2 de marzo de 2014, en busca de la Avutarda perdida

Un domingo más y una ruta más, que el ciclismo se mete en la vena y no te deja escapar. Pero vamos, que os voy a contar que no sepáis.

Convocada la etapa como siempre en una mañana dominical en espera de que muchos de vosotros os animarais y esta vez el grupo fue un poco más numeroso que en las últimas ocasiones.

La bajada tradicional hacia el pueblo, por donde toca, el Cerro, la avenida Pilar Miró y llegar hasta la laguna de El Campillo.

Allí llegamos en pelotón para cruzar después el Puente de Arganda y bajar a la orilla del río para dirigirnos hacia arriba junto al cauce. Nada más pasar el puente, hay que girar a la izquierda y tomar una empinada cuestecilla hacia abajo. Allí se tiró Avispa en cabeza, todo un reto, detrás sin pensárselo David y GPS.  El resto a pie, que somos más precavidos y temerosos de las rampas empinadas.

Nos volvimos a juntar ya junto a la depuradora de La Poveda, con bastantes ciclistas que hacían ruta por aquella zona.

La ruta a continuación ya estaba en la cabeza de GPS que volvía al pelotón después de mucho periodo de inactividad, pero ya se sabe cuando Rafa vuelve algo está preparado y de una u otra forma tocará sufrir.

Subimos un rato hacia Arganda, aunque a mitad de la subida por el carril bici, giramos a la izquierda para dirigirnos hacia Los Villares, esa urbanización que pertenece a Arganda del Rey.

La subida hacia Campo Real fue un tanto revuelta, con pérdidas por parte de algunos, otro que no entendió la frase de GPS que decía: “sigue hacia arriba y nos esperas en el cruce”. No sabemos qué parte de la frase no entendió Avispa pues ya no lo volvimos a ver hasta que llegamos a lo alto de Campo Real.

Una vez en el pueblo, David que tenía partido, se despedía del grupo para hacer regreso hacia Rivas bajando por la carretera hacia La Poveda.


David en el momento de su regreso
Foto: Marqués


Como iba diciendo, nos juntamos de nuevo arriba junto a la ermita de las Angustias, la de la parte alta de este municipio. Allí sentado nos esperaba Avispa y nada más llegar y sin parar nos dirigimos hacia los llanos de Campo Real en dirección a la carretera de Valencia, aunque mucho quedaba por delante.

El barro era la nota dominante de los camino arcillosos de esta gran llanura, de ese barro rojizo del que se hacen buenos botijos.

Una vez transcurridos los primeros kilómetros, un gran grupo de Avutardas las preferidas de GPS alzaban el vuelo desde los campos de cereal. Creíamos haber sido los causantes de la espantada, pero pronto nos dimos cuenta que otro grupo de ciclistas venían de dirección contraria y se nos adelantaron para espantarlas.


Avutarda
Foto: Marqués


La meta estaba conseguida, esas aves de gran tamaño las aves europeas con más peso que vuelan habían vuelto a ser localizadas tal y como hicimos hace más o menos un año, día arriba día abajo.

La parada del platanito la hicimos en el mismo lugar que lo hicimos aquella vez, aunque esta vez sin errores y con algo menos de barro, aunque haberlo hubo.


La bici de GPS con barro de hacer botijos
Foto: Marqués


Paramos junto a una tinaja a modo de cabaña de pastores, curioso lugar, donde repostamos, bebimos, charlamos y nos hicimos unas fotos.




Pelotón junto al chozo-tinaja
Foto: Marqués


El viento que nos había respetado hasta esa hora avisaba para hacerse notar en lo que quedaba de etapa. Un viento molesto que dificultaba el pedaleo y que solo dejaba de notarse cuando algo se ponía por medio.

Llegamos hasta la carretera de Valencia, justo en el mismo lugar donde acaba la cuesta de la fuente de La Gasca, esa pista asfaltada por la que subimos desde Perales de Tajuña en algunas ocasiones.

Allí GPS nos regaló la primera de las variantes de la jornada. Un estrecho camino pedregoso en paralelo a la autovía, uno de esos caminos que tanto odio. Ya me conocéis.

Una senda corta, menos mal, que pronto se unía a otro camino más ancho y de mejor firme. Por él circulamos hasta llegar a la gasolinera situada junto a la autovía en la carretera que une Perales con Campo Real.

En la gasolinera hicimos una breve parada que alguno aprovechó para comprar bebida y otros para descansar una miajita. Cada uno a su modo.

Volvimos a la ruta, para dirigirnos hacia el Rock in Río, una ruta muy conocida por los miembros del pelotón. El aire seguía soplando de lo lindo, aunque el grupo seguía adelante sin pensárselo mucho.

Una vez en el Rock in Río iniciamos la bajada por el camino habitual, el que baja hacia el área recreativa de la Fuente del Valle. Aunque en la bajada GPS nos reunió de nuevo para regalarnos un nuevo camino por el pinar.

Al principio una cuesta para arriba y luego a bajar de nuevo. La última cuesta la peor de todas, una pendiente llenita de rocas, raíces y demás obstáculos. En ella me vi rodando por los suelos, poco me faltó. A mitad de ella no tuve más remedio que salirme de la trazada dando botes de un lado a otro, menos mal que el olivar situado a nuestra izquierda estaba blandito y sirvió de zona de frenada tal y como las zonas de frenada de los camiones en las autovías después de grandes descensos. La situación para verla.

Rápidamente llegamos hasta la vía verde, con el viento todavía soplando sin parar. En ella Jokin el más fuerte del pelotón intentaba convencernos para subir hacia los Concejiles e irnos hacia Rivas por el Vaáamono.

Ni que decir tiene que se fue solo, no logró convencer a nadie así que el resto bajamos por la vía verde hasta el Hospital del Sureste, y de allí de nuevo al carril bici para llegar hasta La Poveda.

Lo siguiente que hicimos fue cruzar el Puente de las Avispas, para ir a la otra orilla. En él cruzamos con otro ciclista que venía en dirección contraria. No le gustó mucho, aunque nos apartamos hacia los raíles para que pasara, no debió entender que no tiene mucha lógica esperar si te puedes apartar ahorrando tiempo. Cada uno piensa diferente, qué le vamos a hacer.

Tras recorrer toda la laguna de El Campillo, llegamos a su aparcamiento. Solo nos quedaba la subida por las calles del pueblo y las fuerzas estaban bastante menguadas en el pelotón.

La subida a tirones, cada uno como podía. El viento no tan molesto como lo esperado, venía de NW y así en muchos momentos se tapaba por las casas, lomas y otros obstáculos.

El final y tras 66 kilómetros recorridos en el Chapu, para celebrarlo. Allí la puerta sí que estaba abierta y el aire soplaba fuerte, muy fuerte. Ya daba igual, estábamos en casa y rehidratándonos con ese zumo de cebada que tanto nos gusta.


Ruta y perfil de la etapa
Wikiloc por Avispa


¿Nos vemos el domingo?

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