesorado por un despistado, eligió un camino equivocado que atravesaba un casoplón de la urbanización. Testigo fue un trabajador de la finca que dejó constancia del hecho cuando pasaba el grupo por su lado. Un despiste lo tiene cualquiera, aunque al final llegamos a la carretera donde volvimos a juntarnos con el escapado.

Tras pedalear por el camino que nos lleva al puente que cruza el río Tajuña, el que pasa junto a la laguna de San Galindo, también conocida como laguna de la Espadaña, comenzamos la subida hacia Chinchón.

Esta subida era la primera vez que se hacía, aunque en sentido contrario no lo era, ya la bajamos en dos o tres ocasiones. En el inicio GPS intentó hacernos la jugada y hacer unos quiebros por las lomas cercanas. No lo consiguió y seguimos hacia delante por las primeras empinadas rampas camino de Chinchón.

Hubo una pequeña criba, con miembros del pelotón descolgados por el esfuerzo. Hice una breve parada porque descubrí una pequeña fuente con manantial y eso había que inmortalizarlo, agua en una páramo de yeso!!!!!


Fuente en la subida 
Foto: Marqués


El Hombre Volador que iba muy cerca de mi siguió adelante, pero GPS que venía por detrás espero a que hiciera la foto.



Cuestas hacia Chinchón
Video por Josemari


Una vez de nuevo en marcha me propuso una subida diferente por un camino menos transitado y que en principio tenía rampas menos duras que el otro camino. Así fue como nos separamos del grupo.

El camino me gustó mucho, y aunque GPS recordaba haberlo recorrido de bajada en alguna ocasión, al menos para mí era totalmente nuevo. La verdad es que me gustó mucho y creo que se hace más cómodo para la subida. Su nombre arroyo de las Cárcavas.


Subiendo por el arroyo de las Cárcavas 
Foto: Marqués


Una vez en el camino correcto, el pelotón estaba totalmente descolocado. Avispa por delante por el camino correcto, el Hombre Volador que ya venía por detrás y un par de despistados Jokin y Rulo que había elegido mal camino, tuvieron que ser avisado para darse la vuelta y tomar la dirección apropiada.

Una vez juntos continuamos la subida, nos quedaban aun unas cuantas rampas duras, sobre todo una de ellas que nos hizo estirarnos y llegar en goteo hasta arriba.














El cuestorrón a Chinchón 
Fotos: Jokin y Marqués



Allí estaba Jokin para recordarnos que no hay ruta dura sino esfuerzo bien recompensado.

Nos quedaba ya poco para llegar a Chinchón, eso sí, por la parte baja del pueblo por lo que tocaba subir por sus calles.   



Subiendo las calles de Chinchón
Video por Josemari


Yo hice una breve parada en una fuente con abrevadero incluido, el agua estaba riquísima y venía muy bien para refrescarme en una mañana primaveral. Es la plaza de San Roque.




Fuente en Chinchón 
Fotos: Marqués


El resto del grupo había parado en una tienda a comprar ricas viandas, bebidas isotónicas y algún dulce típico del pueblo que luego degustaríamos en la plaza de Chinchón.


Plaza de Chinchón
Foto: Marqués


Ni que decir tiene que el día acompañaba muchísimo para esta gran etapa, un tiempo espectacularmente buena nos hacia disfruta de una mañana plena de ciclismo y buena compañía.
















En la plaza de Chinchón
Fotos: Josemari y Marqués


Nos hicimos muchas fotos, unas mejores que otras y dejamos constancia de que los Nenazas de Rivas habían vuelto a Chinchón. Casí ná.

Había que hacer el retorno, por lo que quedaba seguir subiendo hasta la parte más alta del pueblo para dirigirnos hacia la carretera de Valdelaguna. Serpenteando por las calles iba el pelotón Nenaza en busca de nuestro camino.

Tras circular por esta carretera un par de kilómetros, nos salimos a la izquierda por la senda que nos iba a llevar hasta el río Tajuña en las cercanías de Perales de Tajuña.

Esta parte del recorrido es parte de la Senda del Páramo a la Vega, que estaba preciosa. Un recorrido de unos 12 kilómetros cuesta abajo, rodeados en todo momento de almendros en flor que hacían el disfrute de los que pasábamos por ella.


Senda del Páramo a la Vega 
Foto: Marqués



Allí el pelotón volvió a separarse en varios grupos, unos por delante, otros por el medio y otros por detrás. Rulo y yo, más precavidos y deseosos de disfrutar de la mañana lo hicimos más tranquilos, incluso con alguna parada para inmortalizar la jornada.




¡Qué bonitos almendros en flor! 
Fotos: Marqués



Por delante no sé bien lo que ocurrió, pero el caso es que acabamos cada uno por un lado e incluso a alguno no le volveríamos a ver hasta llegar a Rivas.


Molino en el río Tajuña 
Foto: Marqués


Los despistados hicieron una parte de recorrido hacia Perales de Tajuña, teniendo que cruzar el río por un puente y coger la Vía Verde en dirección a Morata. Solo GPS tomó la dirección correcta y ya no lo volvimos a ver aunque mantuvimos contacto telefónico.

Los retrasados también hicimos un camino diferente, siempre buscando el trazado más corto y menos sinuoso, hasta que al llegar a Morata llamamos a los de delante que nos esperaron en el helipuerto de Morata.

Sin pausa y sin ni siquiera parar un instante al llegar al helipuerto, me hicieron subir por la empinada cuesta semiasfaltada que sale a la derecha. Es muy conocida por una impresionante caída que dio nombre al Hombre Volador, que hizo su primer vuelo en una muy lejana jornada. Los más veteranos de estas lides recordaréis ese ingrato día.

La subida horriblemente dura, las malas memorias recordaban rampas suaves donde la inclinación era demasiada para unas piernas ya muy cansadas. Tras girar la cantera de Morata de aquí para allá, logramos encontrar el norte cuando al fin llegamos a lo alto de la senda del Tractor, ya muy cerca del camino del Piolín.

Nos quedaba por delante todavía bastante, aunque esa zona ya la conocéis todos. Así que dándole a los pedales sin descanso llegamos y nos juntamos por última vez en los alto del Vaáamono.

La bajada a tumba abierta, Jokin se despidió del grupo porque tenía prisa y los demás en grupo bajamos hasta la carretera de Chinchón para alcanzar la laguna de El Campillo con las fuerzas todavía más mermadas. ¡Qué duro!

Solo nos quedaban los 7 kilómetros de rigor, los de la subida por las calles del pueblo hasta casa. Ni os cuento los sufrimientos del pelotón en las últimas rampas de la avenida de Pilar Miró hasta llegar al parque del Cerro. Sangre, sudor y lágrimas.

Llegamos al Chapu 5 horas después de la hora de la partida con unos 80 kilómetros en nuestras piernas, unos un poco más otros un poco menos, según las rutas y los despistes de cada uno.


Ruta y perfil de la etapa 
En Wikiloc por Avispa

 
Allí estaba GPS, que había tenido una pequeña ayudita en la parte final de la etapa para subir desde el pueblo motorizado dentro de su vehículo, transportado por su santa. Eso no vale colega.

Las cerecitas sentaron de maravilla. La jornada como dije antes, memorable y el aspecto meteorológico perfecto acompañando al pelotón en todo momento.


Felicidades Avispa 
Foto: Marqués


En fin, un etapón de los que quedan en la retina de los que lo sufrimos y disfrutamos a la vez.


Saludos Nenazas.   

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