Un domingo más y una ruta más, que el ciclismo se mete en la
vena y no te deja escapar. Pero vamos, que os voy a contar que no sepáis.
Convocada la etapa como siempre en una mañana dominical en
espera de que muchos de vosotros os animarais y esta vez el grupo fue un poco
más numeroso que en las últimas ocasiones.
La bajada tradicional hacia el pueblo, por donde toca, el
Cerro, la avenida Pilar Miró y llegar hasta la laguna de El Campillo.
Allí llegamos en pelotón para cruzar después el Puente de
Arganda y bajar a la orilla del río para dirigirnos hacia arriba junto al
cauce. Nada más pasar el puente, hay que girar a la izquierda y tomar una
empinada cuestecilla hacia abajo. Allí se tiró Avispa en cabeza, todo un reto,
detrás sin pensárselo David y GPS. El
resto a pie, que somos más precavidos y temerosos de las rampas empinadas.
Nos volvimos a juntar ya junto a la depuradora de La Poveda,
con bastantes ciclistas que hacían ruta por aquella zona.
La ruta a continuación ya estaba en la cabeza de GPS que
volvía al pelotón después de mucho periodo de inactividad, pero ya se sabe
cuando Rafa vuelve algo está preparado y de una u otra forma tocará sufrir.
Subimos un rato hacia Arganda, aunque a mitad de la subida
por el carril bici, giramos a la izquierda para dirigirnos hacia Los Villares,
esa urbanización que pertenece a Arganda del Rey.
La subida hacia Campo Real fue un tanto revuelta, con
pérdidas por parte de algunos, otro que no entendió la frase de GPS que decía: “sigue
hacia arriba y nos esperas en el cruce”. No sabemos qué parte de la frase no
entendió Avispa pues ya no lo volvimos a ver hasta que llegamos a lo alto de
Campo Real.
Una vez en el pueblo, David que tenía partido, se despedía
del grupo para hacer regreso hacia Rivas bajando por la carretera hacia La
Poveda.
David en el momento de su regreso
Foto: Marqués
Foto: Marqués
Como iba diciendo, nos juntamos de nuevo arriba junto a la
ermita de las Angustias, la de la parte alta de este municipio. Allí sentado
nos esperaba Avispa y nada más llegar y sin parar nos dirigimos hacia los
llanos de Campo Real en dirección a la carretera de Valencia, aunque mucho
quedaba por delante.
El barro era la nota dominante de los camino arcillosos de
esta gran llanura, de ese barro rojizo del que se hacen buenos botijos.
Una vez transcurridos los primeros kilómetros, un gran grupo
de Avutardas las preferidas de GPS alzaban el vuelo desde los campos de cereal.
Creíamos haber sido los causantes de la espantada, pero pronto nos dimos cuenta
que otro grupo de ciclistas venían de dirección contraria y se nos adelantaron
para espantarlas.
La meta estaba conseguida, esas aves de gran tamaño las aves
europeas con más peso que vuelan habían vuelto a ser localizadas tal y como
hicimos hace más o menos un año, día arriba día abajo.
La parada del platanito la hicimos en el mismo lugar que lo
hicimos aquella vez, aunque esta vez sin errores y con algo menos de barro,
aunque haberlo hubo.
La bici de GPS con barro de hacer botijos
Foto: Marqués
Foto: Marqués
Paramos junto a una tinaja a modo de cabaña de pastores,
curioso lugar, donde repostamos, bebimos, charlamos y nos hicimos unas fotos.
Pelotón junto al chozo-tinaja
Foto: Marqués
Foto: Marqués
El viento que nos había respetado hasta esa hora avisaba
para hacerse notar en lo que quedaba de etapa. Un viento molesto que
dificultaba el pedaleo y que solo dejaba de notarse cuando algo se ponía por medio.
Llegamos hasta la carretera de Valencia, justo en el mismo
lugar donde acaba la cuesta de la fuente de La Gasca, esa pista asfaltada por
la que subimos desde Perales de Tajuña en algunas ocasiones.
Allí GPS nos regaló la primera de las variantes de la
jornada. Un estrecho camino pedregoso en paralelo a la autovía, uno de esos
caminos que tanto odio. Ya me conocéis.
Una senda corta, menos mal, que pronto se unía a otro camino
más ancho y de mejor firme. Por él circulamos hasta llegar a la gasolinera
situada junto a la autovía en la carretera que une Perales con Campo Real.
En la gasolinera hicimos una breve parada que alguno
aprovechó para comprar bebida y otros para descansar una miajita. Cada uno a su
modo.
Volvimos a la ruta, para dirigirnos hacia el Rock in Río,
una ruta muy conocida por los miembros del pelotón. El aire seguía soplando de
lo lindo, aunque el grupo seguía adelante sin pensárselo mucho.
Una vez en el Rock in Río iniciamos la bajada por el camino
habitual, el que baja hacia el área recreativa de la Fuente del Valle. Aunque
en la bajada GPS nos reunió de nuevo para regalarnos un nuevo camino por el
pinar.
Al principio una cuesta para arriba y luego a bajar de
nuevo. La última cuesta la peor de todas, una pendiente llenita de rocas, raíces
y demás obstáculos. En ella me vi rodando por los suelos, poco me faltó. A
mitad de ella no tuve más remedio que salirme de la trazada dando botes de un
lado a otro, menos mal que el olivar situado a nuestra izquierda estaba
blandito y sirvió de zona de frenada tal y como las zonas de frenada de los
camiones en las autovías después de grandes descensos. La situación para verla.
Rápidamente llegamos hasta la vía verde, con el viento
todavía soplando sin parar. En ella Jokin el más fuerte del pelotón intentaba
convencernos para subir hacia los Concejiles e irnos hacia Rivas por el
Vaáamono.
Ni que decir tiene que se fue solo, no logró convencer a
nadie así que el resto bajamos por la vía verde hasta el Hospital del Sureste, y
de allí de nuevo al carril bici para llegar hasta La Poveda.
Lo siguiente que hicimos fue cruzar el Puente de las
Avispas, para ir a la otra orilla. En él cruzamos con otro ciclista que venía
en dirección contraria. No le gustó mucho, aunque nos apartamos hacia los raíles
para que pasara, no debió entender que no tiene mucha lógica esperar si te
puedes apartar ahorrando tiempo. Cada uno piensa diferente, qué le vamos a
hacer.
Tras recorrer toda la laguna de El Campillo, llegamos a su
aparcamiento. Solo nos quedaba la subida por las calles del pueblo y las
fuerzas estaban bastante menguadas en el pelotón.
La subida a tirones, cada uno como podía. El viento no tan
molesto como lo esperado, venía de NW y así en muchos momentos se tapaba por
las casas, lomas y otros obstáculos.
El final y tras 66 kilómetros recorridos en el Chapu, para
celebrarlo. Allí la puerta sí que estaba abierta y el aire soplaba fuerte, muy
fuerte. Ya daba igual, estábamos en casa y rehidratándonos con ese zumo de
cebada que tanto nos gusta.
Ruta y perfil de la etapaWikiloc por Avispa
¿Nos vemos el domingo?


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