Un
domingo más, una etapa más, que los Nenazas o parte de ellos tienen por
costumbre montar en bicis las mañanas de domingo. Además, este domingo nos las
prometíamos felices pues la climatología iba a ser favorable y más parecida a
una jornada primaveral que a una del frío invierno.
El
regreso de Jamones al pelotón era algo esperado. Muchas veces había avisado de
su regreso pero la cosa no se había cumplido. Pero ahí estaba bien plantao a la
hora de la salida.
GPS
había estado en la mañana del sábado preparando la etapa, así que las cosa se
iba a poner peliaguda, su adición por las zonas estrechas y escarpadas hacen
temblar a los más temerosos, ya sabéis
de quien hablo.
La
salida por el Cristo de Rivas hacia abajo, con fresco durante la bajada porque
aunque el cielo estaba completamente despejado o quizás por ello, la
temperatura a esas horas aun era fría, aunque duraría poco y la mañana sería
perfecta en cuanto al aspecto climatológico, en otros no tanto pero eso lo
veremos más adelante.
Pronto
llegamos al Puente del Moco, el que nos permite cruzar el río Jarama para ir
hacia Torrejón de Ardoz. El nivel del río ha bajado bastante quedando restos de
la inundación que provocó la bajada de gran cantidad de agua.
Seguimos
en paralelo al río, aguas arriba, con la M-50 a nuestra derecha, para cruzar
bajo esta autopista y encaminarnos hacia el Caserío del Henares y los Huertos
de Ocio de San Fernando de Henares.
Camino
del Palacio de la Aldovea dejamos el Caserío del Henares a nuestra derecha y la
Planta de los depósitos de combustible de CLH a la izquierda. Como conocéis
perfectamente el camino, poco os puedo contar.
Hicimos
una breve parada en el Barrio del Castillo, ya en Torrejón de Ardoz, para
repostaje de líquido. Jokin y yo teníamos que comprar Aquarius y era momento de
hacerlo.
En el Barrio del Castillo Foto: Marqués
Pero
poco duró la tregua , pues el pelotón pronto se encaminó hacia Torrejón, y a
todas prisas dejando el Parque Europa a nuestra izquierda. Pasamos junto al
cementerio y enseguida nos fuimos hacia
la vega del río Henares para dirigirnos río arriba por la conocida Senda del
Corzo.
Este
camino discurre en paralelo al río, es muy sinuoso pero el discurrir por él se
hace cómodo y tranquilo hasta llegar al puente que cruza el río Henares junto a
la Casa Espinillos hacia la finca de caballos de El Rasillo.
Allí
hicimos una nueva y rápida parada, para hacernos la foto de pelotón porque a
Jamones se le acababa la ruta junto al grupo y un poco más adelante se volvería
hacia Rivas pasando por Mejorada del Campo.
Estuve
en un tris de hacer vuelta con él, aunque me convencieron como casi siempre. No
tenía muchas ganas de ir al Ecce Homo de Alcalá de Henares recorriendo veredas,
vericuetos y demás lugares demasiado inhóspitos.
Nos
dirigimos hacia la base norte del Cerro del Viso, para recorrerla en dirección
este bajo este gran cerro testigo. El camino bastante mejor que otras veces,
con un buen firme, durito y cómodo para recorrerlo.
Badenes,
rampas, cuestas, toboganes y demás escollos nos llevaron hasta el gran fiasco
de la etapa. En la gravera que había que cruzar para llegar hasta el vertedero
de Alcalá de Henares y la subida al Gurugú habían colocado una valla que
impedía el paso y la ruta no podía seguir adelante, no podíamos llegar hasta el
destino propuesto.
Con
insistencia intentamos rodear la gravera por la derecha, por un estrecho
sendero que se elevaba hasta una punta con una caída de unos 30 metros de
desnivel. Allí el pelotón se detuvo esperando mi subida a patita.
El
rodear la gravera se ponía cruda y había que hacerla a pie en muchos tramos,
todavía nos quedaba mucho por delante y habría que volver por el mismo sitio,
perdiendo de nuevo mucho tiempo.
Así
fue como el pelotón se lo pensó y la decisión unánime fue regresar sobre
nuestros pasos y hacer algo improvisado. Como tantas y tantas veces.
La
ocurrencia para la continuación era subir al Cerro del Viso, y hacia allí nos
volvimos.
Cerro del Viso
Cerro del Viso
Foto: Marqués
La subida por otro camino al habitual, un camino mucho más empinado
todavía que el otro, por el que más de uno sufrió para llegar hasta arriba.
Hasta
casi la mitad lo subí de una tacada, eso sí, la tacada fue pie a tierra. Me fue
imposible subirme sobre la montura en la cuesta y no había más remedio que
empujar la bici. Por delante a vista iba el Hombre Volador, tramos en bici,
tramos a pie.
En
la parte más plana, el Hombre Volador, GPS y yo coincidimos con otros
ciclistas, con los que entablamos una agradable conversación. Casi nadie
conocía el reciente vallado de la gravera y cada uno proponía por donde ir para
continuar hasta su destino.
Nosotros seguimos hacia arriba para llegar hasta lo
alto donde nos esperaban Jokin y Avispa, relajados tomando el sol de una mañana
casi primaveral.
El
platanito, unas nuevas fotos, un tiempo de relax y a seguir, que quedaba la
vuelta.
La
bajada por la carretera asfaltada en dirección a Torres de la Alameda, aunque
con una variante por una estrecha senda que nos alejaba un poco del camino
habitual.
Una
bajada vertiginosa, junto a la carretera M-224 que sube hasta Torres desde la
M-203 nos llevó de nuevo hasta El Rasillo y el puente junto a la Casa
Espinillos.
Para
volver igual que a la ida, pedaleando por la senda del Corzo, junto al Parque
Europa, el Barrio del Castillo y el Palacio de la Aldovea, para así salir de
Torrejón de Ardoz.
Una
vez pasada la Planta de los depósitos de combustible y el Caserío del Henares,
hicimos vuelta por un camino distinto al de ida. Fuimos por el camino por el
que hacíamos las rutas las primeras veces que íbamos por esas tierras del
Henares, para atravesar el Parque de la Guindalera hasta llegar al Puente del
Moco, ya muy cerca de San Fernando de Henares.
Solo
nos quedaba llegar a la carretera M-206, junto a la Posta Real, para dirigirnos
hacia la subida del Cristo de Rivas pasando junto al Palacio del Negralejo y en
la rotonda de la 3M la subida por la M-823 hasta Rivas por el Cristo.
En
la subida Jokin se fue por delante, como no podía ser menos, tras sus pasos
Avispa y cerrando el pelotón un triplete formado por GPS, el Hombre Volador y
yo mismo.
Llegamos
hasta arriba goteando, según las fuerzas de cada uno, para culminar una etapa
de 55 kilómetros (54 en Wikiloc) en el Chapu, donde pudimos degustar las frescas y ricas
cerecitas de rigor, las excelentes tapas de acompañamiento, de unos instantes
para la recuperación y el chismorreo habitual con los comentarios de lo
ocurrido en la etapa, pero siempre con los radares en línea.
Nos
vemos el domingo, Nenazas.




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